El olvido es una pequeña muerte.


Cuando cuesta recordar,

cuando más duele sentir,

si el precio fuera olvidar

Dime cuánto quedaría de tí.

Cenizas de aquellas sonrisas

y abrazos, como pavesas,

incinerados por la distancia,

reviven por la tristeza

de la memoria resucitadas.

Cálidos alientos ancestrales

y resmas de versos perdidos

les son al presente robados

por la muerte del olvido.

Más de su eterna condena

nos los devuelve la pena

o los rescata, valiente,

el eterno halo evanescente

de aquellos amores sentidos.

Es el olvido pequeña muerte,

de memorias sometidas

al yugo del instante,

más si del corazón en sus heridas

anzuelos perdidos hallaras,

átalos con suave bramante

pues de su extremo cautivo

volverán del hilo prendidos

los ecos de aquellas promesas.

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