La extraña vida de las palabras (3)

3. Respuestas.

Más allá de toda esperanza había sucedido lo que yo tanto podía haber deseado en los últimos días.

Esta vez no hubo frases correteando ni otros efectos, sino que de repente se encontraba ante mí un señor alto, muy alto, vestido con pantalón, chaleco y levita, prendas todas de un negro intenso que resaltaban sobre una camisa blanca, sin otro adorno que unos botones negros muy brillantes. Tenía un rostro hermoso, bien proporcionado, de facciones muy marcadas y de una palidez extrema, un rostro en el que destacaban unos ojos vivos de mirada antigua y profunda que te hacían sentir que podrían leer hasta el fondo de tu alma. Surcaban aquel rostro sin edad unas pocas arrugas profundas y bien trazadas por el tiempo y las pasiones.

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