La primera, y última, comunión.


Traje. Catequesis. Celebración. Compromisos. Regalos. Recordatorios. Estampitas. Fiestorro. Y después, ¿qué?

Porque yo no los vuelvo a ver por misa. Ni a sus padres. Y no es que (solo) me moleste la hipocresía del acto en sí. No. Me molesta que se especule con la fe. Me jode que se rece el credo con los dedos cruzados detrás de la espalda, como quien recita la tabla de multiplicar.

Me indigna que se insulte aquello en lo que creo prostituyéndolo de forma asquerosa y rastrera solo para que el marinerito o la princesa Disney de turno tengan su minutito de gloria, y los padres, familiares y amigos un motivo para hacer ostentación y ponerse hasta las manillas.

Se cree, o no se cree. Se está, o no se está. Por eso, cuando veo a toda esa fila de niños haciendo el paripé y a todos esos padres más pendientes del fotógrafo que de la misa, ganas me dan de que se repitiera aquello de las escrituras y apareciera alguien que pusiera a todos esos mercaderes de la hipocresía de patitas en la calle.

No ha de pasar. La iglesia está abierta a todos, incluso a los que aparentan rezar cuando en su interior reniegan de ella.

Pero, por favor, sean honestos: si no creen, dejen las estampitas para los álbumes panini y el arroz para las paellas. La iglesia tiene cosas más importantes que hacer que prestarle el local para su fiesta.

3 Comentarios

  1. Uy, aquí tengo que discrepar un poco. Creo que hay que verlo desde otra perspectiva: ¿a cuantos no creyentes ves que animen a sus hijos? Yo, por ejemplo, no sé si soy creyente de ese tipo (iglesia, comuniones, bodas, rezar, ir a misa los domingos, cielo e infierno), no sé si creo, pero mis nenes no están ni bautizados y créeme, si alguna vez entro en la iglesia el agua de las pilas no hierve. Con esto quiero decir que son los mismos creyentes y la misma institución los que dan pie a tanto paripé. Nunca he oido a un parroco decir: Señores, aquí se viene a comulgar, déjense de trajes, flores, pasacalles y fotógrafos y traigan a sus hijos como quieran a recibir el cuerpo de Cristo (o como se diga). Tampoco he oído a ningún padre de los que se denominan creyentes decir: Vamos a misa hijo, a tomar la comunión. No, no hay regalos, ni trajes de princesa, ni tampoco viajes a Eurodisney, ni televisiones de cuarenta pulgadas.
    Quien no es creyente, o como en mi caso, todavía no sabe en que cree, te aseguro yo que no toma la comunión.
    Dicho esto, besacos como siempre😘😘

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    1. PD: Y que conste que si me invitan a estos actos voy, porque respeto las creencias de los demás. Y sí, mis nenes han ido invitados a comuniones y si han necesitado explicaciones se las he dado, ellos valorarán o “creerán”. Tenía una abuela beata, un abuelo ateo, un bisabuelo revolucionario, tengo una hermana árabe por parte de padre… Así que…¿En qué creo yo?
      Espero saberlo antes de morir, pero de momento me sobra con creer en la “buena” gente.

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