Historia en un solo día.


Cicatrices de hierro transitan
entre la jara y el monte
enfermas de óxido y ajadas de olvido,
dormidas,
puede que soñando
con la biela y el mineral

La pátina celeste que cubre
la sangre y la hiel del río
atrapa en su lomo de escamas
retazos de nubes ribeteados
de pinares,
arenales y sedimentos.

El traqueteo se impone al camino,
prosigue,
inmune a la memoria de las piedras,
ajeno al dolor en cada grieta,
al sufrimiento
en cada industria derrumbada,
en ese viento agrio y antiguo,
en cada cartel por el polvo enmudecido.

Del expolio los restos en un viejo hospital
y del tajo aquella mandíbula de hierro,
algun paisaje en el que posar,
locomotoras sin humo,
ni dignidad,
bajo capas y capas de negro.

Poco más se lleva el viajero,
colores disonantes
e importancias proscritas,
la ilustre sima derrotada por el agua,
tejados importados, piedras heréticas
y silencios,
tapias sin eco ya de los tiros
y algún café apresurado
ante el imparable naufragio
de las memorias
en el tiempo.

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