viejas cartas

El (hombre en) general no tiene quien le escriba.

La tecnología ha convertido el arte de escribir cartas en un género perdido. ¿Para qué molestarse en redactar unos cuantos párrafos que abrevien sentimientos, relaten situaciones o inspiren deseos cuando hoy día basta con cuatro palabras a las que la ignorancia, la modernidad o la prisa les amputa las haches y las tildes, telegramas escritos por un gorila con guantes de boxeo que se acompañan de un par de emoticonos, esas tristes imágenes precocinadas que valiendo muy poco, al menos valen más que un millón de esas palabras?

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