Escribir.

Mi camino es leer. Leer mucho. Leer bien. Leer no solo para seguir una historia, sino también para buscar su estructura, para comprender la intención del autor.

escribir

No ocurre que te levantes un día y te pongas a escribir. No, creo que eso no sucede, o por lo menos no es mi caso. Pero en algún momento te das cuenta de que escribes, de que quieres escribir o de que siempre has escrito y nunca has sabido sacarlo al exterior.

Como cualquier cualidad humana, quien la tiene piensa que los demás también la poseen y no le da importancia ni trata de desarrollarla o sacarle algún partido. Simplemente esta ahí. Y este sí es mi caso.

Te puedes tirar toda una vida redactando presupuestos, informes o correos electrónicos sin darte cuenta de que cada vez que lo haces en realidad estás tratando de escribir. Porque cuidas las frases, escoges las palabras y tratas de darle un sentido a lo escrito aunque se trate de la materia más plana y árida del mundo.

Sólo cuando notas que tú observas y analizas continuamente, en vez de limitarte a hacer, sentir o vivir, cuando eres consciente de que no concibes el mundo, las vivencias y los acontecimientos sin esa particular dosis de imaginación que te hace inventarle una historia a un desconocido que ves en una boda o en un funeral o escribirle el final a una película cuando todavía va por la mitad, entonces sientes que podrías tener cualidades para escribir.

Eso no te hace mejor ni peor, ni siquiera te hace distinto porque en realidad todos tenemos algo especial. Los humanos somos mucho más que un simple billete en la lotería del ADN. Tú tienes o crees tener una cualidad, y eso simplemente te abre una puerta y te muestra un camino. Eres dueño de cruzarla, de echar a andar o ponerte a correr. Puede incluso que estés dotado para volar, o puede que el miedo te haga volver.

Yo no tengo alas. Mi camino es leer. Leer mucho. Leer bien. Leer no solo para seguir una historia, sino también para buscar su estructura, para comprender la intención del autor, para hacerme con sus recursos y entender cómo, cuando y por qué los utiliza, cómo provoca emociones, cómo controla la tensión en el relato, cómo hace que nos metamos en la piel de los personajes o como escoge las palabras que utiliza.

Después, o a la vez, escribir. Inventar. Corregir. Equivocarse y volver a intentarlo. Escribir, escribir y enseñarlo. Perder los miedos, miedo al fracaso, al ridículo, a no servir para esto, a las críticas o al desánimo. A que te tomen por idiota, o por pretencioso, o por ambas cosas. Como actitud, ser tremendamente autocrítico, conservar siempre la modestia como el único refugio seguro para cualquier espíritu con tendencia a levitar y sobre todo, lo más importante de todo, tener fé en uno mismo y perseverar.

No digo que este sea el camino, simplemente es el mío. Parte de él consiste, como he dicho, en enseñar los escritos. Por eso comparto con vosotros este lugar, el destrío, donde voy dejando algunos de los resultados.

Muchas gracias por venir, por leer, y por dejar algún comentario.

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3 thoughts on “Escribir.

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