Los mil y un finales.

-¡Eh! ¡tú! ¿Qué hay de lo mío? -¡Bueno! ¿Ya estamos otra vez? Mira, ahora no tengo tiempo para eso. -Ya, ya, nunca tienes tiempo. -¿Es que no lo ves? Estoy aquí grabando facturas como un idiota, y esto tiene que estar para mañana sin falta, así que, anda, anda, no me entretengas que ya veré después qué puedo hacer… -Ya. Después. Eso dijiste ayer. Pero no, tío: hoy me vas a oír. Y en ese preciso instante se cerraron a la vez varias ventanas en la pantalla del ordenador: la contabilidad, excel, el programa de facturación… tan solo quedó abierto … Continúa leyendo Los mil y un finales.

Antología del despiste.

No era raro ver a Alfa con un zapato de cada color. Ella tenía cierta fijación con el calzado: un día, ante un escaparate, exclamó sorprendida que aquella temporada se llevaban unos zapatos muy extraños, hasta que su acompañante le hizo notar que aquello era una ortopedia. Beta, viejo conocido, tenía otras costumbres. Nos costó mucho resolver el tema cuando se dejó el coche arrancado con las puertas cerradas. O cuando yendo de viaje, paró a poner gasolina y, con el despiste, salió de la estación de servicio en sentido contrario. Bueno, es un despiste que le puede pasar a … Continúa leyendo Antología del despiste.

Haciendo el humor (y no la guerra).

Últimamente me apetece hacer humor. Al menos lo intento. En este camino que me he marcado de aprender a escribir, una etapa muy importante es aprender a trabajar la alegría, añadir una gota de diversión a la vida. Y no es nada fácil, aunque lo parezca. Al contrario, es un género bastante complicado, porque yo creo que es mucho más difícil hacer reír que hacer llorar. Hombre, siempre se puede provocar la risa con un par de chistes viejos o con una ocurrencia, pero tratar de enhebrar historias de cierto calado donde se busca divertir, donde se procuran muchas sonrisas … Continúa leyendo Haciendo el humor (y no la guerra).