Náufragos (primer boceto).


Al fondo, un paisaje paradisiaco con una costa frondosa y llena de palmeras, una playa dorada y el mar azul que se pierde en el horizonte. La acción tiene lugar en un suave promontorio con suelo pedregoso, a la derecha un talud de piedra, principio de un acantilado, donde se abre un hueco a una cueva de escasa altura que les sirve de cobijo. Hay algunas piedras que usan a modo de asientos y mesas, estás últimas con manteles de hojas de palma. En escena Doña Virtudes y Don Ceferino, recostados en los divanes de piedra, ella haciendo labor y el observando minuciosamente una enorme hoja de palma. Dámaso, el mayordomo, sale de la cueva.

[Dámaso] ¿Desean los señores que sirva ya el aperitivo?

[Doña Virtudes] Espera un poco, Dámaso, hasta que el señor termine de hacer como si leyera el periódico.

[Dámaso] Como desee, Doña Virtudes.

Dámaso gira sobre sus talones y se dirige con paso firme al interior de la cueva, alzando la barbilla tanto como le permite la escasa altura del techo. Al llegar a la oquedad que hace de despensa, se entrega al milagro cotidiano de diseñar un menú con los alimentos que la naturaleza ha puesto a su disposición.

[Dámaso] (al público) Cocos, cocos y más cocos. Cuatro meses ya comiendo a base de cocos. ¿No decían que el coco no se repetía? Pues aquí cinco veces al día, que hasta para el té tomamos coco en infusión. Aborrecido tengo ya al coco pero, como no hay otra cosa, ¡venga coco! ¿Dirían que se me ve delgado por el hambre que paso? No, señores, no, es que de tanto comer coco se me ha puesto cintura de palmera. En cambio esos, mírenlos que remediados están de lo bien que les aprovecha, que yo les sirvo su coco y se lo comen sin rechistar. Aunque eso a lo mejor es por mi culpa, que uno es muy de guardar las formas: cada vez que saco un plato, lo anuncio diciendo «que viene el coco» y, claro, se lo acaban enterito. Pero no sé cómo pueden con tanto coco. Me tienen harto. Frito. ¡Hasta el mismísimo coco! Que no sabe uno ya ni cómo prepararlos para que parezca otra cosa. Que si a la francesa, a la española, a la inglesa y a la dinamarquesa, que si coco en pepitoria, cocos fritos —en aceite de coco—, que si rebozados, aliñados, en salmuera o en su tinta, que si cocos a la vizcaína, revueltos o en tortilla, y para una vez que ese gandul pudo pescar una merluza, ¿Saben ustedes que me pidieron de cena? ¡Cocochas!

[Don Ceferino] Si nada lo remedia, el imperio austrohúngaro acabará declarando hoy la guerra.

[Doña Virtudes] ¿Y qué te hace pensar eso, querido?

[Don Ceferino] (señalando a la hoja de palma) Lo dice el periódico, Virtudes. En el Ateneo no se habla de otra cosa. Es posible que se levanten en armas hoy mismo.

[Doña Virtudes] Pues nos viene fatal, querido, hoy tenemos invitados.

[Don Ceferino] ¿Invitados? ¡Nada de invitados! Se nos viene una guerra encima, y de las buenas. Bien claro lo dice el periódico. Es cosa hecha, Virtudes.

[Doña Virtudes] Seguro que sí, querido, pero ¿por qué no lees mejor los deportes?

[Don Ceferino] ¡Para deportes estoy yo ahora! Mira lo que dice aquí, ¡están llamando a filas a todos los reservistas! ¿Sabes que te digo? ¡Que en cuanto tomemos el aperitivo me pongo mi uniforme y voy a alistarme!

[Doña Virtudes] Sí, querido, el uniforme, claro que sí. ¡Dámaso!, ¿Te importaría traerle al señor otro periódico donde no se declare ninguna guerra?

[Dámaso] Al momento, señora.

Dámaso sale al momento de la cueva portando en su bandeja una inmensa hoja de palma, pulcramente doblada por la mitad, y se aproxima a la formación rocosa con forma de chaise longe donde esta recostado Don Ceferino.

[Dámaso] Ha llegado la prensa, si el señor me permite.

[Don Ceferino] ¿La prensa? ¿Otra vez?

[Dámaso] Es El Adelantado, en edición de tarde.

[Don Ceferino] ¡Pero si ni tan siquiera es mediodía!

[Dámaso] Es que El Adelantado viene hoy con adelanto.

[Don Ceferino] Será que ha pasado algo gordo.

[Dámaso] Parece ser que Eduardo Dato va a dimitir, como todos los jueves, señor.

[Don Ceferino] Vaya, menudo notición, pero ¿no se esperaba que dimitiera a final de mes?

[Dámaso] Otro que se ha adelantado.

[Don Ceferino] Ya, y por eso han adelantado El Adelantado. Pero, espera un momento, perillán… ¿los jueves no le tocaba gobernar al de Romanones?

[Dámaso] Le recuerdo al señor que convinimos que Romanones corre turno los lunes, Prieto los martes, Maura los miércoles, Dato los jueves, los viernes se celebran elecciones y los sábados hay ruido de sables.

[Don Ceferino] Ya. Pues mira, no me apetece nada que dimita Dato. Digamos que hoy es lunes, y así gobierna Romanones, y asunto arreglado. Ya puede retirarse, Dámaso.

Don Ceferino desdobla con pericia la hoja de palma, se ajusta las gafas y se sumerge en su contemplación, mientras Dámaso permanece impasible a su lado con la bandeja.

[Don Ceferino] Querida, no te vas a creer lo que me han contado en el Ateneo: El desgraciado de Romanones va a dejar el cargo y… ¡Dámaso! ¿Se puede saber qué haces ahí parado como una estatua?

[Dámaso] Pues ocurre que hoy la mañana ha amanecido fresca y brumosa, si el señor lo recuerda. Y habíamos decidido que los días en que la mañana se levantara fresca y brumosa serían jueves, no lunes. El señor seguramente comprenderá que si no nos atenemos a un calendario, entonces uno no podrá saber cómo atender sus obligaciones.

[Don Ceferino] Virtudes, ¿estás oyendo lo mismo que yo? La servidumbre dice que hoy es jueves. ¡Cómo si se pudiera decidir el día de la semana a capricho!

[Doña Virtudes] La culpa es tuya, querido. Desde que suprimiste los domingos, todos los días tenemos la misma cantinela.

[Don Ceferino] Te recuerdo que no están suprimidos, virtudes. Según convinimos, si la mañana levanta con vendaval, pedrisco y nieve, entonces es domingo.

[Dámaso] Si el señor me permite, ¿no tendrá algo que ver el hecho de que uno solía librar los domingos?

[Don Ceferino] ¿Insinúas acaso que aquí se ha instituido como domingo el día en que cae tal tempestad que nos obliga a quedarnos todos encerrados, solo con la intención aviesa de privarte de tu jornada de descanso?

[Dámaso] En absoluto, nada más lejos de mi intención, Señor. Uno solo quería dar a entender que en esta región del trópico no hay vendaval con pedrisco y nieve desde antes de Magallanes, y que por eso llevamos ocho meses, dos semanas y tres días sin domingos ni fiestas de guardar, que esa es otra, porque pedir que nieve para que sea el día de Navidad todavía tiene un pase, pero exigir carámbanos, truenos y vendaval para que sea el día del Corpus le parece a uno ya muy cogido por los pelos, si el señor me lo permite.

[Doña Virtudes] No te lo tomes a la tremenda, Dámaso. Ya sabes que todo esto es solo porque al señor le da pereza ir a misa. ¿No habríamos de consentirle esta bobada cuando, al fin y al cabo, estamos aquí dejados de la mano de Dios?

[Dámaso] (para sí mismo) No habría de dejarnos de la mano, si llevamos casi un año haciéndole el vacío.

[Dámaso] (a Doña Virtudes) Sea, pero al menos sería de agradecer un miércoles de ceniza de cuando en cuando, sin necesidad de que tenga que estallar ningún volcán.

[Doña Virtudes] Déjalo de mi mano, Dámaso. Querido, ¿te parece que tomemos ya el aperitivo?

En ese momento aparece una pareja de jóvenes apenas vestidos con hojas de palmera, ella portando un ramo de orquídeas y él cargando una red a su espalda.

[Dámaso] (al público) No falla, es nombrar la comida y aparece el pollo este.

[Angelines] ¡Mami, papi, mirad lo que ha cogido Quequín!

[Don Ceferino] ¡Muchacho! ¿Cómo ha ido esa caza? ¿Has cogido alguna perdiz?

[Doña Virtudes] ¿Será un conejo? ¡Dime que es un conejo!

[Dámaso] (al público) Son más cocos, como si lo viera.

[Quequín] Mucho mejor que eso, doña Virtudes. ¡Mire que dátiles!

[Dámaso] (al público) Bueno, el caso era darle una patada a una palmera.

[Don Ceferino] ¡Eso es fantástico! Hacía que no comía dátiles desde…

[Doña Virtudes] Desde esta mañana mismo, querido.

[Don Ceferino] ¿Desde esta mañana?

[Dámaso] Para ser precisos, desde justo antes de que el imperio austrohúngaro declarara la guerra.

[Doña Virtudes] ¡Qué importa eso! Sírvelos con el aperitivo.

[Dámaso] ¿Los desea la señora escalfados, a la plancha, a la espalda, a la Meunier, a la Villeroy, hervidos, montados o combinados?

[Doña Virtudes] Combinados.

[Dámaso] Perfecto. En seguida salen sus dátiles con cocos.

[Don Ceferino] Es lástima que en este país no se dé bien la caza. Yo creo que soltando aquí unos cuantos faisanes, en cosa de dos primaveras tendríamos un buen coto.

[Quequín] Don Ceferino, tiene usted unas ideas fascinantes. Seria un éxito porque en esta pobre isla, por más batidas que damos, no hay quién levante una pieza.

[Angelines] Bueno, no exageres, Quequín, que ayer mismo vimos un caracol, ¿te acuerdas?

[Doña Virtudes] ¡Caramba, un caracol! Eso sí que sería un buen cambio en la dieta. Pero, ¿Qué pasó? ¿No lo cogiste?

[Dámaso] (desde la cueva) ¿A que se le escapó?

[Quequín] Ni se me pasó por la cabeza, señora: Los caracoles ahora mismo están en veda.

[Dámaso] (al público) ¡Se le escapó!

[Don Ceferino] Claro, la veda. Virtudes, ya te dije que habíamos escogido la peor estación para naufragar.

Dámaso sale de la cueva portando una bandeja.

[Dámaso] Si permiten los señores, ¡Que viene el coco!

[Doña Virtudes] Perfecto. Déjalo sobre la mesa y tráenos algo de beber, Dámaso, si es posible que sea un blanco de buena añada.

[Dámaso] Queda agua de coco de ayer, señora. No es que sea una gran reserva, pero algo de solera ya va teniendo, y desde luego no podría ser más blanca.

4 Comentarios

  1. ¡Bravo! ¡Otra! ¡Que salga el autor! La claque se enfervoriza. Las mujeres lloran de risa, los hombres hacen volar sus chisteras,
    Aparecen a saludar Quequín, pantalón pesquero, polo con cocodrilo, rama de palmera colgada a modo de escopeta y Angelines short de cuadros, camiseta playera con motivos vegetales, jersey a modo de bufanda y bolso de hojas de cocotero con incrustaciones de caracolillos.
    A continuación, Doña Virtudes y Don Ceferino se aproximan para saludar en plan ceremonioso, Doña Virtudes con su labor aún en la mano, Don Ceferino con El Adelantado doblado bajo el brazo.
    Dámaso invita a chupitos de coco bajando al proscenio.
    El público, llegado en lujosos yates, ha agradecido con cerca de cinco minutos de aplausos.
    La obra es todo un éxito y el productor ha prometido apostar por una larga gira que se desarrollará a lo largo y ancho de la frondosa isla de playas doradas, mar azul e infaltables palmeras.

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  2. 🤣🤣🤣🤣🤣
    ¿No es una maravilla que usted, Maese Isra, artesano de la pluma y descontento de la rutina, siempre nos esté sorprendiendo?
    Se ha aplicado con afán, denuedo, esmero y enjundia en ofrecernos una soberbia pieza teatral llena de fina ironía y sarcástica crítica social. Además de ofrecernos unas risas en mañana de lunes, cosa ardua y atrevida.
    No me descubro ante usted, porque no porto sombrero, pero imagine una grandísima reverencia que me haga tocar frente y rodilla. Imagine, porque no soy capaz de hacer esto ni aunque me parta en dos cual palmera viejuna.
    Me tomo al pie de la letra su aviso de primer acto, porque no puede dejarnos en espera y desespero por conocer las andanzas de esta troupe de incautos náufragos encabezados por el mordaz y ocurrente Dámaso.

    Ahora en gaditano, te regalo el adjetivo que más usamos para ensalzar y celebrar algo: ¡¡¡Qué bastinazo!!! Y añado: ¡Qué arte, pisha! ¿Cuándo vas a hacer el estreno en el Falla? 😉
    Hace que no leo teatro desde que fingía estudiar en el instituto, ayer mismito, y en Cádiz brilla por su ausencia este género, más allá de alguna compañía que se atreve a hacernos eso mismo y de alguna maravilla que nos sorprende por Carnaval.
    Me has traído recuerdos de aquellas obras que veía por la tele de los hermanos Quintero. Que siendo niño no entendía del todo, pero que me hacían reír y quedarme hipnotizado frente a la pantalla.
    No puedo hacerte crítica alguna sobre la redacción y confección de esta pieza, dado que aquí, mucho más que en cualquier otro género, me siento totalmente ignorante. Solo decirte que me has hecho reír, que he visto perfectamente la puesta en escena e interpretación de los actores y que me has dejado con ganas de más, de mucho más.
    Es maravilloso que siempre te sientas con ganas de abordar géneros, temas y hasta estilos literarios nuevos. Aunque lo mejor es cómo nos haces disfrutar con cada uno, lo que demuestra el tremendo trabajo que hay detrás, la grandísima ilusión con que lo haces y tus grandísimas ganas de seguir aprendiendo y avanzando en el campo de la escritura, para nuestro goce.
    Muchísimas gracias por tu esfuerzo, por tu trabajo y por regalarnos estas maravillas.
    Un abrasazo, amigo. «Ere un Mossstruo».

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    1. Abrazo grande para ti, amigo mío, y muchas gracias por tus palabras. Creo que la cosa no es para tanto, es solo el arranque del primer acto y habría que pulirlo bastante, al final pierde gas, y la trama no termina de arrancar; pero me quede ahí, y me puse a otras cosas. Hace casi un mes. Desde entonces, nada. De hecho lo he publicado para obligarme a seguir y estas palabras tuyas ayudan bastante a encontrar esas ganas de nuevo.

      Hay estatua, si, pero en el tercer acto. Bueno, estatuilla, todo sea dicho. A ver si soy capaz de coger impulso y darle continuidad.

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