Comentarios a mi amigo Jose.


Quiero con esta entrada responder a un comentario de mi amigo Jose con respecto al texto «El canto del grillo» que he presentado al Vadereto del mes de Mayo. Y lo hago porque ese comentario es tan importante para mí que por su extensión, y por la de esta respuesta, mis palabras, y las suyas, hubieran quedado un poco perdidas, y esta vez eso sí me importa.

Tengo otra razón. A Jose le debo haber recuperado la ilusión por este oficio. Yo pienso que él no es totalmente consciente de la repercusión de sus iniciativas en los demás. A veces necesitamos un impulso, un motivo para continuar. Aprender a escribir es un camino largo y no siempre tenemos compañía. Reunirnos en torno a sus retos, darnos algo en qué pensar y por qué escribir, provocar esa intimidad compartida con la que nos comunicamos, nos leemos y nos agradecemos unos a otros, no solo tiene el valor de ser el catalizador de nuestras creaciones sino, también, el de aliviar en parte ciertas soledades.

Y por último, le agradezco algo que en este mundillo no hace casi nadie: la crítica. En esto es muy elegante, nunca te dice lo que está mal pero, si sabes leer, te lo está sugiriendo con una increíble delicadeza. Más adelante os mostraré un ejemplo. Para mí esto es lo mejor, con diferencia, porque en todos estos años, salvo honrosas excepciones, no he obtenido más que palabras de agradecimiento y ánimo. Que son muy de agradecer, por supuesto, pero uno no está aquí para engordarse la autoestima, sino para aprender. Con este buenismo omnipresente en las redes de escritores nos privamos unos a otros de lo más valioso que podríamos darnos: ayuda. Porque aquí la gran mayoría estamos huérfanos de maestro; estudiamos, leemos, practicamos y exponemos nuestras obras pero nadie nos dice lo que está mal, o lo que debería mejorarse. Nadie se atreve, quizás porque todos conocemos la duda y la indecisión, y todos somos conscientes de nuestras limitaciones. Pero todos necesitamos esa guía, esa orientación, que alguien te diga las verdades que ya sabes, o incluso que se arriesgue a equivocarse señalándote algo que en realidad es correcto. Este es mi alegato ciertamente contradictorio porque yo tampoco hago crítica, salvo cuando me lo piden y, por supuesto, siempre de forma privada.

Pero vayamos al comentario, y de rebote a mi texto. Al final de esta entrada voy a reproducir ese comentario integro, pero ahora voy a hacer algo que no se debe hacer, y es citarlo por partes para poder contestarlo dentro de un cierto orden. Empecemos por la pregunta más importante de todas.

«Y creo que las dos preguntas más importantes: ¿Qué te ha hecho meterte en este faenón? 😝 Y, ¿Qué aprendizajes has sacado de ello?.«

Se refiere a haber añadido la dificultad de escribir el relato sin utilizar signos de puntuación. No es más que añadir otro requisito a los que proponía, y es algo que todos hacemos. Efectivamente, cuando Jose propone una idea lo hace de forma muy abierta y genérica (una de las cosas que mas me atraen de su reto es la libertad creativa que te deja). A partir de ahí todos empezamos a acotar el problema. Escogemos un género, un estilo, elegimos un punto de vista, una voz para el narrador, personajes… Son todas decisiones que suman más requisitos a los propuestos. ¿Facilitan o dificultan el reto? Lo facilitan en el sentido de que reducen progresivamente las opciones y cada decisión se vuelve más directa. Y lo dificultan precisamente por eso mismo: tus decisiones pueden llevarte a callejones sin salida. En mi caso, yo tengo el objetivo claro de aprender. Con cada texto, con cada palabra. Mis queridos maestros me exigían siempre más; entonces no lo entendía, y ahora no encuentro palabras para agradecérselo, allá donde estén. Porque eso me dejó una impronta que me ha acompañado durante toda mi vida: no estar conforme jamás, trabajar, esforzarme, mejorar. No huir de las dificultades, antes al contrario, convertirlas en objetivos y afrontarlas con ilusión.

¿Por qué entonces escribir sin signos de puntuación? La primera idea fue para incrementar la dificultad. Compréndeme, yo no escribo para, escribo por. Aprender, mejorar, probarme, intentar, fracasar y levantarme… todo eso. Me pareció un reto lo bastante complicado como para motivarme a tope. Después pensé en lo que me podría ayudar este ejercicio a aprender a puntuar mejor. Así es, solo se aprecia de verdad a los seres queridos cuando ya no están con nosotros, y yo necesitaba amar más a todos esos pequeños símbolos que no utilizo correctamente, por el sencillo método de echarlos de menos. En este sentido he aprendido mucho más de lo que esperaba y, sobre todo, me ha nacido el deseo de volver a la teoría, repasar conceptos y tratar a los puntos y las comas con más cariño y respeto.

Esta ha sido la mejor lección, respondiendo a la segunda pregunta, pero han habido más.

«Cómo has realizado la escritura. No me creo que lo hayas hecho de un tirón, tal cual nosotros lo leemos. Caerías infartado en el punto y final. ¿Has escrito normalmente y luego le has quitado los signos de puntuación? ¿Has ido creando esos puntos y aparte que yo tanto he deseado y luego los has eliminado?«

Pues de un tirón (bueno, de tres o cuatro tirones la verdad), pero con mucho trabajo previo. Una vez que tuve la idea clara y definidos los elementos más importantes (narrador, voz, estilo…), me puse a escribir con dos herramientas bien a mano: el diccionario de sinónimos (como siempre) y una lista completa de las conjunciones. Cada vez que necesitaba un signo de puntuación, paraba y miraba la lista. Ha sido curioso redescubrir ideas básicas por la vía de la necesidad. Una de ellas, por ejemplo, es la semántica de la coma. Es una conjunción, la puedes sustituir por «y» o por «o» sin problema (según el contexto), pero no es lo mismo. Esto solo lo puedo explicar con un ejemplo, algo que suelo utilizar a menudo: no es lo mismo escribir «Joanna apareció triste, ajada y sumisa, mientras…» que escribir «Joanna apareció triste, ajada, alicaida, mientras…». Seguro que esto tiene un nombre en alguna parte. No lo sé. Solo he notado la diferencia, y me encanta.

Otro descubrimiento ha sido que conjunciones del tipo «y» o «que» pasan más desapercibidas que otras. Al revisar el texto me puse a contar ciertas palabras que de alguna forma me rechinaban; había abusado de las conjunciones, y había abusado más de unas que de otras. En concreto, había demasiados «pues». Pues bien, habia unos veinte «pues», mas de cien «que» y casi doscientos «y», sin embargo, solo me habían rechinado los «pues». Tomo nota para el futuro: hay palabras invisibles, o casi.

Creo que si hubiera escrito el texto con signos y después me hubiera dedicado a sustituirlos el resultado hubiera sido otro. Porque al prescindir de ellos desde el principio me he obligado (consciente o inconscientemente) a construir estructuras más complejas para enlazar las frases, y eso en otro caso no habría ocurrido. Me explico, empiezas una frase y como no puedes usar la coma tienes que enlazarla con la siguiente, pero la primera frase sigue ahí, abierta, y de haber utilizado un punto eso no habría pasado. En definitiva, este rastro de frases abiertas me obligaba a volver atrás para cerrarlas, o al menos muchas de ellas (intenciones, no resultados!). Después, al leer, descubría esas estructuras que en algunos momentos me hacían ver como varias capas semánticas (¿existe esto o me lo acabo de inventar?), y el proceso de revisión ha tenido bastante que ver con tratar de mejorar esto.

Pero seguía teniendo un problema. Los signos de puntuación (vaya si he aprendido!!!) ayudan a marcar el ritmo. No me refiero al ritmo de lectura, sino a ese dibujo invisible de la acción que subyace al texto. Sin ellos me resultaba difícil manejarlo. Pero tenía un carrito.

El carrito ha sido fundamental, la mejor compra que he hecho en mi vida. Es el elemento que ata al protagonista a la realidad. Marca el tiempo. De alguna forma lo he utilizado para empaquetar las escenas, volviendo al carrito cada vez que quería cerrar una subtrama y abrir otra. De hecho, marca los clímax, hasta el último. Sus ejes sonaban como grillos, que han sido como aquellos pajarillos que mimaba Burt Lancaster en «El hombre de Alcatraz». Y me ha servido como excusa para pasearme por la literatura norteamericana, por la buena y por la otra. Me rio yo de los anillos de Tolkien… ¡Mi carrito si que es un invento!

«La idea del repartidor de libros por los pasillos presidiarios creo que la tenías clara, pero ¿Qué se te ocurrió antes, el fatal final, la idea de los libros como contenedores de mensajes, la benevolencia por el protagonista,…?«

Cuando me planteé esto, lo primero que hice en realidad fue leerme el último capítulo del Ulises. Quería tener un referente bien claro. Ese capitulo, una genialidad de cuarenta y tantas páginas sin signos de puntuación, es la marea de los pensamientos de Molly Bloom. Estaba claro que el camino era un monólogo interior. Pero quería más.

No se tú, pero yo a veces hablo solo, por la sencilla razón de que pienso solo y hay cosas que no puedo evitar que se me escapen. Pero hablo. Y si se habla, hay alguien al otro lado. Cuando empecé a divagar con los pensamientos de Sam tuve la idea de que no fueran un monólogo, sino un diálogo donde solo habla uno de los dos. Era tan sencillo como introducir esa segunda persona en las frases. Ahí nació Ellie, y de inmediato nació su historia, nació el porqué de Sam y, sobre todo, La Pregunta narrativa: ¿Con quién habla Sam y porqué? Por encima de la trama que se me fue ocurriendo, la verdadera trama era esa, ese era el interrogante que quería sembrar en el lector para darle respuesta en el climax del relato. Los libros, las historias de los otros presos y los demás elementos vinieron después. Pero en una historia de este tipo tenía que tener bien clara la meta, porque el camino se anunciaba tan lleno de curvas que sin ese horizonte no hubiera acabado en nada.

«Creo que el personaje, el escenario, la emoción que se cuenta es ideal para este experimento. El texto, su lectura, contagia la asfixia que el conductor del carrito está sintiendo por esos pasillos. La ausencia de signos de puntuación expresan maravillosamente esos pensamientos que surgen a borbotones de su mente exhausta y casi moribunda. Reflejan muy significativamente la necesidad de contar todo lo que siente de esa forma tan explosiva y encadenada ante la posibilidad de que se le acaba el tiempo de exposición. Sientes la necesidad de tomarte tus propias pausas y dilatar la historia, de la misma forma en que él va pausando el carrito. Creo que cuando terminas de leer, está en las mismas condiciones mentales que el protagonistas, quizás hasta físicas. Agotado por ese trasiego de información sin respiro, por tanta información sin tiempo a digerir y con la necesidad de repasarla mentalmente.«

No puedo excusarme en la dificultad. El relato se hace asfixiante porque no he sabido hacerlo mejor. La intención era interiorizar los pensamientos de Sam, reproducirlos, pensar como habría pensado él y escribirlos tal cual. Pero eso no era viable. Primero, porque tendemos a divagar. Todos. Y eso habría añadido demasiadas capas innecesarias a la historia. Segundo, por la cuestión del tiempo; eso me habría obligado a someter el tiempo de la narración al tiempo real. Y tercero porque eso requeriría una maestría que no tengo. Cuando lo terminé y empecé a repasar me di cuenta de lo agotador que era leerlo. Intenté alargar algunas frases, buscar recursos para provocar pausas… aquí fue donde eché mas de menos un buen punto y seguido. Pero lo que intentaba no aportaba, desvirtuaba el escrito. Sé que ahí hay una vía importante de mejora, pero… tendré que estudiarlo.

«¿El remate final? Por un lado, la constatación del por qué de la condena del protagonista es idílica, gustosa y complaciente. Puede decirse que es un asesino por amor y compasión y eso, desde el punto de vista del lector, le otorga perdón y dispensa. Nos pone en la controversia de cuál sería nuestra actitud en las mismas circunstancias.
Por otro lado, para averiguar el por qué de su aparente destino fatal me ha obligado a leer varias veces entre líneas. (molto difíshile, amigo). Espero no caer en el spoiler (el que lea este comentario hasta el final sin leer tu texto se merece que le borren todos los puntos y comas hasta de su libro de familia 😂). Entiendo que este hombre ha decidido no entregar el libro, y por consiguiente el mensaje de amenaza, al chico destinatario. Y, por lo tanto, recibirá también el castigo mortal. ¿Es así?
«

Toda la razón, y te agradezco mucho que lo señales. Ese es un punto flaco en la trama: no quedan claros los motivos de Sam. Sencillamente me olvidé de dejar por el camino miguitas de pan que condujeran a esa decisión: el riesgo que corría Sam, la amenaza implícita para él si no entregaba el mensaje… El mero hecho de que dudes en este punto es ya señal de que hay un agujero en la trama: el lector no puede adivinar si tú no le das pistas suficientes.

«¿Cómo has ido engarzando las ideas que te iban llegando? Yo las voy apuntando y luego, cuando me pongo delante del escrito, las voy incorporando entre párrafos hasta acoplarlas lo más adecuadamente.«

Es un aspecto en el que estoy tratando de aprender, yo lo llamo estructura narrativa. ¿Cómo recolectar y ordenar las ideas para que tengan un determinado sentido? He mirado y probado algunos sistemas pero no he encontrado nada que me sirva mucho. De forma general, voy recopilando ideas y en cierto momento les trato de dar estructura, a veces de forma mental, otras con algún tipo de esquema (no tengo un patrón claro para esto). Desde hace un tiempo me he obligado a no escribir una sola palabra hasta tener eso avanzado y creo que esta dosis de autodisciplina empieza a dar resultados.

«Me pregunto, Isra, ¿Cómo quedaría este relato convertido en audio-cuento? Sin que el narrador caiga muerto de asfixia y fatiga, claro.«

Amigo mío, jamás se me ocurriría torturar a un narrador de esa manera. Y con esto creo que he contestado a estas cuestiones que me ha encantado que plantees. Y ahora, por respeto y agradecimiento, copio el comentario completo, agradeciendo de nuevo tanto el esfuerzo de leer mi texto como el de tomarse tantas molestias para ayudarme a comprenderlo y mejorarlo. Un enorme abrazo y mucho ánimo con tus iniciativas que puedes comprobar que a muchos nos sirven de mucho.

Buenos días, Isra.

Relato leído y diría que hasta sufrido. 😝

Te cuento lo experimentado.

Veo dos partes muy diferenciadas: Su lectura y comprensión, y la satisfacción o emoción que transmite.

Vayamos por partes.

Su lectura me ha costado muchísimo. Yo soy de esos lectores que necesitan dosificar el texto y paladearlo, (sí, efectivamente, como si fuera comida 😅😂). De hecho, soy incapaz de leerme una novela de un tirón por mucho que me atrape. Necesito dosificarla y que me dure varias noches. Por eso será que disfruto mucho más con los cuentos y relatos.
En este caso, las letras parecen confabularse para matarte de asfixia, aunque tengo que reconocer que mentalmente le he ido añadiendo mis propios signos de puntuación. Al menos al principio, soy de los que leen con la voz mental y hago las pausas y entonaciones pertinentes. Aquí me las he inventado y eso me ha ayudado a leerlo mejor.
También me ha resultado muy complicado por varias razones: Me han interrumpido varias veces y me ha costado volver a integrarme en la historia, a pesar de marcar por dónde iba. La ausencia de puntos y aparte es más engorrosa que la de puntos y comas; la vista necesita una especie de mapa para ir guiándose dentro del texto. Para ayudarme mejor, he ido seleccionándolo, con ratón y teclado y, mi gran habilidad con mis gordos deos, me han hecho regresar al principio o saltar al final del relato varias veces, teniendo que volver a buscar por dónde iba. 😅😝

Dicho esto, la experiencia lectora es agotadora y, aunque la historia atrapa, estás deseando ver el punto y final. 🤷🏻‍♂️

Sin embargo, en cuanto al contexto, a la trama, a la historia, al disfrute de lo que cuenta ha sido distinto.
Creo que el personaje, el escenario, la emoción que se cuenta es ideal para este experimento. El texto, su lectura, contagia la asfixia que el conductor del carrito está sintiendo por esos pasillos. La ausencia de signos de puntuación expresan maravillosamente esos pensamientos que surgen a borbotones de su mente exhausta y casi moribunda. Reflejan muy significativamente la necesidad de contar todo lo que siente de esa forma tan explosiva y encadenada ante la posibilidad de que se le acaba el tiempo de exposición. Sientes la necesidad de tomarte tus propias pausas y dilatar la historia, de la misma forma en que él va pausando el carrito.

Creo que cuando terminas de leer, está en las mismas condiciones mentales que el protagonistas, quizás hasta físicas. Agotado por ese trasiego de información sin respiro, por tanta información sin tiempo a digerir y con la necesidad de repasarla mentalmente.

¿La historia? ¡Maravillosa! La idea del repartidor de libros como recadero de inquietantes mensajes es fabulosa. Así como la contextualización de los presos, sus situaciones y dificultades, a través de sus narraciones mentales.

¿El remate final? Por un lado, la constatación del por qué de la condena del protagonista es idílica, gustosa y complaciente. Puede decirse que es un asesino por amor y compasión y eso, desde el punto de vista del lector, le otorga perdón y dispensa. Nos pone en la controversia de cuál sería nuestra actitud en las mismas circunstancias.
Por otro lado, para averiguar el por qué de su aparente destino fatal me ha obligado a leer varias veces entre líneas. (molto difíshile, amigo). Espero no caer en el spoiler (el que lea este comentario hasta el final sin leer tu texto se merece que le borren todos los puntos y comas hasta de su libro de familia 😂). Entiendo que este hombre ha decidido no entregar el libro, y por consiguiente el mensaje de amenaza, al chico destinatario. Y, por lo tanto, recibirá también el castigo mortal. ¿Es así?

Bueno, Isra. En primer lugar, mi más sincera felicitación por el esfuerzo, el trabajo y la consumación de un reto mega-superado. Creo que yo nunca me atreveré con esta titánica faena. En segundo lugar, gracias por hacerlo como regalo para el VadeReto y, por ende, para toda la familia acervolense. Creo que esto magnifica tu cariño hacia nosotros y además nos demuestra, aunque no hacía falta, tu grandísimo talento, tus ganas de experimentación, aprendizaje y superación. Eres un gran ejemplo a seguir.

¿Cuestiones que me gustaría preguntarte?
Cómo has realizado la escritura. No me creo que lo hayas hecho de un tirón, tal cual nosotros lo leemos. Caerías infartado en el punto y final. ¿Has escrito normalmente y luego le has quitado los signos de puntuación? ¿Has ido creando esos puntos y aparte que yo tanto he deseado y luego los has eliminado?
La idea del repartidor de libros por los pasillos presidiarios creo que la tenías clara, pero ¿Qué se te ocurrió antes, el fatal final, la idea de los libros como contenedores de mensajes, la benevolencia por el protagonista,…?

¿Cómo has ido engarzando las ideas que te iban llegando? Yo las voy apuntando y luego, cuando me pongo delante del escrito, las voy incorporando entre párrafos hasta acoplarlas lo más adecuadamente.

Y creo que las dos preguntas más importantes: ¿Qué te ha hecho meterte en este faenón? 😝 Y, ¿Qué aprendizajes has sacado de ello?.

Isra, portumare, contéstame con signos de puntuación. 😅😂😂🤣🤣

Un abrazo enorme. 🤗😊👍🏼

Un comentario

  1. Buenos días, Isra. Disculpa la tardanza, pero están siendo unos días tremendos en dedicación y cansancio, aunque para bien. Viajes y celebración por la graduación de mi hijo. Entre esta satisfacción y tu mega-comentario-respuesta habré engordado varios kilos. 😅😂
    Aunque ya sabes que cuando me pongo a escribir a gusto me salto todos los límites de texto del comentario, aquí me faltan las palabras. Tus piropos, tus agradecimientos y, sobre todo, la satisfacción de que mis locuras te ayudan e ilusionan para escribir son inconmensurables. Ya imaginarás lo que significan para mí. Y me engordan mucho, amigo, me engordan. 😭😂
    Todas tus respuesta son también muy didácticas y nos ayudan a ver el relato desde otro punto de vista. Se extrae mucho oro para nuestro aprendizaje. 👌🏼👏🏼
    Me ha encantado esa comparativa con los signos de puntuación: «solo se aprecia de verdad a los seres queridos cuando ya no están con nosotros». Soberbio. 😂👍🏼👏🏼👏🏼👏🏼
    El uso del carrito como herramienta para las pausas es excelente, ya lo noté durante la lectura. Y el uso del diálogo interior, en vez del monólogo, también embellece y facilita mucho el relato. Y tienes razón, Elli, su recuerdo y existencia mental, es fundamental en la historia, creo que sin ella la historia perdería mucha grandeza y quedaría mucho más floja.
    Me ha hecho gracias lo de «hablar solo». Por supuesto que también lo hago, me conoces bien. Yo digo que hablo con las paredes y estás escuchan pacientes, aunque no me responden. Pero me ha pasado alguna vez que al preguntarme alguien por la calle por lo que decía, me he dado cuenta que pensaba en voz alta. 🤦🏻‍♂️🤷🏻‍♂️😅
    En fin, Isra. Un millón y medio de gracias, porque de euros no los tengo.
    Siempre es un placer leerte y aprender contigo.
    un abrashazo 🤗😊👍🏼

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