El Componente Humano.


Este relato es mi participación en el Vadereto de abril de 2022. Como cada mes, Jose propone una historia, en este caso de ciencia ficción, para que los participantes escribamos nuestros relatos. Os animo a entrar y formar parte de esta historia: las reglas permiten mucha libertad creativa y la compañía es de lo más recomendable. Os dejo con mi relato, que espero sea de vuestro agrado.

El componente humano.

Cuando abrí los ojos el laboratorio ya no estaba allí. No noté la controlada presión de la colchoneta de la camilla, ni vi aquel gigantesco foco de luz blanca hiriente y celestial colgando sobre mi cabeza. No sonaron los ansiados vítores por el éxito del experimento, ni pude escuchar siquiera el tenso murmullo entre los doctores y los asistentes que me había acompañado hasta hacía solo un momento. Por más que le exigí a mis sentidos no logré notar ese frío controlado, ligero y seguro colarse a través de un pijama azul que, como pude comprobar, tampoco llevaba ya. Me incorporé para darme cuenta de que no estaba atado ni llevaba sondas o sensores pegados al cuerpo, y no hubiera podido buscar ayuda para quitármelos porque allí no había nadie en realidad. No sabía dónde estaba, pero sí que no estaba donde debía, ni en el tiempo que esperaba, ni tal vez en el universo que había conocido hasta entonces.

Empecé a recorrer con la vista aquel recinto que no podía ser mientras revisaba mentalmente cada paso del experimento. Algo había salido mal. Se suponía que en el instante alfa yo continuaba reposando sobre una camilla en la planta sótano del Baker House, el conocido edificio de Alvar Aalto en el MIT, y al instante siguiente me encontraría en una camilla no muy distinta a esa situada a decenas de miles de kilómetros. Pero ese extraño recinto donde estaba ahora no era en absoluto la sala B02 del laboratorio Podolsky de la universidad de Lovaina. La habitación, si así podía llamarse, era blanca y deslumbrante como el cielo de mediodía en el trópico; el techo se veía tan difuso que bien podía estar a decenas o a millones de metros de distancia. No había puertas o ventanas. Tampoco muebles de ninguna clase. Ni siquiera había rincones. Tan solo estábamos yo, solo y desnudo sobre el suelo, y todas mis incertidumbres.

Decidí que si yo estaba allí, al menos no había dejado de existir. Siempre nos queda Descartes. Pero algo había fallado. No podía ser el entrelazamiento. Miré mi cuerpo como si acabara de salir de la ducha. Todo estaba allí, incluso aquella cicatriz de la rodilla y el corte que me había hecho en el dedo. Yo seguía siendo yo, y todas mis partículas subatómicas seguían estando ahí. De hecho, experimentaba emociones, creaba ideas y conservaba mis recuerdos, lo que dejaba en bastante mal lugar esa ancestral creencia en la existencia del alma, pero tampoco era momento de perderse en senderos tan complejos. Tenía problemas mucho más acuciantes. El entrelazamiento había funcionado, mi cuerpo había viajado, pero no al lugar previsto, sino a esta claridad imposible con paredes y techo que me envolvía. Tal vez estaba en el cielo, o en el Valhalla, o en el purgatorio, o en el limbo, o en cualquier otro de esos lugares míticos donde dicen que residen las almas después de la muerte. Le dediqué el pellizco a Descartes, me incorporé y me puse a buscar una puerta.

Con solo rozarla, la pared, sencillamente, desapareció. Apareció ante mí un largo pasillo, vacío, aséptico y silencioso que, en realidad, conectaba cierta cantidad de habitáculos iguales al que yo acababa de abandonar. Descubrí que solo tenía que acercarme a la pared para verlos bien y solo tenía que tocar la pared para abrirme paso hasta cualquiera de ellos. Todos estaban vacíos. Era bastante extraño y, desde luego, más allá de nuestra tecnología. Aquello no podía ser humano. Sin puertas, sin cerraduras, sin ningún tipo de intimidad. Ese fue un pensamiento interesante para un tipo que deambulaba desnudo por un lugar desconocido. La fuerza de la costumbre, tal vez. El apego a lo conocido. Esa inercia, ese impulso innato que nos ata a nuestra experiencia y nos hace temer todo lo que está fuera de esa caja. La misma inercia que nos hace esperar que siempre haya algo al final de un pasillo. Lo había. Tal vez hay convenciones más universales que la propia humanidad. La habitación del fondo era amplia, alargada y con las paredes y techos cubiertos de ventanas. Y, tras ellas, el universo al desnudo.

No recuerdo si me senté en el suelo o sencillamente me dejé caer. La abrumadora y repentina comprensión de que el experimento no me había enviado a miles sino a millones de kilómetros del Baker House cayó sobre mi como una losa. Desnudo ante aquel vacío primordial salpicado de estrellas sentí que todo dejaba de importar, que todas las dudas que me atormentaban se concentraban en un inevitable y feroz big crunch para reducirse a una, una sola pregunta que subyacía en el fondo desde que abrí los ojos en aquel lugar: ¿Quién?

Pasaron horas o quizás fueron solo unos instantes. El tiempo ya no importaba. Nada importaba en realidad.

-Bienvenido, señor Anderson.

Aún hoy sigo sin poder explicar de dónde salía aquella voz, o si solo existía en mi mente. Quiero recordar que rodeé las rodillas con los brazos y deseé creer en algún dios para poderle pedir socorro.

-Puedes hablar. Te oimos y te entendemos. Sabemos que querrás hacer muchas preguntas.

Fueran quienes fueran no andaban desencaminados. Aquello me desbordaba. No sabía por donde empezar. Temía molestar a aquellos seres, puede que me estuvieran examinando de alguna manera y si mis preguntas no eran las que esperaban quien sabe qué harían conmigo. Pero, más que a las preguntas, le tenía verdadero pánico a las respuestas. Lo pensé detenidamente. Traté de ordenar todas mis interrogantes y decidir cuales eran las más importantes, por si no tenía oportunidad de plantear muchas cuestiones.

-¿Dónde puedo conseguir algo de ropa?

Aunque renegué de la parte de mi mente que se había abierto paso entre todas mis dudas científicas y existenciales para soltar aquella estupidez, después hube de alegrarme. Fue una buena primera pregunta. Porque los seres, o dioses, o alienígenas, o lo que fueran, se rieron. Rieron, si, y eso los hizo humanos.

-No te preocupes, te proporcionaremos todo lo que necesita.

Me sentí ridículo. Traté de recomponerme.

-¿Quién o qué eres?

-Somos Ian. En realidad tenemos muchos nombres, pero escogimos este para usarlo contigo pensando que te sería más cercano. En la componente física somos algo parecido a eso que conocéis como una inteligencia artificial. Pero nuestra memoria, nuestros recuerdos, nuestra experiencia y también nuestras emociones son los de toda una civilización y por eso, siendo uno, usamos el plural para referirnos a nosotros mismos.

-¿Donde estoy? ¿Cómo he venido? ¿Quién me ha traído aquí?

Ian fue respondiendo una por una a todas mis preguntas. Hay algunas respuestas que me comprometí a no revelar nunca, pero hasta donde hoy puedo contar, en apenas dos horas adquirí consciencia de estar en una especie de estación especial que había sido creada con la única finalidad de que yo estuviera un tiempo allí. Supe que habían detectado la capacidad de nuestra civilización humana para desarrollar el teletransporte cuántico desde el momento en que se formularon las primeras teorías sobre el entrelazamiento, y que eso los había hecho actuar, aunque nos llevaban vigilando desde la prehistoria. Esta era, según decían, la primera vez que intervenían, y no me habían escogido por ninguna razón especial, sencillamente yo era el primer ser humano que se había puesto a su alcance por ser el conejillo de indias de nuestro experimento. Intervinieron y, en vez de viajar a Lovaina, había terminado en un punto sin concretar a medio camino entre la Via Láctea y Andrómeda.

No comprendo como pude dormir después de aquella conversación. Cuanto les pedía aparecía en alguna de aquellas habitaciones como por ensalmo. Supuse que utilizaban la misma tecnología con la que me habían traído a mí para traerme unos vaqueros y una camiseta, ropa interior de marca, una hamburguesa con patatas fritas o la creme brulée que les pedí de postre para complicarles un poco las cosas. Cuando desperté, era su turno de preguntar. Para mi sorpresa, sólo me hicieron una pregunta.

-Anderson, ¿Cuál es tu verdadero propósito en esta vida?

Y eso que se suponía que era yo, el humano secuestrado, quién tenía que plantear cuestiones existenciales. Tuve que pensar durante bastante tiempo para decidir la respuesta, pues era algo que creía tener tan claro que jamás había pensado en ello. Pensé, enojado, que a un científico no se le preguntan estas cosas, que deberían haber capturado a un filósofo o a un hombre de fe. Aunque, claro, es difícil encontrar a uno de estos tumbado y monitorizado en un laboratorio de entrelazamiento cuántico. Me resultó complicado decidir la respuesta, tal vez porque estuve todo el tiempo buscando una respuesta adecuada en vez de una verdadera.

Ahora me parece lógica aquella actitud: Sentí que de alguna manera representaba a toda la humanidad y que mi respuesta tenía que dejar a los míos en buen lugar. No podía ser presuntuoso escogiendo un propósito demasiado idealista, como hacer el bien o el progreso de la ciencia, ni quería parecer ególatra o mezquino afirmando que aspiraba a obtener fama, honores o bienes materiales, por mucho que todos estos propósitos anidaran en mayor o menor medida en lo más íntimo de mi ser. Al final, la respuesta brotó de un lugar no muy distinto al que generó la idea de hacerse con algo de ropa.

-Creo que mi propósito en esta vida es no terminar con números rojos.

-Nos cuesta entender tu respuesta.

-Es sencillo. Imaginad que todos tuviéramos una cuenta corriente con el universo. Mi propósito es que al final de mi vida el saldo de esa cuenta sea positivo. Dar más de lo que he recibido. Que mi vida haya servido de algo, haber aportado, haber sumado. No sabría explicarlo mejor.

No necesité explicarlo mejor. En ese momento Ian me contó (o contaron) lo quería de mí, y supe que era una buena manera de acabar con un saldo importante.

Jamás volví a la Tierra. Como he dicho, hay muchas respuestas que prometí no revelar, en cambio hay otras que si debo terminar de revelarte pues, si has encontrado estos escritos, es posible que tu también termines siendo un Sembrador, como yo. En ese momento conocerás también aquellos otros secretos.

Te diré que desde aquel momento me dediqué a viajar con Ian en la estación espacial a multitud de planetas, la mayoría inhóspitos. Una vez en ellos, supervisábamos todo el proceso de creación de la vida, desde el nacimiento de los océanos hasta la aparición de las primeras especies unicelulares. Ian me explicó que solo una ínfima parte de aquellos mundos podía aspirar a alcanzar niveles de evolución que resultaban en seres inteligentes. Nosotros acelerábamos esos procesos, allanando el camino a la evolución. Sembrando vida.

Nuestra tecnología nos permitía viajar de forma instantánea en el espacio, pero no el tiempo. Aún así, seguíamos el plan trazado en cada planeta como habían hecho millones de generaciones de Ian antes que nosotros. Apenas podíamos ver los resultados de los cambios que introducíamos, pero conocer tantos miles de planetas en diversos grados de desarrollo nos permitía adquirir una perspectiva global de cuanto estábamos haciendo.

En ese punto yo conocía ya la respuesta a muchas de mis preguntas, pero intervenir en estos procesos me generaba nuevas interrogantes, como saber quién había diseñado este plan, quién decidía cada paso y, quién o quienes eran Ian en realidad y, sobre todo, por qué me habían incluido a mi en esto, un ser humano, una especie más. Una vez más, Ian me ayudó a encontrar la verdad.

Como me dijo, y ahora yo te repito, Ian no somos solo seres de una especie. Somos seres de todas las especies inteligentes. De hecho, yo también soy Ian. Solo de la mezcla de todas las inteligencias conocidas puede surgir el equilibrio necesario para actuar drásticamente sobre el destino del universo sin cometer el error de creernos pequeños dioses que actúan a su antojo. Por eso captamos a seres inteligentes de cualquier procedencia y les hacemos partícipes de nuestro propósito, que en el fondo no es otro que el que yo expresé aquella vez: conseguir un saldo positivo con el universo.

Ahora querrás saber por qué te cuento esta historia. Ian solo capta seres inteligentes de civilizaciones que alcanzan cierto grado de desarrollo. La línea la marca descubrir la tecnología de teletransporte cuántico. Digamos que hay que pasar ese examen. Hay especies que no lo logran, civilizaciones que se autodestruyen, que arruinan sus ecosistemas o se enzarzan en conflictos. Los humanos hemos aprobado. Yo he sido el primer Sembrador humano. Pero vendrán más. Necesitamos más. Necesitamos el componente humano.

Pero no podemos confiar en la casualidad para captar a las personas adecuadas solo porque participen en experimentos como el mío. Buscamos a esas personas dispuestas a asumir un propósito, a sacrificarlo todo por un bien mayor, en este caso el más grande de los bienes para el progreso de la vida en nuestro universo. Y necesitamos que esas personas vengan a nosotros.

Por eso, ahora que conoces a Ian, ahora que ya sabes lo que hacemos, si quieres ser parte de esto y hacer que tu cuenta con el Universo no termine con números rojos, envíanos una señal justo antes de tomar cualquier teletransportador disponible.

Nosotros nos encargaremos del resto.

16 Comentarios

  1. Hola, Isra. La Cifi es el género donde la imaginación se muestra a la vez más abierta y observadora como cuando contemplamos un cielo estrellado y pensamos cuantas historias podrían contarnos esas lejanas estrellas a modo de biblioteca astral y de dominio público. Saludos

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    1. Muchas gracias, yo pienso que la principal inercia que sostiene a la humanidad está en los millones de seres de cientos de generaciones que no aparecen en los libros de historia. Esa inercia imparable y primordial es mucho más fuerte que los cientos de nombres que si están en esos libros.
      Un abrazo.

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  2. Hola de nuevo, Isra.
    Aunque ya me he pasado veinte pueblos con el comentario anterior, quisiera comentar dos cosas que se me han olvidado. Espero que no me pongan en la lista negra del sitio web. 😅😂
    En primer lugar, curiosa, inteligente y totalmente verídica la primera pregunta que hace el prota a la IA:
    «¿Dónde puedo conseguir algo de ropa?»
    Es increíble lo indefensos que nos encontramos cuando estamos desnudos. Unos miserables y escasos trozos de tela pueden hacernos creer emperadores o tristes desdichados sin futuro.
    En segundo lugar, la respuesta a la pregunta de la IA:
    «Creo que mi propósito en esta vida es no terminar con números rojos».
    Cuán felices seríamos como personas y como sociedad si deseáramos dar más que recibir. Algo totalmente inviable para nuestros dirigentes, gobernantes y componentes de los altos estratos sociales.
    Si ese fuera el cometido, real y con compromiso, de nuestros políticos, otro gallo nos cantaría.
    Y hasta aquí. Me han parecido dos cuestiones fundamentales que no quería dejar de comentar.
    Felicidades de nuevo y gracias.
    Un abrazo. 🤗😊👍🏼

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    1. Tenia esas dos oportunidades para darle carácter al personaje. He observado que en los momentos trascendentales nos aferramos a las cosas sencillas. Nos devuelven a la realidad, aunque puedan parecer triviales y hasta chocantes. Ejemplo, un velatorio: puedes hablar mucho tiempo con alguien para consolarle, recordar cosas, darle animos, todo eso, pero lo que le saca de la espiral de dolor aunque sea por un momento es algo tan sencillo como pedirle un clinex, o llevarle una infusion… eso cambia el plano, le ata a la realidad del momento, le devuelve a lo cotidiano. Funciona.

      En esos dos momentos, Anderson es quien es realmente. Le sale de dentro. Por eso le he atado a la realidad, bien sea a su necesidad mas basica de vestirse que se impone sobre mil cuestiones profundas, bien sea porque a esa pregunta tan trascendental responde con una frase de barra de bar, como lo haria un trabajador cualquiera.

      Ya que le he robado todas las decripciones y no he contado nada de su vida o su historia, había que aprovechar esas dos oportunidades.

      Y tu lo has sabido ver, canalla! 👍👍

      Solo es algo que aprendi: no digas que el malo es malo, cuenta que le dio una patada a un gatito. Menos describir, y mas escribir.

      Un abrazo, ahora te respondo a los demás. Este era mucho más importante.

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      1. Como todos los textos tuyos que he leído Isra, este también me ha encantado. No tengo la preparación suficiente para darme cuenta de detalles como los que comentáis Jose y tú, pero he leído lo suficiente para saber cuando un texto me atrapa y no puedo dejar de leerlo y releerlo. Como cuando paladeas un manjar que te gusta, y no quieres que se te acabe.
        En cuanto a las dos preguntas que señala Jose, la de la ropa me parece acertadísima, porque es cierto que en los momentos de mayor tensión, son las cosas sencillas las que te rescatan y te permiten soportar un poco más esa tensión. El ejemplo del velatorio es perfecto.
        Y la respuesta que da Anderson «Creo que mi propósito en esta vida es no terminar con números rojos», es tan transcendental y al mismo tiempo, dicho tan llanamente, que abruma su sencillez. Es como escuchar a tu amigo, charlando en la cocina de casa, filosofando con un vaso de vino. (perdón, el ejemplo ya lo habías puesto tú, pero es lo que sentí).
        ¡Me gusta que tus relatos tengan más de introspección que de acción! Son como esas películas argentinas que me encantan, donde parece que no pasa nada y son demasiado lentas. Y yo tengo que verlas sola, porque necesito rebobinar varias veces para saborear, cosa que a mis amigos les pone muy nerviosos.
        Me reía sola al leer la crítica de Jose. Parece que compartimos el apego a la denostada filosofía.
        Y, por fin, llegados al tema de la extensión de la entrada… mejor no digo nada. ¡Ya os había advertido que prefiero los cuentos «no tan cortos»!
        Conclusión: gracias por escribir como escribes Isra, gracias por generar estas perlitas Jose. Y gracias por vuestros diálogos que nos enriquecen. Recibid mis saludos admirativos.

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  3. Hola, Isra.
    Veamos como ordeno mis pensamientos y palabras y digo lo que quiero decir.
    Después de haber leído dos veces el relato, no por incomprensión, sino por satisfacción, hay una palabra que me sale de forma espontánea: ¡Sorpresa!
    Sí, porque el VadeReto está ideado para empujar a escribir, para que juguemos con las palabras, para que estimulemos la imaginación y para que nos atrevamos a contar historias, peroooo… tú siempre sorprendes y vas más allá y eso me empuja a hacerte un comentario que prefiero escribir en el Acervo, ya que dices que aquel es un rincón más íntimo y familiar para ti. Lo mismo te enfada que te saca los colores. No sé.
    Siempre pides críticas más que elogios, porque llevas mucha razón. Se aprende más de los errores que de los aciertos, pero es que es difícil criticar algo que te gusta.
    No sé si eres condenadamente analítico, me lees el pensamiento o tienes esa visión personal de las historias como yo, pero has dado en la clave del sentido del reto. Como le comenté a Ana, no es primordial buscar la aventura galáctica o los trasfondos físico-cuánticos de la Ciencia Ficción. Monstruos como Clarke, Asimov o Card se excusan en las aventuras espaciales para contarnos y hacernos pensar sobre los problemas fundamentales de la Humanidad. La Filosofía, que tanto está perseguida, hoy en día, por los políticos en las escuelas para evitar que se aprenda a pensar. (Aunque también es verdad que se da más historia de la filosofía que la propia esencia de la materia, que es empujar al pensamiento crítico). Esa es la esencia o el mensaje intrínseco que veo en tu historia.
    Para no alargarme en demasía, me centraré ahora en el relato.
    El ritmo se mantiene monótono, algo que aburre a muchos, pero consigues mantener la intriga y, a base de diálogos interiores y preguntas con la IA, controlar la atención del lector (al menos la mía) para llevarlo hacia la resolución tanto de los interrogantes que ya ponía yo, como los que has creado tú. (Aunque hábilmente no los respondes todos).
    Como bien le explicas a Ana, el corazón de la trama no es ya la situación en la que ponemos al protagonista, sino su exploración mental para conocer su lugar en el Universo. Algo que deberíamos de hacer más a menudo, sin naves espaciales o sopas hechizadas que nos transformen en Fauno. 😅😂
    Como buen libro de Cifi me has hecho investigar muchos términos que no sabía o no recordaba: Baker House, y su arquitecto, Alvar Aalto; el entrelazamiento cuántico; el big crunch; o la creme brulée 😜😋. Ya que quieres una crítica, creo que sería interesante que pusieras enlaces a todas estas expresiones, porque aunque podemos buscarlas nosotros, de esa forma nos conduciría a explicaciones concretas dentro de tu contexto. El Internete es demasiado extenso y existe mucha información vacua.
    Me ha parecido genial ese » Ian… somos» que precedía a la absorción del protagonista por esa Inteligencia (¿podemos llamarla Dios?) erigida en «sembradora» de destinos. Como ingeniosa y certera «Solo de la mezcla de todas las inteligencias conocidas puede surgir el equilibrio», porque por mucho que nos empeñemos en discriminar e individualizarlo todo, en la diferencia, en la Pluriculturalidad está el secreto de la convivencia y supervivencia de las especies, al menos de la nuestra.
    ¿Cosas negativas o críticas? Uhm, ehm, mmm… ¿Que no te decidas a publicar estos relatos para que yo los pueda tener como libros físicos en mi estantería? 😂😝
    A ver, como escritor no me encuentro capacitado, al menos todavía, para hacer una crítica analítica o estructural o de ninguna clase a nadie. Como lector primero evalúo si un texto me gusta o no, y luego la intensidad de esa satisfacción. Si disfruto mucho con lo que leo es difícil que le ponga pegas. Como me ha pasado aquí.
    Tal vez la extensión, puede que demasiado largo para una sola entrada de un blog; el lenguaje usado, alguno lo encontrará muy intrincado o retórico (a mí me encanta, porque cuando leo quiero encontrarme un lenguaje distinto al de la calle, que me enriquezca y me aporte un matiz melódico o poético.); un regusto por detenerte en los detalles y tardar en atacar de forma directa los puntos importante de la narración (esto también es de mi gusto, hay que guiar al lector dándole pequeños entremeses hasta llevarlo a los momentos culminantes de la historia, si no, todas las novelas se quedarían en simples relatos largos 🤷🏻‍♂️😅); los términos técnicos o vocablos no coloquiales, porque obligan a salirse del texto para averiguar su significado (ya he dicho que me gusta enriquecerme con palabras nuevas). No sé, queda dicho todo lo anterior por tu insistencia en encontrar cosas críticas.
    Pero el relato me ha encantado, por lo que dice, por como lo dice y por todo lo que invita a reflexionar.
    Y ya está, que voy a tener que poner este comentario en una entrada de mi blog para que no exceda de las extensiones permitidas. 😅😂
    Gracias, como siempre, por regalarnos estos relatos y por participar tan activamente con la familia acervolense. Es maravilloso que la escritura nos una y nos permita disfrutar de estos momentos.
    Un abrazo. 🤗😊👍🏼
    P.D. Y, aunque sé que lo pides, perdón por la extensión del comentario.

    Le gusta a 3 personas

    1. Bien! Crítica de la buena! Te lo agradezco porque es un riesgo que muy pocos asumimos, y esto le da aún más valor.
      Me das en qué pensar. Tengo que analizar este texto en función de estos puntos que me señalas, reconocer los defectos y encontrar las vías de mejora; de momento ya me ayuda mucho saber dónde buscar y qué mirar. No había reparado por ejemplo en los tecnicismos, y en el ritmo, que quizás adolece de una carencia mia muy común: en mis historias hay demasiado poco acontecimiento; en algunas hay mucho circunloquio pero apenas pasa nada. Eso lo tengo que mejorar también.
      Ya ves que no te discuto ni una coma, al contrario, muchas gracias por ayudarme!
      Un abrazo.

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  4. Hola Isra, una historia muy interesante, nos vas revelando poco a poco la situación, y desde el principio ya nos pica la curiosidad. ¡Qué idea maravillosa eso de ser sembrador! ¡Qué reconfortante pensar que pudiera en verdad haber una inteligencia superior que pudiera encaminarnos en labores más positivas que las que hoy en día muchos humanos están involucrados. Me gustó el diálogo interior del personaje, sus certezas, sus dudas, sus porqués. Como dice Themis, un relato lleno de esperanza sobre un mejor futuro. Enhorabuena…

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    1. Este género aporta mucha libertad a la imaginación, quizás con menos clichés que la fantasía, pero también con la complejidad de la fisica que subyace al relato.

      Mi decisión en este caso fue ahorrarme la molestia de los viajes en el espacio con una tecnología que tiene una base real, el entrelazamiento cuantico (Einstein, Rosen, Podolsky), llevada a un extremo totalmente fantastico.

      A partir de ahí nació la libertad para imaginar un universo distinto. Queria romper otros cliches. En SciFi el conflicto de fondo suele nacer de intenciones de poder y dominacion. Guerras, imperios y demás. Yo quería que el conflicto fuera existencial. Los personajes suelen ser planos, esclavos de circunstancias que les superan, sometidos a la trama. El mio tenia que ser humano, cargado de incertidumbres, contradictorio, y cabalgar un conflicto que solo afectara a su propia historia personal, una hebra insignificante dentro de un tapiz de proporciones inconmensurables.

      Y el climax, que en este género suele ser un momento decisivo donde se produce un cambio que afecta al devenir del universo, se tenía que reducir a un cambio en la persona, una sola cuestión, una única decisión. De hecho, lo coloco en el centro de la historia, no en el final. El climax final es otro, menos importante pero también significativo: situar al lector, y a la propia historia, con un cambio de enfoque radical. Solo al final se ancla el tiempo del relato al real, siendo este el de una persona que puede decidir por si misma si formar parte de ese tapiz: puede hacer una señal antes de teletransportarse. Eso lo reposiciona todo.

      Esas eran al menos las intenciones. Que el resultado esté a la altura es otra cuestión.

      Por esto me interesa tanto la estructura narrativa: conocer y saber manejar todas estas variables para idear la estructura de los relatos antes de escribir, y después hacerlo con intenciones claras. Es como anticipar las jugadas del adversario en el ajedrez, pues, al fin y al cabo, ¿no es esto también un juego?

      Muchas gracias, Ana, por decirme lo que te gusto, pero lo que más me ayuda es que me digan lo que no gustó. No tengas ningún reparo en hacerlo por favor: saber lo que haces mal es la mejor, si no la única, forma de aprender.

      Un abrazo!!

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