Probando una voz


Esto que viene a continuación es una prueba, solo unos cuantos párrafos en los que he estado ensayando una voz para el narrador. Voz y relato van unidos, tienen que ser coherentes y completarse mutuamente. En este caso el relato estaría ambientado a finales del XIX, en un pequeño pueblo costero del Cantábrico donde ocurren varias tramas: un pintor bohemio en plena crisis existencial, y también material, una historia de amor interesado, un crimen, la lucha por la supervivencia que se traslada a formas delictivas, y todo envuelto en una niebla que es casi espiritual…. no quiero desvelarlo, tan sólo ponerte en situación, porque me gustaría que me ayudaras, que me dijeras que te parece esta voz, que te sugiere, que defectos tiene, si es apropiada… lo que te parezca. Tiene muchos otros defectos, pero me interesan los de la voz.

Nieblas.

El sol desgarró las cortinas para pedirle cuentas. Un infame desierto en su paladar le habló, como tantas otras mañanas, de copas vacías y amaneceres perdidos. De noches sin memoria y mañanas de remordimientos. Por un momento se vio de nuevo en París, caído una vez más de los altos salones para naufragar en una oscura buhardilla o ser arrojado por la marea de la bohemia a las estancias de la servidumbre pero, por más que buscó en la confusa maraña de sus recuerdos, no pudo encontrar atisbo alguno de aquella habitación sin nombre.

Tardó bastantes reproches en echar de menos el vaivén del carguero. Pero en un traspiés de su incipiente lucidez volvieron de repente la trapisonda y el miedo, y el vómito, y los gritos ahogados por los furiosos embates del mar. Si aquel cuarto miserable y helado tenia poco del infierno, menos aún del cielo, y así pudo deducir su propia existencia, suplantando a Descartes por esa inusitada lógica que alumbran los rancios vahidos del alcohol, y descubrir que, de alguna manera, sin desearlo siquiera, había sobrevivido a la tormenta.

Su viejo baúl le esperaba al pie del camastro para colmar sus incertidumbres. Sobre la cama, su pantalón y la camisa que una vez fue blanca le rehuían entre los pliegues de las sabanas. Se vistió, más por habito que por vergüenza, y salió de aquel cuarto, escaleras abajo, en busca de respuestas entre el aroma a café y a salitre de la fonda.

Mientras la dueña le relataba cómo desembarcó aterido y exhausto de la goleta, pudo ver tras los cristales como su deshojada arboladura se sumergia ya en el confín del Cantábrico. Los malditos franceses le habían abandonado en tierra; le bastaron un par de tragos para recordar el motivo. El paladín de la absenta y el burdeos vencido por un modesto licor, en apariencia inocente como el agua, que dejaba fuego en el paladar y traiciones en la conciencia. De seguro les fue más fácil descargar el baul que embarcar al dueño. Brindó por ellos: al menos no le habían robado.

Mientras la patrona amenazaba con llenarle otra vez el vaso, unos ojos hacían ruido a sus pies. El mocoso sucio y despeinado que andaba aquí y allá colocando sillas y recogiendo vasos le lloraba sin lágrimas, como tendiendo una mano orgullosa que espera sin pedir y ansia sin deseo.

-El crío le subió el baul anoche.

La hazaña bien valía un par de monedas y Andrés, al que pronto llamarían todos el francés, se las puso en la mano sin importarle que fueran las últimas. Aun tenia su carta de crédito. Unos cientos de francos le tendrían al resguardo al menos por un tiempo. Y después, vaya, eso nunca le había preocupado. Apuró el último trago y se encaminó al puerto donde, con suerte, lograría seguir sin saber donde demonios estaba.

Al tercer día, si es que alguien llevaba esa cuenta, la patrona retiró el orujo de la barra y sacó una libreta. El francés ya ocupaba dos paginas. Sonrió, apenas, cuando le mostró su carta de crédito, que allí no era más que papel mojado. Y más aún cuando intentó compensarla con uno de sus lienzos. En aquel pueblucho el mismísimo Renoir habría terminado embreando barcas. Era la calle o trabajar.

Incapaz de decidir cuál de las dos opciones era más indigna, fue a por sus avíos, se hizo de una vieja escalera de madera y se mantuvo sobrio justo el tiempo que tardó en darle un elaborado rótulo al establecimiento que, aún siendo conocido por todos, nunca antes había tenido nombre propio. Aurora, como su dueña, y fonda de primero. Era trabajo, o al menos arte pagado.

Y eso es todo por ahora. Te agradecería una opinión, cuanto más critica, mejor. ¡Muchas gracias!

3 Comentarios

  1. Hola, Isra.
    Te cuento mis impresiones, más que mi crítica.

    El tono narrativo me recuerda a esas aventuras antiguas, tipo Dumas, Stevenson o Twain. Para algunos excesivamente recargadas de adjetivos y descripciones, para mí una maravillosa forma de enriquecerte y disfrutar con el vocabulario y las expresiones literarias. De hecho, lo he leído en voz alta, me encanta su declamación.
    Sin embargo, para los lectores generacionales quizás se haga impaciente y cansada porque se entretiene demasiado en los detalles y tarda mucho en llegar a la acción. Ya sabes, estamos en la era del «todoloquieroya».
    El ritmo narrativo es pausado y regular, recreándose en las palabras y dosificando la entrada en situación.
    La atmósfera que se crea es confusa, mostrándose pareja a la desorientación del protagonista. De esta forma, nos situamos en sus ojos para ir descubriendo, simultáneamente, qué hace allí y por qué.
    En este tipo de narración van bien tanto el modo en primera persona, como el que has usado, tercera observadora. Con la primera puedes reflejar más los sentimientos y sensaciones del protagonista; con la tercera puedes hacer más hincapié en las descripciones, el ambiente y los personajes que lo rodea. No sé como lo habrías enfocado en el otro caso, podría actuar como un diario; en este me gusta bastante, porque actúa como un CuentaCuentos.
    De todas formas, la narración no está exenta de sentimientos. Al mismo tiempo que se describe su situación y su entorno, se muestra el estado anímico del protagonista y nos confiere su inquietud, confusión e incertidumbre por su devenir.
    Dicho esto, me parece una introducción correcta y apropiada, siempre y cuando sea para una historia relativamente larga. Para un relato me parece excesivamente extensa y minuciosa. Para una novela corta o un relato largo (yo diría que sobre las 4000-5000 palabras, al menos), sí te permite ese ritmo narrativo y te da tiempo a crear luego el desarrollo de la trama y la conclusión. (sin bullas)
    Ignoro qué tienes en tu cabeza, pero, tal y como vas avanzando, yo no le pondría límites y que llegue a lo que tenga que llegar: relato largo, novelette o novela en su más preciso sentido.

    No sé si lo que te he escrito te ayudará. Si necesitas más respuestas puedes hacerme tú las preguntas, por aquí o por privado. Siempre que me des tiempo, estoy a tu disposición.

    Con este aperitivo mostrado, para mí al menos, has creado bastante expectación e interés por una historia que se presume muy trabajada, intensa, apasionante y divertida.
    Date el tiempo necesario, no le pongas fecha de entrega y deja volar tu talento e imaginación. Me entusiasma tu proyecto. Si te decides a explayarte y publicarla ponme en el número uno de la lista de espera. 😜😊

    Ya me contarás.
    Un placer leerte. Un abrazo. 🤗👍🏻

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    1. Aciertas, amigo mio, incluso en aspectos que no había planeado sino que salieron de forma intuitiva y ahora los descubro a través de tu critica. Lo que tengo en mente está entre las 10.000 y 15.000 palabras, por eso me he permitido el lujo de apurar la primera marcha con ese ritmo pausado, sin forzar giros ni hacer mas que insinuar tramas, personajes y escenarios. Aciertas, estos párrafos son para entrar en la historia desde una de las nieblas que la pueblan, la del alcohol, a la que sucederan la de la memoria, la del entendimiento, tal vez la de una relación tempestuosa y, sobre todo, la natural, que se convertira en arma, en complice y puede que hasta en motivo. La primera persona. Lo pensé, mucho. Pero tiene un inconveniente que condiciona la trama: obliga a hacer que el sujeto sobreviva a la historia, per se o a través de alguna argucia tipo diario, memoria o relato que cuenta un tercero. Y aunque tengo una trama base aun no he decidido el destino de El Francés… esto me decidió a posponer este interesante y duro ejercicio de usar la primera persona. Pero te reconozco que habría funcionado muy bien, dándole un sentido pleno a esta voz.
      Me ayuda mucho tu opinión, y aquí donde no nos lee nadie te puedo contar que esta idea, que nace para tu Niebla, la estoy dejando crecer para ser parte de ese otro proyecto que ya te insinué hace un tiempo, del que por tanto eres parte interesada.
      Ah, otra cosa, el trabajo esta ampliando mi radio de acción.. El otro día caí por Sotogrande, no descarto que algún día me empuje mas a Levante y me pueda dar el gustazo de invitarte a un buen café. Me haría mucha ilusión.
      Un abrazo.

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      1. ¡¡¡Entre 10.000 y 15.000!!! ¡Ole, ole y ole!
        Me tienes en ascuas con ese proyecto y me está dando buenísimas sensaciones. No me cuentes más. Prefiero ir descubriéndolo poco a poco con tu trabajo.
        Según el tipo de narrativa, en primera o tercera, surgirían dos novelas muy distintas. Yo, por lo que he leído, veo estupendo la que estás usando. De esa forma, haces más participe al lector. Así este se puede involucrar más en la aventura.
        ¿Vernos en persona? Sería para mí una alegría inmensa. Ya sea, antes o después de dedicarme ese libro. 😜😝
        Isra, te mando todos los ánimos del mundo mundial, todo el empuje que necesites y, por supuesto, toda la ayuda que te haga falta, dentro de mis modestos conocimientos. 💪🏼💪🏼💪🏼💪🏼💪🏼
        Te puedo asegurar, con total sinceridad, que me contagias esa ilusión que tienes en el proyecto. Sé que va a ser un trabajazo grandísimo, pero estoy seguro que lo llevarás pa’lante.
        Expectante me dejas. 😉😊
        Un abrazazo, amigo. 🤗👍🏻
        P.D. Si necesitas contactar conmigo por privado, hazlo sin dudas.

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