Biografías alternativas: Sadire.


Para introduciros en la biografía de Sadire tenemos la urgente necesidad de trasladaros a un oscuro rincón de la ciudad de Argel. Corre el año de 1595; en esa época la ciudad es un refugio de piratas berberiscos, tal vez uno de los mayores antros de todo el Mediterráneo. Reina la codicia, y no hay más ley que la de las armas, ni más orden que el que guardan los marineros en la fila para entrar a La Jaima, el famoso burdel, mientras en la puerta dos fornidos guardas les revisan uno a uno para despojarlos de sus alfanjes y dagas y asegurarse de que no lleven babuchas con calcetines blancos. En el famoso antro reina por sobre todas las meretrices la simpar Irhis Hilton, quien desde una alta tribuna da órdenes a los músicos que ambientan el local, excepto los sábados que la sustituye David El-‘Guet’ta.

Satisfecha ya nuestra necesidad, ahora sí que podemos comenzar con la biografía. Sadire nació en el día que le pareció mejor del año 1980 en la localidad de Cártama, porque ella quiso que así fuera. La cigüeña en realidad la llevaba a Torrelodones, pero nuestra heroína no quería nacer en un pueblo de rima tan sugerente y a base de arrancarles plumas de la panza, ora a la izquierda, ora a la derecha, la fue desviando a su conveniencia hasta que encontró una población con nombre esdrújulo, descartando a su paso otras opciones también interesantes como Aznalcollar, Logroño o Albolote, pueblo este muy cercano a Peligros.

Esta vehemencia prenatal se convertiría en la principal impronta del carácter de nuestra biografiada, pues como bien dice el refrán, donde pone el ojo amanece más temprano. Y así toda su vida no es en realidad otra cosa que el cumplimiento sucesivo y a cualquier coste de todos sus propios designios. Por ejemplo, fue ella quien inventó lo de dar el pecho a demanda, pues si su madre se negaba le ponía un pleito, lo de la carta a los reyes magos, que antes de eso traían lo que les daba la gana, o lo de la ropa unisex porque a la criaturita le daba bastante repelús que la llevaran de rosa y con lacitos.

A medida que Sadire fue creciendo y se ampliaba su pequeño mundo, este rasgo de su personalidad fue tomando proporciones inusitadas. Instauró las elecciones a delegado de clase en la guardería y acto seguido las ganó por unanimidad de los compañeros (de los que quedaron ilesos), y desde entonces en la guardería “sonrisas infantiles” no tosía nadie sin su consentimiento, cuidadoras incluidas. De hecho, con el tiempo le cambiaron el nombre al centro, pasando a llamarse “Teodorico”, igual que el osito de felpa de la niña.

El conductor del autobús escolar rehizo la ruta para parar en la misma puerta de Sadire, y después en su parque recreativo favorito, en la tienda de chuches y de vuelta al parque recreativo, o según los días de nuevo a su casa por si se le había olvidado algo, todo esto de forma previa a recoger al resto de los niños. Estos esperaban resignados durante horas en los lugares convenidos; algunos padres protestaron pues con tanto trajín tenían a los niños a medio escolarizar, y hasta se dieron casos de niños a los que les caducó el desayuno por culpa de los desajustes en la ruta.

Sadire tuvo una infancia muy feliz, a diferencia de cualquier otro niño a varios kilómetros a la redonda, y llegó a la adolescencia casi sin darse cuenta. Fue una época de cambios, de abrir sus ojos al mundo y asumir nuevas realidades, como el caso Watergate, la guerra de Vietnam, la crisis de los misiles o la invasión de Bahía Cochinos. (Disculpa, ya sabemos que corría el año 1995 o así, pero esta redacción no tiene culpa de que a la jodida niña le gustaran tanto los periódicos viejos). Se cree que en esta época es cuando empieza a escuchar a Bob Dylan, con devastadoras consecuencias. Existe cierta controversia al respecto, pero no cabe duda de que los hechos que ocurren a continuación demuestran que a la chica se le fue totalmente la pelota, y está demostrado que ese es precisamente uno de los efectos secundarios de escuchar a Dylan. Vaya, ¡si viene hasta en la contraportada de sus discos, escrito en letra pequeña! En cualquier caso, a los hechos nos remitimos:

A. Sadire hace que sus padres reconviertan el cuarto de aseo de debajo de la escalera en un refugio nuclear.

B. Sadire obliga a sus padres a forrar el tejado de la vivienda con papel de alumino.

C. Sadire empieza a usar ropa interior con alambre de cobre, conectada a una pila de petaca, para envolverse sus partes pudendas en una caja de Faraday.

D. El padre de Sadire sale un día a por tabaco y ya no vuelve. La madre sale a buscarlo y lo encuentra, pero tampoco vuelve. Su hermano se baja un tutorial y aprende a fumar en cinco minutos para emular a su padre.

Con posterioridad se descubre, y en esto si coinciden todas las fuentes, que al terminar la educación secundaria Sadire ya manifiesta con claridad su satelitofobia. Esta fobia marca su conducta como el fuego, y desde entonces no se la vuelve a ver nunca por la calle si no es bajo un paraguas de hojalata o envuelta en un traje de amianto, y adquiere una especial aversión a los espacios abiertos o desprotegidos.

Es en ese tiempo cuando decide matricularse en Mineralogia Aplicada, en la creencia de que una vida laboral en cuevas y túneles de minas la mantendria a salvo de la caida de objetos en órbita. No pasó de la cafetería: aquello era un peñazo. Lo intentó en Espeleología pero los contenidos le parecieron demasiado profundos. En Ecologia Abisal no la admitieron porque todos los batiscafos estaban ya ocupados. En Ingenieria de Minas duró hasta que se dio cuenta de que se le estaba poniendo cara de topo. Y en Tectónica Aplicada acabó de placas hasta el moño.

Por lo que finalmente se decidió por estudiar Corte y Confección en el reputado Centro de Alto Grado Académico-Tecnico Ernestina (C.A.G.A.T.E.), para poder al menos confeccionarse sus propios trajes antisatelitales.

Fueron largos años dando puntadas y quitando hilvanes bajo la atenta dirección de Ernestina, quien compatibilizaba su valiosa labor académica con un puesto a jornada completa de portera en un edificio del extrarradio, impartiendo sus clases en un taller clandestino que había en los sotanos de esa finca que le cedian por horas a cambio de que no los delatara. Sadire desarrolla en este selecto ambiente el espíritu crítico que mas tarde sería la impronta de toda su obra escrita, amén de sus primeras nociones de chino mandarín.

Aunque esta formación la encaminaba a revolucionar el universo del mocho y la vileda, quiso la casualidad que su verdadera vocación saliera a su encuentro en aquel ambiente. Huan Man We, que regentaba el taller, recurrió a Ernestina a cuenta de ciertas molestias intestinales y esta le remitió a su vez a Sadire quien, por su largas horas de estancia en el taller supo traducirle el prospecto del laxante.

Pronto se extendió entre la comunidad China la habilidad de aquella chica rara que vestia de papel de alumino para traducirles las instrucciones de las medicinas occidentales, a las que recurrían cuando les fallaban la acupuntura, las terapias alternativas o las erecciones. La señolita Albal, como la llamaban cariñosamente, les traducía por un módico precio la posologia, las contraindicaciones y los efectos secundarios de todo lo que le llevaban de las farmacias, creando casi sin quererlo un negocio que pronto le resultó mucho más lucrativo que la comercialización de sus trajes antisatelite, de los que nunca llegó a vender ninguno.

Estando en la traducción de las especificaciones de un complejo vitaminico Sadire descubrió que aquella labor podría tener mayor difusión -y rentabilidad- si se animaba a publicarlas. Tras recopilar en un libro algunos de sus mejores prospectos en mandarín, con el sugerente titulo de “vademécum para torpes” , Huan Man We le puso en contacto con Hai Detó, el reputado empresario, quien lo puso a la venta en su cadena de centros de masajes. Nunca un libro tuvo un final tan feliz: se agotó en solo una semana, lo que decidió a Sadire a encargar otros diez ejemplares para la segunda edicion.

Así comenzó la conocida trayectoria literaria de Sadire, jalonada de éxitos tan conocidos como “El chino ante la cagalera”, “La viagra y sus derivados para chino espabilados” o “El maravilloso mundo de las lavativas” que hacen que la señolita Albal sea mas admirada en China que el mismisimo Jackie Chan. Una carrera que la convierte hoy día en una firme candidata al nobel de literatura pues, aunque los puristas sean reticentes, al fin y al cabo… ¿no se lo dieron a Bob Dylan?

4 Comentarios

  1. Vamos, vamos, vamos…
    La has clavado!!!
    Lo de desplumar a las cigüeñas… ¿Quién te lo ha chivado?
    De verdad que tienes mucho arte en esa cabecita, nunca me cansaré de decírtelo, aunque luego tú te lo pases por el forro albalístico-plateado.
    Ha sido todo un honor leer esta biografía.
    Eres un gamberro y me encanta.
    Besaco enormeeeeee!

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    1. Encima te quejaras, ¡que te he dado un nobel y todo! Bueno, el de literatura, no es de los buenos, pero es un nobel ¿no?
      🤣🤣

      Espero que te haya divertido, que es de lo que se trataba. Ya sabes que te quiero mucho, con permiso de mi santa. Un abrazo!!!

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