Lo llaman videollamada.


Cuando le explicaron que ellos también la verían decidió sacar hora en la peluquería. Después de los ochenta la coquetería tiene ya más que ver con la dignidad que con la presunción.

Los días siguientes se fueron en paseos al armario, en preguntas al espejo y en repasar esas instrucciones que le habían escrito a lápiz en la parte de atrás del contrato de su nuevo móvil, ese aparato endiablado que podía obrar el milagro de mostrarle a sus nietos después de tanto tiempo.

Estuvo nerviosa esos días. Tenia una razón más importante para llevar el compás de las horas que seguir la partitura de su médico de cabecera. No paraba de hacer y deshacer, de pensar y olvidarse, de temer y añorar. Hasta enhebró un par de agujas para arreglarse una blusa que después decidió no ponerse.

El sábado amaneció sobre su cama cubierta de faldas, blusas y chaquetas de punto, estiradas y planchadas, expuestas como el ajuar de una novia. Comió demasiado pronto, ya arreglada, no fuera a ser que la llamaran a esa hora. Recogió la mesa, fregó, y se sentó de nuevo a la mesa camilla.

Apenas le hizo caso a la tele. Miró una y otra vez las fotos sobre el aparador mientras el viejo reloj de pared iba minando sus ilusiones con sus latidos de bronce. Así pasó toda la tarde, sin querer separarse de aquel aparato por si sonaba justo cuando había ido al baño o la cocina.

No pudo cenar nada. Se sentía empachada de soledades. A las once se fue al dormitorio, se desvistió, dobló la ropa con esmero y se metió en la cama con su pañuelo bordado y un par de avemarias.

Tal vez mañana, se dijo, indultandolos con esa comprensión infinita de quienes no quieren condenarse a si mismos al olvido.

4 Comentarios

  1. Tremendo e impresionante, Isra.
    Es cortito y muy triste, pero ¡representa tanta realidad!
    Lo has descrito tan bien que me ha emocionado.
    Yo no soy abuelo, aunque podría tener edad de serlo (abuelo joven 😉), pero me pongo en el lugar de mi madre, por ejemplo, si viviera, y sé que lo pasaría bastante mal.
    En condiciones normales, ya es difícil la situación que describes, en estos momentos de aislamiento, debería ser necesario ese contacto online, al menos, y no lo es. Le damos prioridad a otras cosas. 🤷‍♂️
    Felicidades por el relato. 👌👏

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    1. Muchas gracias, últimamente escribo muy poco, solo cuando viene una idea que me toca la fibra, y no acuden muchas la verdad porque estamos tan absorbidos por esta incertidumbre que ni nos damos cuenta de lo que ocurre a nuestro alrededor. Estas historias también importan, creo yo.
      Un abrazo!

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    1. Muchas gracias. Es triste de veras, y demasiado real. Cuesta tan poco pensar en los demas y, sin embargo, tiene tanto valor a veces…
      Por cierto, en unas horas tienes en el cielo a un Marte esplendoroso, te mando un abrazo con el.

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