Anatomía del pedo.


¿Existirá algo más entrañable que los gases propios? Nobles no han de ser, por narices, más no por su oscuro origen o lo molesto de su presencia deberían ser dignos de tanto desprecio. Pues bien natural es el citado gas, y desde luego más común y asequible que el gas natural, al que sobrepuja en poder flamígero y con quien comparte el riesgo que comporta su fuga.

Es el pedo nube huérfana a la que jamás se le conoce padre, pues conforme se expele se repudia, y en tal razón no existe ascensor o transporte público que no haya asistido a sesudas pesquisas sobre la identidad del padre, ni después a especulaciones sobre la castidad de la abuela.

Dicen los sabios que se gesta en cinco fases, a saber hincha, deshincha, apartapelo, música y olor, siendo la penúltima causa de alarma, y la última de lógica huida. Y definen en sus estudios diversas categorías en su naturaleza, como sería el pedo mochila, formado por una expulsión silenciosa y dilatada que forma bolsa tóxica en la espalda, el arrancamoto, que por orden creciente de potencia sonora se subclasifica en mobilette, vespa o harley, el yonohesío, ventosidad escurridiza de timbre agudo y aroma devastador que se manifiesta misteriosamente en los lugares más impropios, el mascletá, que suele resultar con el excusado pintado a pistola, el zapatero, que tiene afición en darse a la fuga cuando uno va a atarse los cordones, el estornupedo, breve efecto secundario del estornudo que, no obstante, pugna por sobreponerse a su característico estruendo, el consustancia, pedo que, como los viejos amores, suele dejar huella y un sinfín más de categorías que aluden no tanto a la propia naturaleza de la ventosidad como a la circunstancia en que se produce, cual serían el mañanero, el paraeltaxiaquíquemebajo, el de confesionario, el largo, intermitente y sostenido ayquenollego, el tiendacampaña, capaz de hacer levitar edredones y otros menos conocidos.

Además de todos estos estudios ─estudios de mierda, pero estudios al fin y a la postre─, es innegable la huella del pedo en la literatura. Basta darse una vuelta por wattpadd. Pero además existe obra escrita en la que el pedo, más allá del lugar común y el chiste fácil, sirve de inspiración a los grandes clásicos. Véase, por ejemplo, el poema al pedo de Quevedo, del que citamos los siguientes versos:

El pedo es fuerte, es imponente,
pues se los tira toda la gente.
En este mundo un pedo es vida
porque hasta el cura bien se lo tira.
Hay pedos cultos e ignorantes
los hay adultos, también infantes,
hay pedos gordos, hay pedos flacos,
según el diámetro de los tacos.

Reina nuestro sujeto también en epitafios «por aguantarme un peo / aquí me veo», en el refranero «Ni en parte pública ni en secreta, hagas del culo trompeta», «A nadie le huelen sus propios pedos, ni le parecen sus chiquillos feos» o en la sabiduría popular «Al sonar el pedo, sólo queda un rostro serio», pero quizás sea más notable su presencia en las memorias de personas ilustres, como la del insigne Camilo Jose Cela quién, habiendo expelido una sonora ventosidad durante una cena, le dijo a la señora que tenía a su lado: «No se preocupe, señora, diremos que he sido yo».

Le dedica al pedo Jonathan Swift su libro “El beneficio de las ventosidades”, y el propio Homero nos hablaba de cómo Ulises hinchaba las velas de su barco a heroicos pedos cuando Eolo encalmaba el mar Jónico. Todo un clásico, el pedo, tan antiguo como el hombre, nos lo recomienda Hipócrates en estos términos «si es posible, es preferible liberar la ventosidad silenciosamente. Pero mejor que contenerla y acumularla internamente es liberarla con ruido». Curioso pues que la gente, en vez de ser hipocrática se quede en hipócrita al aguantarse los gases, mal que la salud les vaya en ello.

Pues no entiende el pedo de cunas ni estirpes, que no hay culo regio que no los haya promulgado ni posadera tan casta que no haya experimentado con ellos el Segundo de los principios de newton, quien seguro que también se los tiraba a pesar de su gravedad.

Aire que se libera, sinfonía del metano, ¿no proviene acaso el universo de un gigantesco pedo primordial al que llamaron Big Bang? ¿y no es cierto asimismo que ese universo, plagado de agujeros negros, de tanto contraerse acabara petando algún día?

Sea pues, del pedo venimos, y en pedo nos convertiremos. Pedamos mientras podamos, y al que le ofenda… ¡que se vaya al pedo!

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