Como fui abducido y todo lo que pasó después.


En realidad nunca fui abducido, por muy bien que hubiera quedado eso en mi currículum, pero el título de este relato no es tan engañoso como podría pensarse porque yo, de cierta manera, soy producto de una abducción.

Todo empezó una fría mañana de agosto, el mes en que todo es posible, cuando Braulio Cardenal conducía su yondi (como llamaba a su tractor John Deere) traqueteando cuesta abajo camino de la era. Al pasar junto al arroyo, Braulio, hombre sutil donde los hubiera, percibió un estremecimiento en el ambiente, una rara sensación que le hizo mirar hacia arriba para descubrir un enorme platillo volante suspendido de la nada justo encima de él. “¡Coñó! -pensó para sus adentros-cosa rara, incluso pal mes agosto”.

Lo contempló absorto por un tiempo y entonces reparó en las cuatro luces de las esquinas, que encendía y apagaba regularmente, las que mucho más tarde reconocería en sus declaraciones ante la prensa de la provincia como los intermitentes del aparato, de lo que dedujo que se había detenido allí porque tenía alguna avería.

De pronto Braulio se vió rodeado por un halo luminoso y sintió como sus posaderas se despegaban del asiento, y después todo él era atraído por una fuerza irresistible que pugnaba por hacerle levitar. ¡Coooñó! -pensó de nuevo, mientras comprobaba como se elevaban también las ruedas de su yondi, pero de repente volvían a bajar, y se elevaban de nuevo para volver a bajar, de lo que el plumilla que le entrevistaba coligió que ese rayo tractor no podía con el tractor.

Pero Braulio, hombre servicial donde los hubiera, decidió quitarse el cinturón de seguridad para facilitar la maniobra, y así pudo levitar sin más contratiempo hasta el ovni, renegando de su mala suerte por haberse ido a topar con unos alienigenas de tercera.

Una vez a bordo, Braulio notó como aquel extraño aparato calentaba motores y volaba raudo hacia el espacio exterior. Se acerco con sigilo a lo que no podía ser más que la puerta de la cabina y entró con sigilo.

Allí, entre extraños controles y luces de toda especie, había un par de tipos muy singulares: altos, gordos, con la piel de color esmeralda, antenas terminadas en ojos, varios brazos y piernas, unos seres extraños que por toda ropa llevaban unas bermudas y chancletas con calcetines, de lo que Braulio dedujo que estaban de vacaciones.

-¡A la pá de dió! ¿Se pué sabé a que viene to esta tontería?

Uno de los aliens se volvió hacia una estantería, cogió entre dos de sus manos el diccionario Alíen – Castellano Profundo y tras consultarlo le respondió con extraño acento.

-¿Pos que va a sé? Lo de siempre. Damos unas vueltecicas, l’acemos unos cuantos ejperimentos y p’a casa, hombre de dió.

-Me paice correcto. Una cosa namás: ¿estaré en casa pa la cena? Hoy tocan gachas, y frías no están muy allá, no sé si mentiende.

-En cosa de ná estamos acabaos. ¿Ve usté eso d’allí? Es la nave nodriza.

A través del amplio parabrisas aparecía una gigantesca nave rectangular con luces en la parte superior, en la que se estaba abriendo completamente el enorme panel frontal del fuselaje para recibir a su nave.

-Con to los respetos, eso se paice a un lavavajillas.

El alien consulto de nuevo el diccionario…

-¡Que sabrá usté! Esa es la nave nodriza, y punto.

El platillo entró lentamente al interior de la nave, donde había otros platillos volantes alineados en forma vertical en el pequeño espaciopuerto. Un gigantesco aspersor situado en el techo empezó a rociar con agua a la nave para eliminar los restos de polvo cósmico y agentes contaminantes.

-Lo dicho -pensó el hombre- un lavavajillas.

Ya en el interior de la nave nodriza, Braulio fue llevado por otros aliens de atuendo aún más grotesco a una sala iluminada con luces rojas, en la que por todo mobiliario había una enorme cama redonda con espejo en el techo, cuadros con desnudos y otros elementos decorativos que le hicieron replantearse la verdadera naturaleza de esos experimentos a los que iban a someterle.

Y cuarenta y tres meses más tarde nací yo, justo cuando la nave dejaba la órbita de Neptuno. Tendréis que admitir que de cierta manera fui abducido, aunque solo sea por las leyes de Mendel.

No es fácil la infancia a bordo de una nave interestelar. Tengo grabado en mi memoria mi primer recuerdo: una señora alien agarrada a una lámpara y mirándome de forma amenazadora.

-¡Como vuelvas a tocar el control de gravedad, te meto, niño!

Si, yo era bastante travieso. Mi madre alien se esforzaba por corregirme, pero no era muy ducha en el lanzamiento de zapatilla aunque, eso si, con tanto brazo disponible, me las iba tirando a tal velocidad que era difícil esquivarlas todas.

Creo que además me tenía cierta inquina porque, por algún capricho de la genética, mi cuerpo había resultado totalmente humano, y parece que eso les fastidiaba bastante. A los humanos, incluso a los mestizos como yo, nos consideraban una especie inferior, unos atrasados sin antenas con solo una cabeza y cuatro extremidades que no servían para nada. Eso si, mis pulgares oponibles eran la envidia de toda la Guarderia, y bien presumía yo de ello cada vez que a algunos de los aliencitos se le caía el lápiz.

A pesar de todo tuve una existencia feliz. Y por supuesto he visto un montón de cosas que no os podéis ni imaginar, aunque me quedé sin ver los rayos C en la puerta de Tanhausser, porque ese día me castigaron y me perdí aquella excursión.

Conste que no fue culpa mía, sino del sistema educativo. ¿Acaso es tan grave que un párvulo dibuje unos cuantos garabatos? Vale que usé el cañón de rayos gamma, sí, pero, total, por aquel desierto de Chile no pasa nunca nadie.

Como aquello de las pirámides. Leches, ¿tanto les costaba comprarme un Lego? ¡Pues que no hubieran dejado puesta la llave del omnilevitador!

No se si fue por mi comportamiento poco ejemplar o porque la carga genética de mi progenitor me hacia diferente, el caso es que un día decidieron retirarle la custodia a mi madre alien, por lo que estuve un tiempo con los servicios sociales interplanetarios hasta que decidieron devolverme a la tierra, antes de que les sembrara todo aquello de ciberpatatas.

Y así, una tarde de mayo me dejaron en el mismo lugar de la abducción, previa escala en el duty free del triangulo de las bermudas. Yo pensaba que habíamos parado en aquel secarral para hacer pis, pero cuando me quise dar la vuelta el ovni ya iba por la rotonda de Andrómeda.

El caso es que ya estaba en mi lugar, la Tierra. Y aquí es donde empecé a ver cosas raras. ¡No os podéis ni imaginar!

Para empezar, la gente usaba dos de sus extremidades para desplazarse, como si Als91brx4456, alias Als91, no hubiera intentado la antigravedad hacia veintitrés eones. Y si os contara más detalles no terminaría nunca. ¡Esa gente esta atrasadísima! Para que os hagáis una idea, se limpian el culo a ciegas. Con eso lo he dicho todo.

El caso es que estuve allí poco tiempo, el suficiente para propagar un poco mi adn (un ascazo, a mitad del intercambio se ponen a gritar y a hacer cosas raras con la boca…) y arreglar un poco lo de las pirámides, hasta que pude colarme en uno de sus primitivos cohetes (a reacción, no os lo perdáis) y salir al espacio exterior donde me recogió un taxi y pude volver al espacio civilizado.

Solo lamente no haber podido conocer a mi padre, pero tras buscarle por todas partes al final supe que estaba en un extraño hotel donde las paredes estaban forradas con colchones y los huéspedes iban con unas camisas que tenían las mangas atadas a la espalda, por lo que decidí no molestarle, aquello tenia pinta de ser hiper caro y no era cosa de estropearle las vacaciones.

Y aquí termina mi relato, pero no mis viajes en solitario que, tras conseguir un fantástico empleo, me llevaron de un confín a otro de la galaxia durante años a bordo de la nave interestelar Pizza Hut 154X. Si alguna vez veis luces extrañas en el cielo, pensad que puedo ser yo, llevando una cuatro estaciones.

4 Comentarios

    1. ¿Imaginacion? Mis amigos dicen que lo que tengo es una pedrá! 🤣🤣
      Es solo dejar que la mente divague y establezca relaciones por su cuenta, sin ataduras. Es un sano ejercicio, nos distancia de lo que nos rodea, que últimamente no es muy allá…

      Le gusta a 1 persona

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