La operación bikini.


Pocos parecen saber que el atolón Bikini, al que debe su nombre esa prenda tan adorada y temida, pertenece a las Islas Marshall, en el Océano Pacifico.

En ese inocente y escueto trozo de tierra estuvieron haciendo pruebas nucleares desde 1946 a 1958, convirtiendolo en el lugar más radiactivo del planeta.

Pero la palabra Bikini no está asociada en nuestro inconsciente colectivo a este hecho catastrófico, como si lo está por ejemplo Chernobil, sino a otra tragedia mucho más de andar por casa que tiene lugar en estas fechas en gran parte del hemisferio Norte: se acerca el momento en el que el bañador por recatado que pueda ser dejará al aire los estragos de nuestra hibernación, agravada este año por las calorías extra que nos ha aportado el confinamiento.

Tragedia esta que no entiende de edades ni sexos, que a todos nos gusta lucir tipín, nos acaba llevando a extremos que se resumen en sufrir durante meses para disfrutar cuatro días.

Si se antoja imposible la tarea de eliminar la radioactividad del sufrido atolón, no menos compleja resulta en ciertos casos la de deshacerse del doble ombligo o limarse asperezas hasta dejar al descubierto los fósiles de lo que un dia fueron abdominales. Cuando la tableta de chocolate ha evolucionado a bizcocho con tropezones malamente se la puede volver a encontrar bajo incontables estratos de felicidad dando aburridos paseos vestidos del Decathlon.

¿Donde está Rubens cuando hace falta? Porque a muchos, entre los que me incluyo, nos vendría de cojones un cambio de criterios estéticos. Váyanse a la mierda los bikinis para escuálidas, desplazados por prendas mucho más al estilo de Botero, como albornoces talla espinete, bañadores de cuello a la caja, camisetas con las que se podría poner un doble techo a una tienda de campaña o bermudas estilo Capitán Tan con soporte para cerveza que harían furor en los chiringuitos.

Y así, en vez de celebrar el atolón radioactivo con dietas tiránicas y sudores improductivos, la llegada del verano no sería más que una prolongación de las felicidades del invierno.

¿Os preocupa ir al mar con esas lorzas? ¡Que tontería! ¡Hagamos caso de los mamíferos marinos, que saben mucho de esto!

Un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s