De Méritos y Deméritos…


1

—Se va a notar que lo has hecho tú, Pepe.

Esta maldita frase me ha estado revoloteando en la cabeza todo el trayecto. Mientras aparcaba me tranquilizó pensar que en realidad la peque iba bastante bien en clase. Incluso nos habían felicitado por su precocidad para aprenderse los colores y distinguir las partes del cuerpo humano. Digo yo que no resultará extraño que una niña tan adelantada presente ese trabajo, ¿no? ¿A qué preocuparse entonces? Cari, esta vez no vas a poder regodearte con uno de tus “te lo dije”.

Estamos ya el pasillo hacia el salón de actos. Hay tablones donde están expuestos algunos de los trabajos de los alumnos. Nada destacable, la verdad: Carteles sobre ecología o temas de igualdad, la mayoría con trazos bastante burdos y fotografías recortadas de cualquier revista y pegadas de mala manera. Si este es el nivel que hay aquí, tenemos el triunfo asegurado.

—¿Alguno de estos carteles es tuyo, chiqui?

—Noooo, mami. Estos son de los mayores. Los nuestros son más chulos. Están en clase.

Lo dicho. Si los mayores hacen esas mierdas, ¿que no harán los pequeños? Que no, que no hay color: nuestra torre Eiffel con palitos de helado va sencillamente a arrasar. Vaya. Esto está hecho. Cojo ahora mismo a mi peque de la mano y nos vamos a hacer nuestra entrada triunfal en el salón de actos.

—Me adelanto a coger sitio, cari. Y tú, si quieres, te puedes quedar un poco más aquí en el Gugguenheim…

—Tu madre será una santa, Pepe, pero tú…

Mecachis. Batalla perdida. Esto está atestado de gente. Ni un solo asiento libre en las primeras filas. Por ahí llega mi santa. Esta se las sabe todas, seguro que ha entrado por la puerta lateral para pillar un buen sitio. Mírala, ahí va con más desparpajo que un lateral derecho corriendo por la banda, saludo aquí, saludo allá y ¡zas! Dos sillas vacías junto en el pasillo central. Ole tu cuerpo serrano, cari.

-Chiqui, ¿ves a mami? ¿Si? ¡Pues tira corriendo y te sientas con ella!

Y el menda se va a quedar aquí, de pié, junto a la pared, pegadito al estrado para no perderse ni un solo detalle. ¡Cómo voy a disfrutar esto! No es mal sitio este, bien cerquita para subir a recoger el premio, aunque me parece a mí que ese altavoz de ahí me va a dar la mañana. Esperemos que la conserje haya aprendido ya a manejar el equipo de sonido, porque, como se le acoplen los micrófonos, me va a dejar los tímpanos como un colador. Pero aquí voy a estar bien, vaya que sí: desde aquí puedo ver las caras de todos esos perdedores. A ver quién tenemos por aquí…

Desde la primera fila me saluda Jorge, el padre de Anita. Uno de esos que siempre tiene que llegar el primero. Se levanta todos los días antes de las cinco para darse el gustazo de aparcar en la misma puerta del cole. Seguro que el muy capullo ha dormido en el coche para poder pillar sitio.

Y esa de la segunda fila va a ser… Sí, es Poli, la que siempre llega tarde y con prisas. No la conocía, se ve que se le ha ido la mano con el rubio platino. Menuda pájara, ¿Poli? Seguro que en realidad se llama Hipólita, o Apolonia, o ¿Poli…morfa? Hay días que suelta a la pequeña terrorista en la puerta del colegio con los zapatos desatados y las coletas a medio hacer. Pero, eso sí, ella sieeeempre divina de la muerte. No es raro que la criaturita esté tan escuchimizada: seguro que la mitad de los días no le da ni tiempo a darle el desayuno. Pero lo que no comprendo es cómo ha podido coger un sitio tan bueno, aunque… ¡claro! ¡Ahí está! Se lo ha guardado su inseparable Cuquita, otra que tal anda. La de los escotes nivel hachazo. Que sí, hija, que si, que ya sabemos todos que tu marido te ha regalado esos dos cascos de bombero. Menuda pareja, son uña y mierda. Entre esas dos le hacen los objetivos del año al comercial de los tintes para las peluquerías.

Parece que esto tarda. En fin, a ver quién hay más…. Por ahí tenemos a Peláez, el chato. Ahora que me fijo, la verdad es que es chato. Pero chato, chato. Joooder. A este seguro que le venden las gafas con velcro. Ah, allí esta Hortensia, como siempre, provocando dolor de cabeza a dos metros a la redonda. Seguro que el marido está de pié en un pasillo. Míralo, allí está. ¡Felix, tú si que sabes, macho! Vaya, y ahí está Gutiérrez, el de la delegación de hacienda, que se ha ido a sentar justo debajo del proyector de video… no hubiera un poco de suerte y se aflojaran esos tornillos… 

En fin, no ha faltado ni uno. Ahí están todos enzarzados en sus charlas de circunstancia con los padres que les han tocado al lado. Bla, bla, bla, y ni puto caso a los niños. ¿Niños digo? ¡Terroristas!  Ahí los tienes a todos alborotando y jodiéndose vivos entre ellos, y a los padres, y a los padres de sus amigos y al sursum corda si hace falta.

No es mal sitio este, no. Ya me veo a mi peque recorriendo el pasillo mientras todos estos idiotas aplauden y se consuelan como pueden, porque estoy seguro de que a ninguno de ellos se le ha ocurrido tomárselo en serio y hacer una manualidad en condiciones. Menuda pandilla de… pero, joder, a ver si ahora no presentan más que collares de macarrones y mierdas por el estilo, y mi peque con esa obra de arte… Ya verás, ya verás, si al final va a resultar que se nota que lo he hecho yo…

2

-¡Hola Pepe!

Vaya, aquí viene el que faltaba: Arturo el urólogo. Esto es lo malo de ponerse aquí, que pasa por delante tuya todo el que entra. Que remedio, le daremos la mano. Esperemos que hoy no haya tenido guardia, porque da un repelús imaginarse ese manojo de dedos amorcillados haciendo un tracto…

—Caramba, Arturo, vas acelerado, ¿no?

—Joder, Pepe, sin tiempo de nada. Acabo de salir del turno y casi no llego.

Joder, joder, joder. Lo sabía. ¡Que ascazo! Ya me ha dado la mañana este gilipollas.

—Así vamos, tío. Te dejo, anda, que parece que va a empezar la cosa. Nos vemos…

—Seguro, Pepe, llámame, y ya de paso vemos lo tuyo…

¿Lo mío? ¿Ya estamos con esas otra vez? Ya te digo yo que no. Esta próstata no-se-to-ca. Que lo sepas. Pero, bueno, vamos a lo que interesa, que parece que ya están apagando la luz.

Sí, por ahí entran ya la directora, el jefe de estudios, la seño Estela y… vaya, ¿quién será ese calvorota? ¿Ese no es el jefe de tienda del Decathlon? ¡No-me-jo-das! Claro que es él. Pues si está ahí va a ser porque ha donado los premios y le toca entregar alguno. Y como sean tarjetas regalo… ¡ya te digo yo quién va a estrenar unas nike que te cagas! ¡Buah! Y, mira, si se nota que el trabajo lo he hecho yo, ¿sabes que te digo? ¡que se note!

—Hola a todos, queridos padres, queridos alumnos, bienvenidos a este acto de entrega de …

¿Y por qué no unas Adidas? Ahora se llevan otra vez las tres rayas. Ah, allí está Manuel Freire saludando. ¡Venga ese pulgar arriba! Buen tipo este manolo. Siempre sonriendo. Y listo. Seguro que ha visto al de la tienda y está pensando lo mismo que yo. Si es que es de cajón. Manolito, manolito, vete borrando esa sonrisita que la tarjeta regalo ya tiene nombre y apellidos.

—… a la que queremos agradecer también su presencia y su continuo estimulo a …

Mejor una sudadera. Total, las deportivas las uso poco, pero una buena sudadera siempre da más juego. O una camiseta rollo NBA. Esas siempre quedan bien. Vamos, le quedan mal a todo el mundo, pero como hacen ese efecto Fofito, son lo mejor que se ha inventado para que no se te noten las lorzas. ¿Que te cuelga ya un brazo gitano por encima del cinturón? ¡Pues te calzas la de Michael Jordan y dejas que te cuelgue hasta las rodillas, a ver quien encuentra el flotador!

—… que este año ha sido de un gran apoyo para todos los profesionales que trabajamos en este centro, y también para los profesores, por…

Espera, Pepe, espera, que igual estas desbarrando un poco. Esto es una cosa de críos y tampoco irán a dar premios muy allá. Pero, bueno, que menos que esa tarjeta lleve veinte o treinta eurillos… Total, después se le echan encima otros cincuenta eurazos y ya dan para hacer un poco el Spiderman por los pasillos del Decathlon.

—… es de biennacidos y, por último, pero no menos importante, agradecer también a la cuñada del hijo del portero del hotel donde se reúne la comisión municipal de festejos por su inestimable…

No sé ya que pensar. Por la carilla de satisfacción de manolito igual el premio es de categoría y a lo mejor salimos de aquí con un patinete eléctrico o una cinta de correr, que aunque en principio no parezcan regalos muy para niños, seguro que ese hombre de ahí aunque no tenga mucho pelo en la cabeza si que entiende de su negocio y está en el mundo, y por tanto sabe que a quien hay que tener contentos es a los padres, que somos los que abrimos la cartera al pasar por las cajas…

—… por su colaboración a la realización de las jornadas de estudio sobre Al-Gafequi, el oculista árabe del siglo XIII al que debemos…

Total, nosotros ya nos ocupamos de los críos. Ni que decir tiene que lo primero que tiene uno pensado al salir de aquí es pasar por la tienda de chuches, que quieras que no, mi peque también ha ayudado con el trabajo.

—… sería interminable, pero una vez terminados los agradecimientos, pasamos sin más dilación a los reconocimientos, empezando por el ampa que, como siempre…

Es que se lo merece, la criatura, aunque en realidad solo haya hecho el cartelito con su nombre.

—… también, y por qué no, a la asociación de redactores de estatutos para asociaciones sin cuya labor…

Aunque eso lo podría haber hecho yo también, pero entonces es cuando se habría notado.

—… sin olvidar a la organización provincial de abreviadores de discursos, recientemente clausurada, cuya ingente tarea…

El caso es que no se va a notar. Además, joder, ¿a quién le importa? ¿Es que vamos de puristas? Seguro que todos estos le han echado una manita a sus hijos.

—… no quisiera dejarme en el olvido a la concejalía de regularizaciones y cuadres contables que, como sabéis, se ocupa de hacer desaparecer los fondos que no han sido consumidos por las otras concejalías, y así hay…

Vaya que sí. Esos les han hecho los trabajos. Lo veo en sus caras. ¿Serán hijos de….? ¡Menudos estafadores! Y yo preocupado… ¡Si aquí el que no corre vuela!

—… untamientos ejemplares como el nuestro. Y ahora le cedo la palabra a Estela, nuestra querida seño Estela, quien va a recitarnos un sencillo poema para concluir esta breve presentación.

¡Vaya! ¡Por fin! Parece que ya va a empezar el asunto! ¡Menos mal!

—Queridos padres y alumnos, los versos que vienen a continuación tienen un especial significado en un día como hoy por…

Bueno, es solo una poesía, y no llevaba más que ese papel que asoma del libraco gordo, a esto le quedan máximo un par de minutos y vamos a lo que vamos.

—… y por esta brevedad, recitaré solo una de las dos partes de que se compone el poema…

Bien, bravo por la seño. Ha visto que los niños ya no aguantan más y va a

—…concretamente esa que Homero tituló “La ilíada”. ¡Canta, diosa, la cólera funesta del Pélida Aquiles…

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