Atención al cliente


Andrés encontró al fin el rótulo de la tienda, perdido entre los luminosos de la céntrica calle. “El Bazar de la Alegría”. En letras algo más pequeñas rezaba el ostentoso reclamo “Todo para la decoración de su zona de confort”. Y en un tamaño mucho más pequeño “En este comercio no tenemos productos chinos”. Miró otra vez la etiqueta. Sin duda, era allí.

Entró con decisión y saludó a la encargada con un enérgico “buenos dias”.

-Buenos días, ¿qué desea?

-Venía a devolver este happyphone o como se llame. Es un regalo, ¿sabe? Parece que no funciona.

-Ajá. Veamos…

La mujer abrió la caja de cartón rotulada “happyphone – el teléfono que solo trae llamadas agradables” y sacó el aparato.

-No veo nada raro. ¿Qué le pasa?

-¿Como que qué le pasa? Ya le he dicho que no funciona. Llevo tres días con él, desde que me lo regalaron, y no he recibido ni una sola llamada.

-Es extraño, si. ¿Ha probado a hacer que le llamen?

-¿Qué si he probado? ¡A mí me llaman centenares de veces al día! Pero desde que tengo este aparato, nada. Ni una. Lo intentan, pero nada. Después me llaman al fijo o me mandan correos quejándose, que si lo tengo apagado, que si no pueden hablar conmigo… ¡Este cacharro es una mierda!

-Ajá. Vamos a probar. Marcaré su número con el mío.

El móvil de Andrés empezó a vibrar sobre el mostrador y dejó oír su alegre melodía. Andrés lo cogió, aceptó la llamada y, a pesar de que tenía enfrente a su interlocutora, dijo mecánicamente “dígame?

Ya ve que su teléfono funciona.

Andrés colgó la llamada y se quedó mirando estupefacto a la mujer.

-Pero esto… ¡Esto no puede ser! Le aseguro que no funciona. Es la primera ve que ha sonado desde que lo tengo.

-No se lo discuto pero, ¿ha probado a leerse las instrucciones?

-¡Yo no necesito leerme las instrucciones de un jodido teléfono móvil! He tenido aparatos de todas las marcas y nunca he necesitado… joder, le pones la tarjeta y funcionan, así de sencillo, tampoco hay que estudiar una carrera para hacer una llamada…

-Perdone usted, pero este es un móvil muy especial. Como pone en la caja, solo trae llamadas agradables.

-¿Quiere decir que…?

-Precisamente, le acabo de llamar para darle una noticia agradable, en este caso que su móvil funciona, y ya ve que el aparato ha hecho la llamada perfectamente.

-Pero… pero… ¡eso no puede ser! Yo recibo cientos de llamadas… trabajo, negocios, amigos… ¡no puede ser que ninguna haya entrado!

-Tal vez esas llamadas no eran agradables…

-Me da igual, a mí este trasto no me sirve para nada. Aquí tiene el ticket.

-No devolvemos el dinero. ¿Ve el cartel? Pero puede canjearlo por otro artículo.

-No se que podría llevarme…

Andrés echó un vistazo por las estanterías.

-Si quiere puede llevarse esta radio que solo da buenas noticias, o alguna de estas novelas donde al final la chica siempre se casa con el chico, o esta televisión de veinte pulgadas donde solo salen los políticos cuando dicen la verdad…

-Esto… mire, déjelo, mejor volveré otro día.

6 Comentarios

  1. ¡Qué triste! pero la verdad es que pocas llamadas con buenas noticias recibimos… Por ejemplo, cada vez que recibo una llamada de mi hijo pienso “qué le pasará esta vez…”
    Es una buena historia con moraleja.
    Felices fiestas, Isra. Un abrazo.

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