1 palabra, 10 minutos


Dulce.

15:39

Los veo pasar, cuerpos atléticos de adicto a la endorfina, tabletas de chocolate del todo a cien, gemelos que pesan como grilletes, ajenos al tráfico y a la gente, abducidos por sus mantras de auricular de marca, vestidos con las mejores galas del Decathlon o subidos la bicicleta más cara del wallapop. Le tiro un tiento al croissant y me pregunto, ¿en serio creen que van a vivir más que yo?

Probablemente. Medito, le echo el azucarillo al café y me vuelvo a preguntar, ¿o es que piensan que van a vivir mejor?

Es posible. Todo son posibilidades y, sin embargo, el trozo de croissant que está naufragando en la taza es tremendamente real. Al cuerno con la estadistica.

Porque yo abjuro del culto al cuerpo, herejía de estos tiempos que seduce a sus fieles de tal manera que darian su alma por una buena pose para el Instagram. Reniego de tanta sobredosis de salud, de todo esa paranoia por alargar la vida al precio de convertirla en una jodida esclavitud.

Dadme dulce, joder, que cada orgasmo de mis papilas gustativas vale por diez maratones.

-Camarero, traiga otro.

15:49

No practiquen estos consejos en casa.

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