Calentamiento global.


Entro en el café como si nadie antes hubiera sabido pisar sus gastadas baldosas. Cada uno de sus pasos, tan cadenciosos que daban tiempo a un avemaría, era una clase magistral de geometría. Sus curvas volvían groseros los arabescos de las columnas y la gracia de su figura era tal que el silencio barrió como una ola todo el salón.

Se posó con suavidad sobre una silla que apareció de la nada con precipitada caballerosidad. El camarero recibió a cambio de la absenta una mirada lánguida, tesoro que exhibiria durante años en charlas de desayuno y suspiros de trastienda. Todos la miraban y eso, lejos de incomodarla, la volvía aún más distante y sutil.

Aquel día la temperatura media del planeta subió uno coma tres grados, y a nadie le preocupó hacer nada para remediarlo.

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