Solo.


Sentado en un patio
de sábanas negras tendidas sin sol.
Solo en su banquillo,
mirando al suelo,
vacío de escrúpulos, ahíto de excusas.
Sin más compasión que la que se concede,
ni otra conciencia que la que se arrancó,
solo, aquel día.

Las palabras resbalan por sus oídos impunes.
Solo, ajeno al dolor ajeno,
transparente a sus sufrimientos,
aliviado de remordimientos y
solo,
inmune a las togas,
atrapa al vuelo mentiras que le eximan
y se inventa lágrimas de impostura
que su propia piel repele
y el suelo,
en sucios charcos,
desprecia.

Solo, amortizando su crimen
en cada gesto calculado,
en cada estudiado suspiro
y en cada mirada y sollozo,
mientras busca,
ansioso,
por los bolsillos de sus recuerdos
esa inocencia que robó,
para poder,
solo,
pintársela en el rostro.

Solo ante un mar de togas,
solo frente a acantilados de firmeza,
y playas de vidas rotas,
solo bajo miradas ausentes,
rojas de dolor, firmes,
que escrutan su cuerpo
buscando un alma.

Solo ante su destino,
solo,
despreciado y proscrito,
solo ante las muertes,
la que dio y la que le espera,
solo y aterrado,
solo,
hasta que el martillo
golpee su destino.

Y solo morirá mientras vive,
solo, deseará la muerte,
redentora,
mientras llega.
Solo, pagará con su vida,
y solo vivirá,
solo,
hasta que muera.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s