La Verdad Ultima.


Waldo III el sabio era muy querido por todos su vasallos. Su largo reinado había traído paz y prosperidad al pequeño país montañoso. Su pasión por la cultura y las artes anticipó varios siglos eso que la historia dio en llamar la Ilustración. Gustaba de rodearse de talento y así su corte, lejos de estar formada por nobles y guerreros, estaba repleta de artistas, poetas y filósofos que ejercían sus artes en libertad con el apoyo de la corona.

Sintiendo ya cercanas sus últimas horas, el rey Waldo convocó a los más principales para transmitirles su postrer empeño, el afán que consumía su espíritu desde que tenía uso de razón y al que había dedicado sus más profundos pensamientos.

-Antes de dejar este mundo quiero descubrir la razón última, el cimiento fundamental que soporta cualquier otra verdad, ese silogismo definitivo e incontrovertible sobre el que, más allá de toda duda, se sostiene el misterio de nuestra existencia.

La corte en pleno se volcó en atenciones con su rey. Era menester cumplir a cualquier coste el último deseo de su amado soberano. El visir reunió a sus consejeros y, tras lardo debate, entre todos decidieron convocar a las mentes más ilustres de la época para reunirlos en un lugar aislado y recóndito. Allí, ajenos a toda preocupación o molestia, podrían dedicarse por entero a resolver la cuestión que se les planteaba.

Excelsos sabios, grandes filósofos, acendrados religiosos, reconocidos artistas, talentosos poetas, algún afamado alquimista, experimentados hombres de letras, reputados físicos y galenos, y también copistas, guerreros, presuntos magos, espiritualistas de toda especie, un pobre eremita que se negaba a abandonar su cueva y al que hubo que obligar a cubrir su desnudez con un sayo que se quitaba a la primera oportunidad, charlatanes, viajeros, un par de antiguos cruzados que vivían como anacoretas, monjes, iluminados de todo tipo y hasta un extraño individuo que afirmaba haber visto cara a cara la muerte tras curarse de unas fiebres, se encerraron por propia voluntad en un aislado torreón de la montaña para encontrar la respuesta. Juraron por el rey y por aquello en lo que cada uno creía no dejar el lugar hasta haber hallado la respuesta.

¿Te atreves a leer la historia completa?

8 Comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s