El pacto con el lector.


Ayer terminé de leer una novela de fantasía que me dejó un sabor decepcionante. No voy a citarla porque el autor tiene algunos Hugos y Nebulas, y a fin de cuentas ¿quién soy yo para decir lo contrario?

El caso es que tras desarrollar una serie de tramas que se entremezclan con cierto interés, el autor les da carpetazo en un final en el que aparecen unos magos que, por las artes propias de su oficio, ponen todo en su sitio “en dos patás” y te dejan con el culo escaldado pensando ¿y para este viaje esas alforjas?

Yo soy mucho más de la idea de Scott Card, quien afirma creo que con buen criterio que el autor, al presentar su historia, establece un pacto con el lector. Por este acuerdo, el autor se obliga a definir un contexto y respetarlo durante el resto de la obra.

Creo que es lo mas honesto.

Si cuando Ulises llega por fin a Itaca apareciera una nave extraterrestre y abdujera a Penelope y Telemaco, yo creo que Homero además de morir pobre lo habría hecho en un psiquiátrico.

Porque la fantasía tiene su propia lógica, y sus propias normas. Logica y normas que el propio autor define con total libertad pero que el mismo tiene que respetar.

Y cuando esto no ocurre se siente uno engañado. Si esos magos estaban ahí todo el tiempo y podían hacer todas esas maravillas, ¿por qué no las hicieron antes?

Los recursos tiene que jugar a favor de la historia, no a conveniencia del autor. Y hay que mostrarselos al lector durante la trama, y no al final, porque así se priva al lector de su derecho a especular y tratar de anticiparse al desenlace.

Ese es un derecho que debería estar reflejado en la declaración universal de derechos del lector: si las historias nos plantean incógnitas, los lectores tenemos derecho a conocer todas las variables que las resuelven.

Imagínate que la Christie nos presentara en el último capítulo a un asesino del que no se ha sabido nada durante la novela: Uno tendría que empezar por disculparse con el mayordomo, el jardinero, la viuda rica, el heredero, la joven despechada, el alocado poeta que vive en la esquina y hasta con el zoquete de Scotland Yard que estaba más perdido que una cabra en un garaje, por haber sospechado de ellos sin ningún fundamento. Y después de esto, devolver la novela a Amazon a portes debidos.

Lo bueno del caso es que la novela de infausto final tiene dos largas secuelas, que las va a leer el Tato. Pero nadie, por muchos Hugos y Nebulas que pueda tener, me va a devolver mi tiempo.

A no ser que en la editorial hayan contratado a uno de esos magos para atención al cliente, claro.

14 Comentarios

  1. Y…. ¿qué me dices de esas series que por alargar y alargar las temporadas le dan tantas vueltas a los personajes que al final ya no saben cómo terminarla porque se les fue de las manos y nada tiene ya sentido??
    Según te estaba leyendo me vino a la mente “Lost” que aguanté viéndola dos temporadas…A mitad de la tercera dejé de verla porque me parecía una tomadura de pelo y…he terminado de verla hasta el final hace unos meses…por aburrimiento (no podía salir de casa por mi lesión en la cuerda vocal)….y por aquello de terminar de verla…pero saltándome capítulos…😂 😂 Totalmente decepcionante..🤪

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    1. Pues que el mérito es de los guionistas, más que de los productores. Imagino la presión que tienen que soportar para sacarle más jugo a una historia de la que tienen que estar hasta los mismísimos.
      Pero donde esté un buen libro…

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  2. Pingback: ¿Te censuras?
  3. A lo GOT… No me imagino qué pasa por la mente de alguien que deja el trabajo así. Igual está cansado de escribir y ala! venga! así mismo y a correr! Pero sí, es una falta de respeto para el lector y un pérdida de potencial para leer otras novelas.

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    1. Pues es uno de los grandes. No voy a decir quien es porque me vais a crujir vivo. Pero tiene una escena gloriosa: un personaje que se cura la ceguera tocando la gaita. Con dos webs.
      Menos mal que esto me ha pillado con un dolor de la leche y cuando lo he leído estaba hasta las cejas de nolotil.🤣🤣🤣🤣

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  4. Todos tenemos gusto, bueno o malo, y podemos darlo a conocer mientras no cometamos el error que lo pongamos como referente. Yo, con mi incultura literaria, lo que leo si me gusta bien y. si no me gusta, pues no. Que luego el autor resulte ser reconocido, o prestigioso, o prácticamente anónimo, me da lo mismo; para mí, el vino es lo que está en la copa y no, lo que ponga la etiqueta de la botella.

    Ahora que el rollo que te has tirado y escondiendo la mano no se si podré perdonalo para ayer o el año pasado. Que luego yo me suelto otra retahíla de cuidado y, a mí mismo, me tengo que aguantar a diario, no me queda otra.

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        1. No jodas, que no es Scott Card (aunque tiene escrito algun ladrillaco de cágate lorito). De Don Orson solo tomo la cita del pacto con el lector, pieza clave de su ensayo sobre escritura de scifi y fantasía.
          Por dios si me se Ender casi de memoria!!!
          Se trata de otro autor, al que le he leído cosas buenas en scifi, pero en fantasía me ha dejado KO.

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          1. Me da igual yo soy ateo practicante, ni credo ni catecismo ni biblia me abduce, y mira que esta última debe ser el libro de fantasía más leído de la historia. Mi nivel literario solo me da para opinar como lector así que puedo, a nivel de gustos, bajar del burro a cualquiera, simplemente con la coletilla: “para mí…”

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