Agreste epifanía.


Ahora veo que todo aquello tenía un punto de narcisismo. Escribir era como lanzar la caña y esperar. Esperar a las estrellitas, a los comentarios, alguna alabanza, un seguidor más, un puntito más en las estadísticas.

No era consciente de ello. Lo vestía de otras cosas para no verlo. No, yo me creía por encima de aquello. ¡Bien que decía que no me importaba! Y, sin embargo, así era.

Me alimentaba de todo eso. Tenía hambre de reconocimiento, y ese ansia me hacía seguir, intentarlo una vez más, jugar, enredar, practicar, tirar de cualquier idea, hasta de la más insignificante ocurrencia para amasarla, engordarla y engancharla en el anzuelo.

Ahora veo que en el fondo, por debajo de mis presuntas buenas intenciones, estaba esa maldita necesidad de agradar, de ser reconocido… de acrecentar mi ego. Un lastre con el que cargo desde niño, tal vez un complejo mal compensado, puede que algo más profundamente arraigado en mi forma de ser.

(No te gusta, ¿verdad? ¡Vaya, para una vez que soy sincero! En fin…)

Porque lo que hacía aquí iba más allá de llamar la atención. Que tontería, para eso están las redes sociales. Aquello era mucho más laborioso y taimado. No era ya presentarme a los demás como quería ser, humana debilidad donde las haya, sino mostrarne como yo mismo creía que era.

(Si, yo soy el primer engañado, aunque no creo que eso te sirva de consuelo).

Porque en el fondo yo creía que era bueno, sabía que era bueno, y tambien en eso estaba absolutamente equivocado.

Ya ves, han hecho falta todos estos meses de negarme día tras día a asomarme por aquí para asumir y reconocer que en todo ese tiempo no fui honesto ni sincero contigo. Porque jamás te di esa verdad que yo mismo me negaba. Y eso no es pecado venial: está muy por encima de lo que pude llegar a hacer; pues si hubo algo digno, en realidad estaba podrido de intenciones.

Y ahora, finalmente, veo que ni siquiera tengo altura moral para deshacerme en disculpas. Solo puedo contarlo, sacarlo fuera para que también sea parte del pasto que avive las llamas.

Ya lo dije ayer. Quiero quemarlo todo, incluida la imagen que puedas tener de mi. Deja que arda y se consuma. Solo así me veré libre.

No me perdones. Yo no lo hago.

7 Comentarios

  1. No, no, no..
    Para nada. No estoy de acuerdo. Cuando alguien tiene un “talento” (como tú ) su “obligacion” es compartirlo porque, no hacerlo sería muy egoísta por tu parte ( 😝 )…
    El tema de la vanidad, los “me gusta” y demás es algo que requiere un poco de esfuerzo mental para no dejarse arrastrar por ello pero puede conseguirse…
    Tú pon el foco en escribir para ti y en publicarlo para que no se pierda y luego si hay más o menos visitas, más o menos “me gusta” o más o menos comentarios no te importe lo más mínimo porque….tu salud mental depende de ello!!
    Mientras seas consciente del peligro y mantengas a tu Ego bajo control todo irá bien!! 😉
    Ánimooo!!

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    1. Gracias de nuevo. Ya quisiera yo tener algo de talento, para esto, o para lo que fuera, pero no es el caso. No importa, la mediocridad tampoco es mal lugar, siempre que uno se despoje de pretensiones absurdas y se dedique a disfrutar de lo que hace.
      Un abrazo!

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      1. Mediocre en todo caso será quien no sabe reconocer el talento para escribir que tienes…
        Si yo no lo creyera de verdad… no te lo diría…
        ¡¡¡Ánimo y sigue escribiendo!!! No dejes de hacerlo nunca, vale? Nunca dejes de soñar…. Nunca dejes de perseguir tus sueñossssssss!! 😉
        AbrazOTE

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  2. Ummmm ¿sabes qué? Creo que sigues siendo mi Israel. Inseguridad, humildad, timidez, descaro, ironía, humor, honestidad y un poquito de vanidad (solo una pizca); ingredientes necesarios para escribir, ser leído y mejorar.
    Un besaco bien gordo😘

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    1. Pues sí que me reconozco en esos ingredientes, tanto si son virtudes como si son defectos. Pero falta lo más importante: la receta. Sin eso, es como tirar dardos contra la tabla periódica.

      Otro besaco para tí. Y muchas gracias!!!

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  3. Lo que comentas es una verdad incómoda, que pocos reconocen y de la cual no todos somos conscientes.
    Creo que, en el fondo, todos tenemos nuestras inseguridades; y tratamos de escapar a las mismas con actos que nos otorguen un cierto prestigio ante nosotros mismos. El caso del escritor es un caso típico de vanidad; vanidad que se origina, por tanto, en la inseguridad. Pero, un pintor no codicia también ese reconocimiento? Y un músico? Y un actor? Y, sin ir tan lejos: las redes sociales se basan en nuestras inseguridades y en nuestros complejos. Uno busca siempre hacer el comentario más ocurrente, ser admirado por una observación inteligente, tener cuantos más amigos, aunque no hable con ellos ni los conozca en persona… Necesita compartir fotos y dar a conocer su vida… Todo por un supuesto éxito que necesita. Porque su vida, en este mundo tan abocado a la competitividad, es una mierda. Y niños de 10 años ya buscan reconocimiento en las redes sociales; y, lo peor, con el aplauso de sus padres.
    Todos somos vanidosos, porque todos somos inseguros.

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