¿He sido yo?


Y mira que uno lleva años resistiéndose a hablar sobre política. Total, es imposible convencer a nadie de nada. Pero es que hay cosas que…

Además, esto también es un ejercicio: la sátira, el sarcasmo, la metáfora malintencionada y la hipérbole tendenciosa son también herramientas que conviene aprender a manejar. En fín, aquí os lo dejo…

Hoy he visto al fantasma. Está en los medios, en las redes. Es conocido. Es un fantasma de esos de toda la vida, de los de andar por casa, de los que vuelven una y otra vez. Y hoy ha aparecido de nuevo. Raro, raro. Porque solo aparece cuando no se le llama ni se le necesita. Cuando no se le espera ni se le echa de menos. Pero cuando aparece, como decimos en mi pueblo, sube el pan.

Me refiero a nuestro particular Steve Urkel, ese fantasmón que ha abierto de nuevo el pico para soltar su consabida frase: ¿He sido yo?

Pues sí, querido, has sido tú. Lo han pagado otros, pero has sido tú. Tuviste la oportunidad de aparecer hace solo unos días para cargar con lo tuyo, pero no, entonces no te venía bien ¿verdad? Lo cierto es que has tenido años y años para hacerlo pero ya sabemos que nunca se te ha dado bien eso de dar la cara. Y ahora, cuando crees que ya ha pasado todo apareces con tu cara de inocentón y dices ¿he sido yo? como si al hacerlo esperaras que nos echáramos unas risas y te perdonáramos tus travesuras.

Pues va a ser que no.

Porque muchos recordamos tus barrabasadas. Por citar una, aquella boda que al cabo de los años ha resultado más desastrosa que la de Juego de Tronos (o será que se han puesto de moda las rayas horizontales y yo no me he enterado). Que para el caso la podrías haber celebrado directamente en Estremera o Soto del Real y te habrías ahorrado un pastizal. Entonces dijiste, como siempre, ¿he sido yo? Y te podría conceder que allí había mucha gente, pero como sabemos que siempre que estás en algo sobrevienen los desastres, la navaja de Ockam dice que sí, que fuiste tú.

Porque nosotros, querido fantasma, sabemos lo que hiciste la pasada legislatura. Y la anterior. Y las que vinieron antes. Para nuestra desgracia nos hemos tragado todos tus miserables capítulos. Y sabemos que ahora vives ahí, en tu cueva, agazapado como una morena esperando a que pase algún Cousteau para asomar la cabeza justo cuando te conviene y soltar tu venenosa gracieta. ¿He sido yo? ¡Pues claro que has sido tú, jomío! No hace falta ser fiscal general del estado para darse cuenta. Es más, por mucho que preguntes, todos tenemos bien clarito que habéis sido tú y tu banda.

Y ahora desaparecerás de nuevo, como tienes por costumbre cuando las cosas pintan mal. Puede que pases calor con esa piel de cordero. Puede que cuando te pique el hambre vuelvas a por más carroña. Y puede que para entonces todavía exista alguien que te ría las gracias. Pero hay algo que tienes que tener bien claro: Has  – sido – tú.

Así que, si te queda algo de dignidad, no vuelvas a insultar nuestra inteligencia saliendo a preguntar. Cuídate mucho, y sobre todo no te vayas a morder la lengua, que todavía no se conoce antídoto.

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