Tabaco.


Soy fumador.

Perdón, ahora vuelvo: me voy a colocar una tira negra ante los ojos y trataré de poner cara compungida de primer día de terapia de grupo en el salón parroquial. Va, ya estoy.

¡Soy fumador!

¿Y qué?

La misma sociedad que me hizo creer que si fumaba era más macho ahora me estigmatiza por hacerle caso. El mismo estado que lleva décadas vendiéndome mi droga ahora me trata como a un jodido toxicómano y me cruje a impuestos y prohibiciones, solo por comprarle sus productos.

La misma cultura que me impuso modelos de comportamiento donde no había arte sin humo ahora reniega de mi, y de mis gustos, y censura hasta la más ínfima voluta porque resulta que ya no es políticamente correcto, cuando el arte, desde que los griegos esculpían estupendos cuerpos en pelotas hasta hace cuatro días nunca, jamas, ha sido políticamente correcto.

El mismo médico que me recetaba optalidones con un cigarrillo entre los dedos ahora, oh cielos, me demoniza los pulmones y me vaticina canceres y accidentes cardiovasculares.

Pues mira: yo soy fumador porque soy un producto de mi época. Soy fumador porque me hicieron serlo. Los tiempos han cambiado, yo no.

Y no protesto. Tendré lo que me merezca. No voy a hacer apología de este vicio. No fuméis, leche, os lo dice alguien que sabe de lo que habla.

Pero hay dos cosas que me joden.

La primera, que en estos tiempos en que el suicidio sale penalmente gratis, en que las mentes vanguardistas se parten el culo por defender la eutanasia y en que aparecen cada día nuevas libertades hasta debajo de las piedras…

¡A mi me cohiben, persiguen, prohíben, inhiben, multan, crujen a impuestos, acosan, expulsan y maldicen solo porque he escogido mi propia forma de matarme!

La segunda, que estoy hasta las narices de contemplar fotogramas gore cada vez que voy a sacar un cigarrillo del paquete. ¡Como si uno no supiera que el tabaco mata, que deja los pulmones como una bolsa de basura, que causa más atrocidades que un loco con una sierra mecánica o que provoca impotencia (por cierto, trompetilla del quince para el autor de esta última giliteoria)!

¿Se puede ser más tonto? Si queréis que uno no se acerque a un paquete de tabaco, joder, ¡ponedles fotos de políticos! Así, de paso, se demostraría que el tabaco produce ganas de vomitar.

Lo dicho: No fuméis. Pero, vamos, creo me vais a hacer el mismo caso que si os pido que no os suicideis, que no os hagáis la eutanasia, que no consintáis que os aborten al menos hasta que tengáis uso de razón o que del deporte se sale.

Os dejo, voy a por tabaco.

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10 Comments

  1. Fumar o no fumar es propia decisión. Lo que ha cambiado es que socialmente si todos no fuman hay que respetar el aire de los demás. Por otro lado, los impuestos tanto del tabaco como el alcohol debieran ir a sanidad para compensar el gasto que conlleva estas legales adicciones.

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    1. Por supuesto que hay que respetar los derechos ajenos, ese es el primer límite para los propios.
      Yo hablo de libertades, y dentro de mi respeto a los demás, y al aire que respiran, reclamo mi derecho a fumar.
      En cuanto a los impuestos, no valen demagogias: todos van a la misma bolsa y de ahí se reparten. El fumador tiene derecho a asistencia sanitaria, igual que cualquiera, independientemente de las prácticas saludables (o no) que haya asumido. Por ejemplo, el obeso tiene derecho a ser atendido por encima de que el mismo se haya provocado la obesidad. Además, el estado, que ha ejercido durante lustros el monopolio de la comercialización del tabaco, tiene la obligación de asumir las consecuencias en sus consumidores, venga el dinero de donde venga.
      Penalizar el tabaco con impuestos no es una medida reparadora, sino punitiva, con la que puedo estar de acuerdo: lo hace menos asequible, y reduce el consumo. Bien por esa parte.
      Si entramos en demagogias, yo podría quejarme de que con mis cotizaciones e impuestos se paguen cosas con las que no estoy de acuerdo… lo que tiene fácil solución: dieta estricta de Primperan para políticos corruptos (ósea, todos) y que devuelvan hasta el pescado blanco.😂😂

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        1. No, veras, la carga tributaria que soportamos es muy diversa: iva, irpf, sociedades, patrimonio, sucesiones, tasas locales, cánones diversos, impuestos especiales como a los combustibles, alcohol o tabaco, y muchos más. Los gastos del estado son igualmente diversos: intereses de deuda, pensiones, desempleo, asistenciales, infraestructuras…
          Asignar fuentes de ingresos con conceptos de gasto sería absurdo, pues no son equiparables, ni habría quien manejara los presupuestos.
          Un ejemplo de andar por casa: un amigo se hizo sus cuentas; “dejo de fumar, y con lo que me ahorro al mes me puedo comprar una Harley”.
          Ahora fuma y tiene una Harley. ¿De donde sale el dinero?

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          1. Pues yo creo que sí se puede, en función del producto, asignar ciertos impuestos. De esa manera garantizas unos mínimos para partidas importantes como sanidad o educación o las pensiones donde ya nos han metido buen zarpazo para otras cosas.
            Yo no me compré una moto cuando el dejé el tabaco pero casi me da para comer 😀✋

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            1. Hombre, entiendo tu argumento, pero yo creo que las prioridades en el gasto no deben estar condicionadas por la procedencia de los ingresos.
              En cuanto a tu gasto en tabaco, da igual como lo recuperes o en que lo inviertas, porque lo importante es lo que has recuperado en salud: ¡no recaigas! Te lo dice un fumador.

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              1. Mi argumento es para los impuestos especiales, si quieren bolsa común un IVA especial. He sido reincidente y me conozco la historia, ahora no tengo problema con ese hábito convertido en vicio al no controlarlo.

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  2. Cuando estaba yo en Preuniversitario, allá en la Prehistoria, la profesora de francés nos comentaba… “¿os dais cuenta de lo que hacéis en cuando vais a la cafetería? lo primero, porque se está poniendo de moda, es sacar un cigarrillo, aunque no os guste fumar, pero creéis que os hace más mayores y más interesantes” Era verdad, yo me negué en redondo a caer en ese vicio, esa obligación, o como lo queramos llamar. O quizá era porque mi madre fumaba y yo, que me sentía abandonada, no quería hacer lo mismo que ella, no sé. Pero nunca he fumado, ¡hombre! he encendido algún cigarrillo en bodas, comuniones o bautizos, pero para lo único que ha servido es para toser y para que se murieran de risa los demás…
    Es verdad que cada uno se puede matar con lo que quiera, pero yo, que me ha tocado muy de cerca, no puedo estar de acuerdo. A mi marido se le llevó un cáncer de pulmón microcítico, el típico de los fumadores, en unos pocos meses y sin ninguna posibilidad de tratamiento. Pero si no he conseguido nada con mis hijos menos voy a conseguir contigo…
    Espero que vuelvas de por tabaco, antiguamente se iban y no volvían.
    Un abrazo.

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