Y ahora, ¿qué?


Creo que la escena que más me conmueve de una revolución -de cualquier revolución- es ese momento mágico del triunfo, cuando los lideres, cargados de principios y razones, llegan por fin al final de la lujosa escalera, abren las puertas y entran apresurados al silencio y el vacío del enorme salón. Sus ojos pasean por las paredes cargadas de historia plasmada en obras de arte de un valor incalculable, y sus pies, ya más sosegados, hollan esos mármoles a los que manos esforzadas les arrancan hasta el último brillo cada mañana. Poco después sus culos proletarios se sacuden respetos ancestrales para posarse por primera vez en El Sillón, el lugar exacto donde reside el poder. Se sientan por turnos para saborear esa sensación tan especial de saber que otros culos, posados en ese mismo cojín, movieron ejércitos, decidieron vidas, recaudaron, ordenaron, hicieron, deshicieron y, sobre todo, mandaron.

Sentarse, sentir, saber. Curioso climax para esa esforzada aventura que, tras años de lucha sin otra arma que la convicción, termina en una victoria tan sorprendente que resulta que se percibe por el culo.

Me quedo con ese momento, el de sentar las posaderas en el trono, por lo que tiene de entrañable.

Para llegar a él la fuerza ha brotado de la pureza de los principios, de la casta limpieza de las intenciones y el impoluto buenismo de los propósitos. Todo eso permanece ahí, detrás de esas puertas que alguna mente pragmática ha sabido cerrar a tiempo para evitar que el ímpetu acabe con el patrimonio sin dar tiempo siquiera a tasarlo.

El momento es ahora. El tiempo es ya. ¿Todo ha pasado o acaso es que todo empieza? Es difícil saberlo, porque en este preciso momento las sensaciones que provienen de las nalgas dominan cualquier otro pensamiento: el cojín es mullido y se adapta a la forma, pero se nota un poco la tabla, y uno de los muelles resulta algo molesto. Vaya, no es tan cómodo.

El caso es que ya está. Y ahora, ¿qué?

Creo que estropearía esta historia si aventurara el siguiente paso para este instante, este punto de inflexión en la historia de un pueblo. Os dejo ante la singularidad. No doy para más, ni me atrevo.

Pero os confieso que por mi inconsciente ronda un tipo que anda como un pingüino jugando con un enorme balón hinchable.

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3 Comments

  1. Eso mismo llevo yo preguntándome todo el día… ¿Y ahora qué?… Los siguientes pasos serán hacia adelante o hacia atrás? ¿Cuál es el precio oculto que se ha pagado para acceder a la “silla”? Dudo que haya salido gratis así que pronto lo veremos…me temo…🙄

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  2. No sé qué pasará, ni siquiera aún estoy segura de que, en el último momento Rajoy no dimita… Pero quitarle de la poltrona, para mi entender, era obligatorio para dignificar y sanear la democracia. La inacción de este presidente ha sido de libro, de ahora en adelante la Real Academia, cuando defina esta palabra será: Mariano Rajoy.
    Confiemos aunque solo sea un poco, a ver qué pasa.
    Un abrazo.

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