Una de viajes.


Hace tanto calor en esta jodida habitación que no hay quien duerma. Estamos a 21º según el movil, y eso en mi tierra es como para echarse una rebequita. Pero se ve que aquí en Madrid hay que gastar calefacción si o si. Total, que se avecina noche toledana. Y como yo no sé estar sin hacer nada, me he dicho a mi mismo: “Isra, ¿y si echamos unos parrafillos?”. Y como estoy de viaje, vaya, seria interesante hacer una incursión en ese género. Así que aquí tenéis “una de viajes”.

Almeria – Madrid, en coche y solo. Bueno, solo no, con Bach, Listz y toda la panda.

De los primeros cien kilómetros no me he enterado: no han parado de llamarme. Menos mal que ese trayecto me lo sé de memoria. Como siempre, dedo en la nariz al pasar por los radares: si cae una foto, al menos que al malnacido que la saque se le levante el estómago.

Al pasar por Iznalloz escena bucólica del quince: los trigales mecidos por el viento al compás de los conciertos de Brandenburgo. Al fondo las primeras estribaciones de Sierra Nevada. ¡Que romántico! Dan ganas de parar. Y paro: Meadita en una gasolinera y a tirar millas.

Jaen está donde siempre. Despeñaperros también. ¿Por qué pararé siempre en el mismo bar cutre a comprar regaliz?

Llegamos a la mancha, esa gran línea recta con molinos a los lados. Me distraigo intentando adivinar cuales de las ventas de la carretera son en realidad puticlubs; de noche es fácil, pero de día tiene su miga.

Noto que Brahms se ha mareado un poco y paro a echar un cigarrillo. Uyuyuy, ¿sueño ya? ¡Hora de enchufarme a los AC/DC!

Nanana…Hayguedejé

Nanana…Hayguedejé

(¡Brahms, pide una bolsa coño!)

Si, al volante soy muy malhablao.

Nanana…Hayguedejé…

Albacete pallá. Buenas navajas.

Toledo pallá. Buenas espadas.

Torrelodones pallá. Buen premio.

Y llego a El Cruce. Ya estamos… ¿Peaje o no peaje? La gran decisión. ¡Un día es un día! Y pasados unos cuantos kilómetros sin ver ningún otro coche, ni en sentido contrario, ni pájaros, ni tan siquiera un mosquito estrellado contra el cristal, empiezo a tenerme lo peor: Joder, ¿¡cuanto costará esto!?

Paro en el peaje, y lo entiendo todo. Con lo que me han cobrado tienen para pintar todo el tramo de autovía, y hasta para hacer frescos renacentistas debajo de los puentes.

En fin, disfrutemos de lo que queda. Joder, pero al menos que haya algún otro coche, para poder fardar un poco. Nada. Más solo que Marco en el día de la madre. Me dan ganas de pararme en medio de los dos carriles y hacerme un selfie para presumir en el pueblo. Pero es raro-raro. No se ve ni un alma. ¿Y si ha llegado el fin del mundo y solo me he salvado yo? No, no puede ser, esta la tía esa de la taquilla del peaje, aunque… la verdad es que tenía toda la pinta de la vieja de Psicosis.

De pronto veo Madrid a lo lejos, en el horizonte. Y por el carril de la derecha ¡están entrando un montón de coches.! Sí, ¡Coches! ¡Gente! ¡Taxis! ¡Que alegria, coño, no se ha acabado el mundo!

Bueno, en estas llego a la M40, y ya estamos como siempre: el GPS de mi coche no está actualizado y es capaz de llevarme a La Coruña. Pongo también el GPS del movil, a ver si entre los dos saco algo en claro.

[coche] Permanezca en el carril derecho.

[movil] cambie al carril izquierdo y siga por la E5.

[coche] He dicho que permanezca en el carril derecho.

[movil] ¡Que no! ¡Que por la E5 se llega antes.

[isra] A ver si os ponéis de acuerdo, cohone.

[coche] Tu no le hagas caso a esa guarra y sigue por el carril derecho.

[movil] ¿Guarra?¿guarra yo?¿A que te meto con el cargador?

[Isra] ¡Como no os calléis paro el coche aquí mismo y me bajo a preguntar!

Después de una hora dando vueltas, más perdido que una cabra en un centro comercial, llego a Barajas y tiro por una carretera muy ancha y espaciosa, donde al menos no hay gente pitándome ni taxistas mandándole recuerdos a mi madre, pero ni idea de por donde voy. Y en ese momento me da por pensar, “es raro esta carretera… tan amplia… más bien parece… coño, ¿y si me aparece de frente un Boeing 747 a toda leche?”.

Menos mal que aparece un chino con una furgoneta, y entonces le sigo para salir de allí, mal que termine en un polígono chungo…

Varias peripecias más tarde consigo llegar a la calle del hotel. Ni un solo aparcamiento libre en todo el barrio, así que después de dar unas cuantas vueltas me cabreo y aparco a lo Vin Diésel en la puta puerta del hotel, me bajo, me salto toda la cola que hay en recepción y le digo al amigo: “Tengo una reserva pero, o me consigues un aparcamiento o me voy a tener que subir el coche a la habitación”.

El muy capullo se ríe y me dice:

“Tenemos parking. Baje, pulse el timbre y le abrimos”.

Pues yo voy, bajo y toco el timbre. Toco el timbre otra vez. Llegan un par de coches más y se quedan bloqueados detrás mía, y yo toco el timbre.

En las películas del oeste, aquí es cuando pasa un matojo rodando.

Hasta que se acerca el tipo del coche de atrás y me pregunta qué me pasa. Yo le cuento la historia -sin parar de tocar el timbre- y me contesta:

-El parking del hotel está más abajo, este es del edificio.

Os ahorro el resto, hablemos del hotel.

Creo que es costumbre en este tipo de textos dar una valoración del hotel. Bien. Esta es mi valoración: en este mismo momento estoy echándole el humo del cigarrillo al detector de incendios, a ver si vienen los bomberos y por lo menos puede uno dormir un poco en el cuartelillo.

Porque esto es un horno. Pero volvamos al principio: Me registro, subo a la habitación, meto la botella de agua en el minibar para que este fresquita, cojo todos los jaboncillos, peines y demás y se los envuelvo en papel de regalo (de doble capa) para mi señora, que es cleptómana por parte de madre y nunca me perdonaría si no le llevo todo lo robable. Su argumento de “total, los has pagado en el precio de la habitación” puede más que el mío “pero por lo menos déjame que los use, que la última vez me tuve que lavar los dientes con un portaminas”.

En fin, cumplido el encargo, me echo a la calle a ver quien me da algo de cenar. Cuando voy a cruzar la calle se para un coche a mi lado, baja la ventanilla y me pregunta por una calle.

Coño, ¿Es que no había nadie más a quien preguntar? ¡Si solo me faltan las gallinas para ser Paco Martínez Soria!

Pero uno tiene su dignidad: “sigue por aquí, próxima a la derecha y en la siguiente a la izquierda”. Esos sí que se han encontrado con un Boeing de frente, fijo.

-¿Doce euros el sándwich mixto? ¿Y si le quita el pan?

Compréndedme, después del peaje y el parking no está uno para irlo tirando. ¡A seguir buscando! Igual con el paseo se me pasa la gusa.

¡Al fin! ¡Una tasca! ¡De las de toda la vida, con sus vasos sucios y su ensaladilla rusa con riesgo!

Satisfecha esta necesidad primaria, vuelvo al hotel: hora de dormir.

¿Cuatro estrellas? ¿Como que cuatro estrellas? La decoración es tan tétrica que solo falta una silueta pintada con tiza en el suelo. Al mando de la tele se le caen las pilas. Hace más calor que en la panadería del infierno. La cama la ha hecho un esquizofrénico. Hay una luz que no se puede apagar ¡que yo he venido a dormir, no a rodar películas!

Y lo peor de todo: ya he pagado.

Eso si, como me pase la noche en blanco, os prometo que la pantalla plana la pliego y la meto en la maleta.

Y hasta aquí mi viaje, por hoy.

¡Buenas noches y felices sueños (vosotros que podéis)!

9 Comentarios

  1. Jajaja, eso del GPS me trae muy buenos recuerdos, en septiembre en Gijón, entre el del coche y el del móvil que no se ponían de acuerdo di cinco vueltas a la misma manzana, hasta que me bajé y pregunté: asunto resuelto. Lo mejor es cuando, en la provincia de Teruel, el Tomtom (aquel coche no tenía GPS) me llevó por un camino. No había cobertura del móvil, nadie sabía dónde estaba y yo perdida en el monte, aunque no estaba sola, a un lado del camino había vacas que seguro que estaban pensando qué haría aquella loca por allí. Seguí el camino y llegué a una carretera y aquí estoy…
    Y lo de Madrid y la temperatura es muy típico, yo he visto, en verano, con 25º por la noche, que en Burgos no los hay ni a las tres de la tarde el día más caluroso, ponerse una rebequita porque estaban helados de frío.
    Me he divertido un montón. Un abrazo.

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  2. Espero por tu bien que ahora mismo estés durmiendo😂😂😂
    Lo de la calefacción en Madrid es así y punto, tanto en hoteles, establecimientos o casas particulares, lo sé por experiencia. He llegado a estar en plena Navidad en casa de unos parientes y verlos pasearse en bermudas y camiseta de manga corta (por respeto a la visita, porque si no seguro que irían en calzones y bragas).

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