La ignorancia es muy atrevida.


Cuanta verdad se oculta en esta frase y, sin embargo, qué mal la interpretamos.

Argumento: ¿no podría ocurrir que el propio conocimiento nos limitara, cargándonos de prejuicios y haciéndonos descartar ideas solo porque en apariencia son absurdas?

Caso práctico. Ando a vueltas con unas curvas rebeldes pero interesantes. Fourier. Vale, leo un poco y resulta que no. Sigo. Como últimamente llevo a Bach de copiloto, se me ocurre que Fourier tendría parte en ese asunto. Lo de siempre, matemática y música, música y matemática. Y veo luz: mis curvas no son muy distintas a lo que hacen esos violines: suben, bajan, vuelven a subir, y mi oído, vía Fourier, las traduce en armonia y compás. Bach y Fourier. Mis curvas y Bach.

Tesis: Que interesante es no tener ni puta idea, te ahorra todo el camino de deducir, revisar, probar… En vez de llegar al todo por las partes, ¡eres libre de soñar con el todo!

El fracaso está asegurado: lógico, no tengo ni puta idea. Pero, ¿y lo que he disfrutado?

Conclusión: Los ignorantes también tenemos derecho a atrevernos levantar la mirada.

Addenda: De paso, se me ha ocurrido un nuevo corsé para mis curvas.

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4 Comments

  1. Los grandes descubrimientos siempre han surgido de la ignorancia…. Alguien se hizo una pregunta y trato de encontrar la respuesta así que…¡Bendita ignorancia! y ¡Bendito el atrevimiento que impulsa a la gente brillante a preguntarse cosas y a ir más allá que el resto de los “mortales” para encontrar respuestas!! 🙂

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