A mi excelente y querido amigo, grandísimo de España, honorabilísimo hombre de pro, magnánima y bellísima persona, el Barón de Mauvaise Foi.


Ilustrísimo barón de Mauvaise Foi.

He de confesaros lo mucho que he podido disfrutar en estos días con vuestras recientes misivas. ¡Cuánto bien le hace al espíritu adentrarse en los buenos recuerdos, degustar de nuevo aquellas entrañables situaciones, aquellas lejanas vivencias, aquellos sanos disfrutes! ¿Cómo no habría esto de reforzar los lazos de amistad y camaradería entre dos grandes amigos, como somos sin duda vos y yo, al repasar con aquiescencia y comicidad los días felices compartidos nuestras vidas? Lazos inquebrantables que hoy, sin duda, me otorgan la confianza para… pero, no, venerado amigo, eso ha de llegar más tarde.

Mal que algunas palabras se vistieran de reproche, ¿no era vuestra intención en tan dignísimos párrafos sino hallar comprensión y entendimiento en cuanto al pesado ejercicio que nuestra noble posición nos obliga? Pues, si se hablara en ellas de ciertos roces, ¿Quién no sintió esos mismos impulsos alguna vez en su existencia? ¿No es cierto que el propio Alejandro el Magno disfrutaba más de la compañía de sus apuestos generales que de cuantas hetairas ponían a sus pies los pueblos sojuzgados? ¿No es acaso verdad que los califas y jeques adoraban el dulce tacto de un apuesto mancebo por sobre todas las perlas de sus harenes? ¿Miento si afirmo que hoy no existe cantante, famoso o nuevo rico con maneras que opte por engendrar su camada per se, cuando les es más cómodo y grato alquilarse a la parturienta, y así desdicen aquello de “madres solo hay una” con el modismo “yo soy tu padre, y este señor también”, frase gloriosa que el propio Darth Vader no pudo llegar a completar porque su malhadado vástago Luke, faltándole al respeto debido, se dejó caer al vacío sin miramientos?

¿Qué han de importar pues unas pocas plumas o unos cuantos aceites perdidos, cuando hoy el orgullo se manifiesta en multitudes e inunda las calles con tal jolgorio y fogosidad que no queda en toda la capital ni un mísero trocito de pared al que arrimar las posaderas en prevención de visitas indeseadas?

¿Que nuestros arboles genealógicos están floridos? ¡Y cómo no habrían de estarlo! Estirpes como las nuestras, no por rancias, no por nobles, habrían de ser menos dispersas, y en razón es común que exista alguna rama distraída. Más no por estar una hembra en una rama va a ser una ram…¡ona! Si vuestro ilustre árbol tiene algunas más, no es sino por lo promiscuo de vuestra casa, pero esa anomalía estadística ni envilece el blasón ni mancha el escudo, que es, por cierto, de un colorido ejemplar y un gusto exquisito, maravilla de la heráldica que debería estar expuesto en lo más principal de El Prado. Si lo desea, hablaré con alguien para que se haga.

Mas no por tanta mancha se se oscurecen figuras ejemplares como la de vuestra tatarabisatarabuela Sor Engracia, quién engendró sus cuatro hijas en olor a santidad y sin abandonar en toda su vida la clausura, de ahí que las llamara Milagros, Milagrosa, Milagritos y Yatevale. O vuestro antepasado Don Epidemio Alcuza, conde de Formolania, el más grande taxidermista que dieron los siglos, cuyo papel en la historia conviene reivindicar con honores, pues fue él y no otro quien amortajó al Campeador, colocándole un complejo entramado de engranajes y varillas y atándole a su caballo para que, aún difunto, cumpliera su más famosa y póstuma victoria. O vuestro santísimo antecesor el tinerfeño fray Mojo, duque de Picón, que acompañó a San Lorenzo en su martirio y no dejó de aliviar su sufrimiento con ungüentos mientras perecía en la parrilla, aún se celebra en su tierra su recuerdo cada vez que se arruga una papa.

Cuanta nobleza, pardiez. ¿No habría pues de vincularnos lo más florido de nuestras casas? ¿No habría esto de unir nuestras voluntades y esfuerzos? Así he de creerlo y a la sazón me atrevería… mas no todavía, venerado camarada, permitidme que me explaye aún más con vuestras divertidas epístolas.

Pues es la de Mauvaise Foi una casa ejemplar, y así lo he de afirmar. Puede que no formen a la servidumbre, pero ¡con que dignidad llevan su nobleza! Qué ejemplo sin par es vuestra casa para la aristocracia, tan degenerada hoy en día, arrastrada por el fango por los escándalos de esos descendientes de piratas monaguescos o por la impudicia de tantas estirpes venidas a menos, vulgares, ramplonas, ¡mezquinas! Repele y espanta sobre todas las cosas su abuso de los diminutivos, que los oyes decir Cuqui, Mini o Tano y no sabes si van a acudir los niños o los perros.

¿Como no habríamos de entendernos, mi querido barón? ¡Si me habéis colmado de obsequios! El solo recuerdo de aquel andador que me hicisteis llegar por mi onomástica, aquella preciosidad de Luivuitón con motor MacLaren y un curioso botoncito que, al pulsarlo, exclama “¡No volverá a suceder!” me colma de emoción.  O aquel cortapuros autografiado por el negro del whatsapp. O el cenicero de cerámica manchega con el gracioso texto “robado en casa Pepe”. Pero el mayor de los regalos que nos habéis otorgado ha sido vuestra amistad, un inmerecido tesoro al que apelo hoy en que… mas, no, aún no, dejad que os relate primero mis recientes avatares.

Vos también tenéis un Rolls, si mal no recuerdo. Sabed que se averían. Es bueno que os avise, ilustrísima, pues no se podía esperar semejante desfachatez de una casa tan, otrora, fiable. El mío dio de mano en la nacional 1. Imaginaos, ¡Yo, todo un Marqués, a Santander en una grúa! Y para colmo me empieza a explicar un operario zafio y maleducado que ¡se supone que yo tendría que haberle puesto aceite al coche! ¡Señor mío! ¡Que uno se compra un Rolls para circular con clase, no para freír huevos!

Como quiera que Chuchita está en Londres, Pipín no para últimamente por casa y   Tanito está de erasmus en las Seychelles, resulta que en esta hora infausta no tengo a quien preguntarle la clave de la tarjeta de crédito, y de resultas aquí me veo, con un caudal que es la envidia de todo el Liceo y sin poder disponer de un poco de calderilla para abonar la condenada reparación.

Es por eso que me valgo de la confianza y amistad que nos une para agradeceros que pudiérais enviar a uno de vuestros criados al taller con unos veinticinco mil trescientos dos euros con sesenta céntimos para que esa chusma ponga de una vez en orden mi Rolls y me lo traigan a Santander, que lo voy necesitando ya para moverme: como bien comprenderéis, aunque aquí todo esta cerca, todavía hay clases y uno es muy de aparcar en la puerta.

Aunque pensándolo mejor, mi queridísimo camarada, podría traérmelo a Santander vuestro lacayo -uno que conduzca bien, no cualquier patán-,  que esos mugrosos del taller no son de fiar y lo ensucian todo, y para no andar con cambios ni vueltas podríais redondearle el sobre hasta unos cuarenta mil, y así de paso le alivio un poco las cuentas al hotel, que están de temporada baja y parece que andan cortos de pecunio. Sabéis como yo que los nobles tenemos la obligación de socorrer a los pobres que nos sirven bien, incluso aunque para ello tengamos que pagar por los servicios cuya obligación moral es prestarnos.

Ilustrísima, nuestra condición nos obliga, y por ello hemos de atender a los necesitados, a pesar de que a veces nos decepcionen con su trabajo. ¡Fíjese que en correos ya no aceptan envíos por cobro revertido! ¡Que desfachatez! Es por esto que habéis recibido la presente por mensajería, y a portes debidos. Sabedor de vuestra proverbial generosidad, me consta que le habréis dado una buena propina al mandado.

Espero pues con ansiedad la llegada de vuestro sirviente, que esta urbe es más bien aburrida y no he traído más lectura que vuestras epístolas, de las que le pido alguna más, pues me están proporcionando las únicas horas agradables en estos días.

Recibid el más cordial, casto, desinteresado, respetuoso, digno y afectuoso de los abrazos.

Post Data: Ilustrísima, olvidaba comentaros un detalle de gran importancia: Sumido en estas lecturas, vengo a recordar que en realidad el tal Aparicio del internado no era tan feo, aunque, de haberlo sido, ¿cómo habría uno de dudar de vuestro buen gusto?

5 Comentarios

  1. Reblogueó esto en MALA FE y otros grafitosy comentado:
    Os agradezco Marqués vuestras dignas palabras, pues no era de mi gusto tirar por el barranco del insulto. Igualmente os aseguro que ganas de repostear y más cosas he tenido, pero las obligaciones con la Corona me lo tienen impedido. a ver si cesan ya las malhadadas sediciones y me ponen a descansar de políticas misiones. Un abrazo de medio lado, por aquello de no chocar espadas.

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    1. Obligaciones con La Corona vos? Como no sea un cumpleaños en el burguer king…
      En fin, espero de usía pronta respuesta, el Rolls está criando polvo y en el hotel ya nos miran raro…
      Suyo afmo,

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  2. Querido Destrio: un comentario breve porque sé que no te gustan los likes a secas, y apenas tengo tiempo “paná”: veo que aumentan los decibelios entre ambas casas nobilarias: ¡Os advierto: la mayoría de las relaciones tormentosas acaban en amores desesperados!

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    1. Muchas gracias! El marqués acaba de dar un salto cualitativo en la relación, y de paso nos muestra su cara más tolerante y su carácter firme e íntegro.
      Si, esto sólo puede ir a peor!😂😂😂
      Un abrazo!

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