Al barón, y no tan varón.


Mi estimado, guardando las distancias, barón de Mauvaise Foi.

Es común entre el vulgo la razón “piensa el julandrón / que todos son de su condición“, y no ibais vos a ser ajeno a tamaña verdad. ¿Como osáis declarar sin ningún pudor que un alma tan sencilla, casta y noble como la de currito andaba en siniestros quehaceres con mi persona? Puedo comprender que en una casa venida a menos como la de Mauvaise Foi escasee a tal punto la servidumbre que tengáis que poneros vos mismo los calcetines o que, sí, bien que lo sé, ¡hasta hayáis llegado a tener que madrugar alguna vez! Pero de ahí a afirmar con palabras plagadas de oprobio e ignominia que aquel honesto lacayo mío daba el cayo cual si estuviera en un serrallo y en una forma que… mejor me callo, colijo que vuestra mente retorcida, mezquina y decimonónica habrá querido ver paja en ojo ajeno, cuando en el vuestro las pajas se cuentan por fardos. Sí, discípulo de Onán, a vos que os atrevéis a hurgar en oscuros orificios ajenos, mas os valdría miraros las posaderas y preguntaros por la vera causa de vuestras hemorroides, que a buena ventura no han de ser tales, sino callos.

Pues de casta le viene al Talgo, y sabido es que vos, digno ejemplar de vuestra estirpe, cual vagón de la renfe lo mismo os engancháis por delante que por detrás. Pues lo lleváis en los genes, barón. Así, tendréis que reconocerme que vuestro árbol geneálogico, según se mire, lo mismo se antoja una mimosa que un sauce llorón. Más que ramas, tiene ramalazos.

¿Qué decir por ejemplo de vuestro antepasado Analfabio, que allá en la edad media malvivía como trovador sin calzas y cuyas escasas letras le fueron dadas por incontables maestros que, con sangre, sudor y más de una lágrima, se las fueron introduciendo de a poco por salva sea la parte? ¿Conviene quizás nombrar a vuestra antepesada (es que hablaba mucho) baronesa de Bolleroi, que tenía tal alergia a la carne que solo consentía arrimarse al pescado (y también a alguna que otra verdura fusiforme) de quien se decía que se vestía de mozo en sus escapadas nocturnas por los andurriales del palacete? ¿O nombro tal vez a vuestro tatarabisabuelo por parte de madre, el barón de Polosoy, quien perdía tanto aceite que había que limpiar el suelo de los salones con sosa caústica? Curioso personaje este último, y curioso su nombre además, impuesto por la costumbre, pues cada vez que le preguntaban que si lo era, respondía: ¡polosoy!

Es tan enrevesado el árbol de los Mauvaise Foi que ni el propio Linneo sería capaz de poner orden en semejante frenesí de géneros y especies. Se entiende pues que vuestra casa haya extinguido desde hace siglos la aristocrática costumbre de formar a la servidumbre en la entrada del palacete para recibir a los invitados. Y no por dejadez, caramba, sino para evitar la que sin duda sería la mejor oportunidad de encontrarle parecido a los vástagos de la baronía.

No, mi querido barón, vos no estáis en posición de arrojar piedras. Vos, el joven barón que en aquel ilustre internado bebíais los vientos por un tal Aparicio, feo como picio, mancebo amigo del vicio que estuvo a vuestro servicio desde que salió del hospicio y con quien, según las lenguas del lugar, anduvisteis largo tiempo amancebado… ¿Sabéis que por mote le llamaban “el tresfases“, pues aquel rufio, amen de sucio, presumía de lucir prepucio, pucio y postpucio?

¿Me tacháis entonces a mí de amanerado, precisamente vos, orondo petimetre, perdido sodomita, pendón redomado, cuando por casta y por hábito meneáis más el ala que un pavo atado de una pata? Más os valdría daros en fuga de vuestro armario rococó y pregonar como la loca aristocrática que sois a los cuatro vientos vuestro genero confuso, y no ya por honestidad, no, sino porque así, dejando de una vez ese mohoso empotrado con correderas y trampantojo de querubines, podríais tal vez encontrar una salida a vuestras actuales penurias.

Creedme que a pesar de vuestra infamia os quiero favorecer: Con vuestra proverbial mala lengua y vuestra innegable pluma no dudo que os haríais lugar en los programas de famoseo tan de boga, esos que pagan de a tanto por falacia (y vos de esa especie andáis bien servido). En éstas, medrando e injuriando como tanto os place, podrías incluso formar equipo con el conocido josemi, y de seguro tendríais buen trato con el citado adefesio pues no en vano el trato con vuestro primo Humberto os ha entrenado en el manejo de personajes de mirada distraída.

Pensadlo bien, ilustrísima, recapacitad y asumid vuestra condición. Ya es hora de que un Mauvaise Foi sienta orgullo de esa estridente carta de colores que vuestra casa luce en el escudo.

Hacedlo, señor, aunque solo sea por integridad heráldica.

Sin más por mi parte, quedo a los pies de su loquesea.

Marqués del Destrío.

4 Comentarios

  1. Reblogueó esto en MALA FE y otros grafitosy comentado:
    Excusad Marqués la demora, pues acabo de llegar de algún sitio de la Helvetia, donde fui a descargar mis últimos 3 millones…Vos en cambio, a fe mía, os habéis quedado aquí, rumiando entre lavativas, lo que queríais decir. ¡Pues bien, por aquí estamos!
    Sigo feliz sin dar el c…, y vos vaciado de improperios esperando en impaciencia que alguíen os cosa el a…

    Le gusta a 3 personas

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