En respuesta al barón du Mauvaise Foi


Estimado barón, otrora dandy.

No os podéis imaginar cómo me congratula recibir una nueva epístola de vuestra mano: ¡Seguís vivo! Y de vuestra mano ha de ser, que esa caligrafía sísmica y la cantidad de borrones que la ilustran, cuál si el folio hubiera envuelto medía rueda de churros, dan fe de que esta vez no os la ha transcrito la limpiadora. Ilustrísima, ¿tan magra renta os ha quedado que ni para una secretaria alcanza?

(Alcanza, con zeta, Eufrasia).

Más me sorprende ese estilo vuestro, esa prosa fluida, que digo fluida, ¡chorreante!, y que decir de vuestro dominio del sarcasmo, de vuestros malabares con los vocablos y de esos versos incrustados a vuela pluma como granos de maíz en un cagarro ¡Sublime! Querido barón, ¡que seminarista se ha perdido con vos!

Vano afán, ¿la curia? A vuestra edad lo más que uno puede ser, es apróstata. Y eso que no os faltaba vocación, al menos en el internado. ¿Recordáis? De letras no andábais mal, que medio curso os lo daban siempre de fiado, pero de vocación…¡que embeleso en la contemplación! ¡Que expresión extática! ¡Que sublime visión os sobrecogía cada vez que la cocinera subía a la escalera para coger las viandas de los estantes!

No es de extrañar que el padre Sinalefa os tuviera tanta ojeriza, y cuatro de cada tres clases de lengua las pasarais haciendo la instrucción en el patio. Con estas mimbres, rara se me hace en vos esta tardía afición por la poesía, si con tanto castigo quedásteis a medio escolarizar, y hasta aquellas odas ripiosas para engatusar a las doncellas del pueblo os las tenía que armar vuestro primo Humberto, aquel zangolotino que tenía un ojo anarquista y que a la sazón era llamado por todos el bizconde.

Mas no quiero perderme en las formas cuando tanto he de hablar del fondo de vuestras últimas letras. ¿Osáis mentar mi periscopio cuando se os conoce en toda la corte por vuestra chimenea? Mas no por lo grande, barón, no, ¡sino por lo sucia!

Ya que vareáis el olivo, os diré que no ha mucho recibí a la condesa de Blackhole, quien con todo detalle me relató los infructuosos escarceos de que la hicisteis objeto. Ilustrísima, ¿va a ser que tampoco fuisteis a clase el día que explicaron los corchetes? ¿Todo un barón a dos velas por culpa de un corsé? Fue tanta la gracia que nos produjo el recuerdo de vuestra hazaña que, de la risa, la condesa casi se cae del tálamo.

No debería dejar sin respuesta el asunto de las estrellas, pero lo haré, pues me temo que tenemos cuitas de más enjundia que abordar. Cual es, si no, el pecunio. ¿Acaso no me pareció veros en el telediario junto a cuatro carcamales empujando las vallas frente a la congresa de les diputatis? ¿Osáis pedir que os suban la pensión cuando tenéis un perrito amarrado en las islas vírgenes? ¿Es que no os alcanza con las rentas del palacete de tronchohermoso?

Mucho me extraña, pero por si acaso os dejo pagado un suizo en el Ritz, por si os dejárais ver por allí. La de Blackhole estará alojada hasta el martes.

Puede que tengáis una posibilidad con ella: lleva faja con velcro.

Suyo afectadísimo,

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