Al barón du Mauvaise Foi.


A su Ilustrísima bondad el barón du Mauvaise Foi.

Con el respeto debido a vuecencia he de consignaros que no es lo mismo conceder que regalar. Aunque la misma medalla pueda lucir por igual en la guerrera del soldado o en el cuello de la amante, sabed que mientras la primera logra cerrar heridas, la otra más bien sirve para abrir piernas. Ya en la Eneida se cita “timeo danaos et mihi placet ferentes”, y como uno es muy de Virgilio, uno virgilia cuanta estrella se le arroja, que alguna saldría más a cuenta procurármela con un buen martillazo en la frente.

No todo es lo que parece, ilustrisima. Si el propio Cervantes subiera hoy a alguna que otra sierra descubriría con perplejidad que los molinos son gigantes, por mucho que este mundo de sanchos lleve siglos empeñado en lo contrario.

Habéis de comprender que algunas de las estrellas que recibimos son honores que produce la razón, y en cambio otras no han llegado siquiera a transitar por las meninges, debiéndose quizás a un tic nervioso en un dedo o quien sabe si a una falange traviesa y descontrolada. Y no es siempre que su origen sea la prisa o el desdén, ni que se deban a dejar un rastro para volver más tarde si no se lo comen los pájaros o a un decir “yo he estado aquí” al menor coste posible como quién da un pésame por el whatsapp.

No ha lugar. Hay estrellas que no son inversiones en empatía a plazo fijo como afirmáis, ni un crédito al autor sin garantía hipotecaria como también citáis. Mirad bien, ilustrísima, porque estas otras que yo digo no son estrellas, sino perdigones.

¿Cómo ha de ser? diréis. Pues porque hay fulanos/esto…/¿y ahora que hago?…/¡bellísimas personas! que cuando ven una bandada volando disparan al bulto, sabiendo que siempre algún pájaro cae. Y por extraño que os parezca estos/as zorros/…¡nooo!/…¡otra vez noooo! son legión, tanto, que se ríe uno de las perseidas, de las cuadrántidas, de las leóntidas, de las gemínidas y hasta del programa aquel del Osbornín donde maquillaban a los protoartistas a pistola (que de otra forma no se entiende que tardaran tan poco) cuando piensa en las lluvias de estrellas que jarrean de vez en cuando por estos lares.

Otrosí os digo que importa mucho contar estrellas, mal que salgan verrugas, pues siendo como las pipas, conviene distinguir las que traen semilla de las que están vanas, y es bien sabido que cuando el nivel de los perdigonazos alcanza cierto umbral ya no puede uno ni hablar de su libro, pues ni hay por qué, ni hay para quién.

Mas no hay que culpar de tamaño atropello estelar a este ímprobo lugar que nos aloja, pues como bien sabéis por experiencia si los plátanos llevaran cremallera los monos pasarían hambre. Todo pasa pues por estar bien atento al remite de lo que se recibe. Si hay que contar estrellas, hágase, y mas ahora que Hollywood está en descontarlas por tanto roce como ha habido por debajo del escritorio.

Barón, no habrá tampoco de extrañaros que yo me preocupe por mis estrellitas cuando todo un país anda a la gresca por unas simples estrelladas.

Rara me resulta, por contra, vuestra actitud tan displicente con este asunto. ¿Será que no os preocupáis de contarlas o acaso es que no las veis venir? ¿Es que no notáis el perdigón siendo, como sois, tan de codorniz?

Madurad de una vez, ilustrísima, que ya vais teniendo una edad y no es bueno andar creyendo que los reyes son los padres, siendo que son los barones.

Los padres, se entiende.

Suyo de usted,

Marqués del Destrío.

11 Comentarios

  1. Pues a mí también me habéis recordado a Quevedo y Góngora jejeje…. Se lo acabo de poner en un comentario al “barón du Mauvaise Foi”…. y… ya lo dice el refrán….”cuando el río suena…..

    Impaciente estoy por leer tu respuesta a su última carta… 🙂

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  2. ¡Ay mis queridos Góngora y Quevedo (aún no tengo muy claro quién es sosías de quien): es un placer leeros a ambos dos y, en cualquier caso, disfrutar de la mutua admiración que os profesáis y que os lleva a seguiros tan de cerca, para placer de todos nosotros, vulgares lectores likeadores. Estos momenticos blogosféricos de duelos dialécticos son la sal de la vida. Un abrazo, Isra.

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    1. Góngora y Quevedo? Esos no eran del sálvame de hace unos siglos?😂😂
      En serio: Mi admirado Calauche ha puesto el listón a tal altura que he tenido hasta que documentarme!
      Y ni aún así.

      Pero es divertido, y de eso se trata👍
      Un abrazo.

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  3. ¡Vaya! He esperado poco para leer la respuesta. Las dos cartas merecen ser leídas, en las dos se encuentran cosas ciertas a pesar de los diferentes criterios.
    Las noches estrelladas son maravillosas, pero es verdad que hay estrellas que lucen mucho más que otras, pero hasta eso hace la noche más hermosa y si además, de vez en cuando, hay alguna estrella fugaz que nos concede un deseo, ese mundo estrellado se convierte en inestimable.
    Un abrazo.

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