Israel.


Me llamo Israel, Isra para los amigos. Un nombre que hoy día no es tan extraño, pero que allá por 1965 costó más de una discusión con el párroco quien, santoral en mano, se negaba a bautizarme. ¿Habrá nombre que se cite más veces en la biblia?

Pero no valían argumentos contra la moral de la época, y solo al final se encontró una solución de compromiso en forma de nombre compuesto para que yo tuviera mi dosis de agua bendita.

Comprenderéis que este nombre tan especial me haya costado infinidad de motes y no pocos choteos durante toda mi vida. Si, soy de pueblo. El mantra “no, no soy judío” se ha repetido todos estos años en mi boca hasta hacerme llagas. Que nada tengo yo en contra de los semitas, conste, pero uno tiene el firme propósito de llevarse el prepucio a la tumba junto con todo lo demás, excepto aquello que pueda ser aprovechable (y no va a ser el caso de tan sufrido trozo de pellejo).

Pero no me quejo, porque mi curioso nombre me ha servido de paraguas. ¿Os he contado alguna vez mi famosa teoría de la lámpara? ¿No? ¡Tomad nota!

A veces la bombilla da tanta luz que impide ver la lámpara”.

Os puede ser muy útil. Por ejemplo, para pasar por alto la belleza de una mujer a la hora de halagarla, pues seguramente ese bellezón os agradecerá mucho mas que piropeéis su honestidad, su talento o su inteligencia. Quedarse en la apariencia es de torpes, tanto para el halagador como para la halagada. Tan de torpes como pretender arreglar con unas flores los otros trescientos sesenta y cuatro días, que son los que de verdad importan.

Volvamos a mi teoría. Tiene muchas otras aplicaciones. En mi caso, la potente luz de mi nombre ha servido para que pasen desapercibidos otros defectos mucho más notables. Así, cuando me llamaban judío o fariseo, yo decía para mi “¡anda que si supierais lo cabronazo que puedo llegar a ser!“. Resultado: no me afectaba.

Nunca lo ha hecho. Porque el nombre es algo tan natural, y a la vez tan artificial, que juzgar a alguien solo por eso equivale a perder media partida.

Pero además mi nombre tiene algo muy especial, al menos para mí. Se lo debo a mi ilustre antepasado Israel, nuestro pequeño héroe familiar, que fue marine y murió en el bombardeo de Pearl Harbour.

Tan especial que no conozco a nadie que lleve este nombre con más orgullo que yo, ni con mejor motivo.

Pero de todas formas prefiero el Isra. Es breve y directo. Llano. Cordial. Cómplice.

Y acorta las distancias, como hago yo cada vez que os mando uno de mis abrazos.

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5 Comments

  1. Conocí a un señor llamado Doctor ( por aquello de Santo, Mártir y Doctor de la Iglesia que se usaba de coletilla para algunos patriarcas con nombres esdrújulos e impronunciables)
    Luego se hizo médico para poder estar en paz con el recuerdo de sus padres, que obviamente, para no llamarle Agapito o similar, tampoco es que estuvieran muy avispados para la fecha de su bautizo…
    En el barrio lo llamaban Galeno Bis, Doctor Doctor Pérez Pérez, o simplemente Docodoco…
    Del cura que lo bautizó, nadie tiene noticias…pero ya se sabe que de ellos está lleno el Limbo.
    Saludos.

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  2. Precioso nombre, Isra. Yo pertenezco a una generación un pelín anterior en la que no era posible librarte del “María”, delante o detrás, o incluso como sustituto, si el nombre propuesto no gustaba al cura. Después de leer tu texto, me reafirmo en la idea de que el nombre marca la personalidad de uno. De hecho, tengo algún amigo que se lo ha cambiado de adulto por la incapacidad de verse reflejado en él. Un abrazo.

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    1. Cierto que influye: es la primera de todas las etiquetas que nos ponen (o nos ponemos) y una de las que marca más. Se me ocurre una derivada: esos padres que escogen el nombre que les gusta a ellos, por encima de que le pueda gustar a quien va a llevarlo toda su vida. Porque hay nombres que se las traen… ¿concederse una excentricidad para que alguien lo esté pagando toda su vida? Lo veo de un egoísmo brutal.

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  3. Feliz día Israel, me identifico mucho con tu post, en mi caso no por tener un nombre con tanto valor histórico si no por lo raro que en mi época era el mio, actualmente es un poco mas sencillo y se utilizado más aunque con diferentes maneras de escribirlo. Besos muak

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