El vuelo de la fragata (una pequeña cata).


El punto blanco sobre el horizonte se estaba acercando sin remedio. Creció amenazador hasta definir poco a poco su contorno, como un espejismo abriéndose paso entre las sinuosas corrientes ascendentes del aire abrasado por las arenas. Ambos contemplaron paralizados como se aproximaba la fragata, majestuosa y ligera como un albatros, con su gigantesco cuerpo estilizado cortando el aire y las velas preñadas de viento.

Su sombra cabalgando sobre las dunas le reveló al maestro que volaba a gran altura, suficiente tal vez para que las dos pequeñas figuras pudieran pasar desapercibidas. Pero no podía arriesgarse. Se enterraron en la arena tras la cresta de una duna, asomando de sus cuerpos solo lo justo para poder ver y respirar. En el desierto la sombra puede ser tu peor enemigo.

-¿Por qué lleva las velas a los lados?

La oscura panza de la fragata plagada de troneras, oquedades y aparejos podía tener también oídos, pero no tan sutiles. No para esos susurros.

-Cuentan que cuando descubrieron el poder de la aleación alguien decidió hacer volar un barco -respondió el maestro-. Tal vez se tratara de una fragata muy parecida a esta. Le quitaron el timón, le vaciaron el lastre y encajaron debajo de la cubierta las cubas con la aleación y la resina.

-Parece lógico.

-Lo era. Trabajaron duro. Habían experimentado ya con la aleación y sabían que podría levantar todo aquel peso. Sin embargo, los marineros de aquel barco no quisieron embarcarse de nuevo en él. Eran gente sencilla, buenos marinos, hombres curtidos que sentían temor y respeto por la mar. Dijeron que se partiría en dos, que no resistiría, que se haría pedazos contra una montaña. Dijeron que su nave estaba hecha para la mar y que era allí donde debía…

La presencia imponente de la fragata sobre sus cabezas se adueñó entonces del tiempo y les robó, arrogante y poderosa, hasta el aliento a su paso. Contemplaron absortos el enorme poder de la nave, con más de trescientos hombres a bordo, dos cubiertas, y no menos de doscientos pasos desde el estay de mesana a su gemelo en el otro costado. Creyeron oír los gritos de los vigías en las cofas y hasta las canciones de los marineros que, colgados con despreocupación de las vergas, aseguraban los cabos con destreza.

-¿Y qué hicieron entonces? -susurró la curiosidad, rompiendo el hechizo.

-Reunieron a unos pocos valientes y sumergieron con mucho cuidado la aleación. El barco empezó a elevarse sobre el agua. Pero no se partió, ni se hizo pedazos. El casco resistía bien, era un barco sólido y fiable. Soltaron las amarras y se dispusieron a volar.

La fragata se alejaba ya sin variar su rumbo a Poniente, empujada por las corrientes de aire del desierto. En su popa se percibía una figura borrosa adivinando sombras en su catalejo.

-Pero aquel barco llevaba las velas sobre la cubierta y no a los lados como este.

-Si, la arboladura completa, bauprés, mesana y trinquete, en largos mástiles apuntando hacia el cielo. Cuando ya estaban muy alto encontraron una suave brisa y se dispusieron a navegar. Largaron las velas. Fijaron los cabos. Pero aquel barco buscaba el mar, lo necesitaba, y el mar no estaba allí. ¿Sabes qué pasó?

-¿Se rompieron los mástiles?

-No. El barco volcó y empezó a dar vueltas sobre sí mismo. Giró y giró sin control como un molinete empujado por el viento, arrojando a todos los hombres contra el suelo. Por más que trataron de agarrarse a cualquier cosa, todos murieron. El barco se perdió en la distancia, sin gobierno, y terminó estrellándose contra una colina.

-Pero, ¿por qué?

El maestro clavó su largo bastón en la arena.

-¡Empújalo!

La larga vara se arqueó ante el empuje del niño y después recobró la verticalidad. El maestro lo sacó de la arena y, sosteniéndola por su centro en posición vertical le pidió que volviera a empujar por el extremo.

La vara cedió al esfuerzo con facilidad y giró varias veces sobre sí misma antes de que el maestro volviera a sostenerla, esta vez en posición horizontal.

-Explícamelo tú, hijo.

-La arena es el mar, y yo soy el viento.

Entonces empujó de nuevo, esta vez agarrando la vara con una mano a cada lado de la del maestro, y lo hizo con tanto empeño que el hombre tuvo que dar un paso atrás.

Volvieron a caminar siguiendo el rumbo de la fragata, ahora poco más que una sombra contra el sol poniente, una sombra que no necesitaba el mar.

Lo que acabáis de leer es un pequeño ensayo, la muestra de una de las escenas que tengo en mente para la historia de que os hablé. Y la imagen es uno de los bocetos que estoy haciendo para poner orden en mis ideas, y tratar de que a pesar de ser una historia de fantasía, exista cierta coherencia. Espero que os guste este pequeño anticipo, si bien es verdad que esto habrá que reescribirlo cuando todo empiece a encajar en su sitio.

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2 Comments

    1. Solo piezas de un puzzle. Los personajes ni siquiera tienen nombre, y estos párrafos irían en mitad de algún capítulo. Pero es bueno tirar unas líneas, me ayuda a darle forma a las ideas. Bocetos tengo unos cuantos ya: barcos, minas, fortificaciones y algunas máquinas. Algunos puede que sirvan para algo y todo… Y si no, siempre es divertido trolearle un principio a la física. 😀😀

      Un abrazo!!

      Le gusta a 2 personas

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