La cosa va de impactos.


Cada cierto tiempo nuestro planeta recibe el impacto de un asteroide. No, no me refiero al impacto físico de una extraña bola de fuego que cae del cielo y se estrella en la tierra (haylas pero escala playmobil), sino al impacto mediático que nos sacude cada vez que uno de estos cuerpos estelares que vagan por el sistema solar se acerca aunque sea un poquito a nuestras cercanías.

Impacto que tiene sus correspondientes ecos en Hollywood, ese pueblucho tan industrioso y creativo que se empeña una y otra vez en destruirnos la tierra de mil formas distintas, conscientes de que los desastres de mentira llenas salas y hacen caja (gracias, todo sea dicho, a esa misma gente que hace por no ver las tragedias de verdad que salen en los informativos, y mira que las ponen gratis). ¡Vengan impactos, diantre!, ¡si hay que arrasar se arrasa! Todo sea por el lucimiento de sus propias estrellas, tan necesitadas de lustre en estos días en que reptan por la prensa amarilla como lagartijas sin rabo a causa de otro tipo de impactos, de trayectoria menos limpia y resultado mucho más imprevisible.

Porque impacta, por ejemplo, que el cine en Hollywood haya sufrido tan singular evolución cromática: Pasó del blanco y negro al color, y ahora ha pasado del color al blanco, pues parece que al negro, al negro afroamericano, le hacen de menos a la hora de repartir papeles. Como impacta que ocurra otro tanto con la mujer, marginada por esa industria que tanto ha ganado decorando con féminas de toda condición sus películas, pero que detrás de las cámaras no consentía para ellas más papel que el de traerle café a los que manejaban el cotarro.

Pero lo que impacta sobremanera es que quienes escogían esa decoración, la decoración femenina se entiende, pusieran tanto celo en ello que incluso dedicaran gran parte de su tiempo a asegurarse de que esas mujeres no ofrecieran imperfecciones al tacto, como si las cámaras fueran capaces de percibirlo. Impacta tal grado de perfeccionismo, si señor.

Más para todo hay remedio. Porque Hollywood, aldea de vanidades, tiene donde buscarse otra mancha de mora. En twitter. Piensa uno que los abogados, los asesores de imagen, y todos los que de una forma u otra le cepillan la chaqueta a esos perfeccionistas, ante el impacto de cada nueva acusación fían la suerte de su prócer, y por tanto la propia, a una sola carta: Esperar a que tromp escriba un tweet. Porque está demostrado que el impacto de cada nueva tontería presidencial tiene tal onda expansiva que hace que la plebe se olvide de inquinas, delitos e infamias en un radio de no menos de quince estados.

¡Menudo impacto! El hombre de la rata en la cabeza tiene más peligro en las redes que una piraña en un bidé. A uno no le preocupa que tenga a su alcance el botón rojo que dispara los misiles. No. ¡A uno lo que le aterra es que se acerque a la tecla INTRO! Deberían vallarle el teclado con alambre de espino y ponerle púas en el ratón cual si de un cactus se tratara.Deberían, sí, pero me temo que el servicio secreto está en otras cosas.

Vete a saber si andan pendientes de que el paquirrín de corea se levante con ganas de mascletá o de que aparezca algún pañal de putin con su prueba de adn ya fosilizada y todo, y los fieles enfervorizados lo conviertan en objeto de culto, lo expongan a veneración en un mausoleo e incluyan el lugar como parada obligatoria en todos los imserso. ¡El impacto en Benidorm sería de proporciones devastadoras!

Como veis, por una razón o la siguiente, todo el mundo anda impactado, tan entretenidos enredando con las pelusas de su propio ombligo que uno se teme que no quede nadie por aquí que esté pendiente de los telescopios. Y si en estas viene algún meteorito con mucha mala leche en la trayectoria igual nos enseña de una puta vez que la realidad supera a la ficción. Raro no sería: para ver arder las barbas del vecino solo hay que darse cuenta de como tiene el cutis la luna.

En en tal caso, y con esto os dejo ya por hoy, uno solo desearía que, aprendida la lección, quedara alguien a quien poder contársela.

 

Edito: releyendo me ha venido un chistaco vía deja vú y no me resisto: Se abre el telón y aparece un tiranosaurio montando tarima flotante: ¿película?

¡El parqué jurásico!

(He tenido días mejores, lo sé…)

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