Apuntes sobre estructura narrativa.


No pierdas tu tiempo: Esta entrada no es un tutorial para escritores noveles, ni una exposición sobre narrativa, ni tiene mucho fundamento o utilidad práctica. No incluye consejos, ni guías para escribir, ni es un recetario de ideas ni tampoco un refrito de recortes de otros blogs.

Tan solo contiene razonamientos personales, muy discutibles y escasamente argumentados. Entonces, ¿Por qué? La razón fundamental es que necesito organizar mis ideas para conseguir un buen diseño del programa para escribir que estoy haciendo. Y necesito plasmarlo en un documento que me sirva de referencia. Y necesito esforzarme para que ese documento sea lo más correcto posible y para ello nada mejor que obligarme a publicarlo.

Pero eso no es ni tan siquiera es un análisis, solo un armazón lógico, una base teórica de andar por casa que sea suficiente para conseguir mi objetivo: desarrollar la secuencia lógica de una historia de forma que facilite la escritura.

Forma y Fondo.

Necesito empezar por el principio. Un escrito (novela, cuento, narración…) es el medio para transmitir una historia. Me obligo a no equiparar términos: el escrito es la forma, la historia el fondo.

La forma tiene mucho que ver con la estética, y no es por eso de importancia menor. El fondo tiene que ver con la estructura lógica de la historia (o historias) que componen la narración. Pero, ¿qué es una historia?

Historia, trama, argumento.

Una historia es una secuencia lógica de hechos. Es una secuencia porque los hechos se suceden unos a otros, y es lógica porque entre los hechos existen relaciones causa-efecto que le dan coherencia.

El paradigma literario es Presentación – Nudo – Desenlace. Aristóteles dixit. Mucho ha llovido. Esta secuencia PND es aplicable al propio escrito, y las distintas historias/tramas/argumentos que contiene.

Porque la historia puede ser una (raramente) o múltiple, constando de diversas tramas o argumentos. Por ejemplo, una sencilla narración policíaca donde ocurre un crimen, se investiga y se detiene al asesino, puede constar de varias tramas:

  • La secuencia de hechos del propio crimen, que conoce el asesino que y que es lo que el detective tiene que averiguar.
  • La secuencia de hechos de la resolución del caso, que desarrolla el detective.
  • Posiblemente, tramas de menor importancia que involucran a los testigos, a la chica que se enamora del detective, del jefe del detective…
  • La secuencia de hechos completa y real, que conoce un narrador omnisciente, y de la que solo cuenta en cada momento lo que interesa para mantener la tensión del relato.

Pero además de estas tramas hay otra historia que no se cita ni nombra en este ni en ningún libro, y que a mí es la que más me importa: la historia de la historia. Yo la llamo Metahistoria. Esta historia es la secuencia lógica de hechos (narrativos) que define el autor del libro y que componen la estrategia de escritura de la narración.

La Metahistoria.

Es la historia sobre la(s) historia(s), la que se escribe en escaletas, apuntes y guiones, la que constituye el verdadero armazón de la narración. Son los planos de la novela. Son las manos que mueven los hilos de los personajes, las situaciones y el resto de elementos pero no para desarrollar las tramas en las que participan, sino para manejarlos en el relato, para dosificar las tramas, para definir los tiempos, para seducir con las descripciones, para hacernos querer u odiar a un personaje, para dejarnos con la boca abierta al finar de cada capítulo o para arrancarnos ideas, pensamientos y emociones.

La metahistoria es la estrategia del relato.

Causa y efecto.

Vuelvo al paradigma Planteamiento, nudo, desenlace. Es un paradigma literario, pero yo me siento mucho más cómodo con una molécula más simple, y que por cierto también tiene mucho que ver con Aristóteles: el silogismo.

El paradigma PND es una herramienta estupenda para desarrollar una narración, pero no tanto para relacionar los hechos entre sí. PND es una herramienta estratégica, y yo busco una herramienta lógica.

Ya he dicho antes que yo veo una trama como una secuencia de hechos. Pero esos hechos no están en secuencia porque se sucedan en el tiempo, sino porque unos son consecuencia de otros. Existen múltiples relaciones causa-efecto entre ellos. Se trata de relaciones lógicas, y en la lógica encuentro todo lo que necesito para relacionar los hechos (aunque no se si lo voy a utilizar). Pero el mero hecho de poder jerarquizar los hechos, de poder aislarlos, definirlos y relacionarlos, me permite obtener una granularidad mucho mayor que con PND.

Pienso en un cuento sencillo donde hay un único esquema PND, mientras que puede haber cientos o miles de hechos relacionados, dependiendo del nivel de detalle con que se analicen. La lógica gana de calle.

La trama es el contexto.

Si un cuento contiene tantos hechos, ¡cuántos puede tener una novela con múltiples tramas! Pues… no, no tantos. Un mismo hecho puede (¡debe!) involucrar a varias tramas. Tomo como ejemplo este hecho: “El asesino mata a la víctima de un tiro”. Este hecho es tan importante en la novela que pertenece a todas las tramas posibles.

Al fin y al cabo, las tramas son secuencias de hechos, pero todas comen del mismo plato. Entonces, pienso que conviene entender cada trama como una determinada forma de seleccionar y organizar un subconjunto de hechos. Es decir, cada trama es un contexto.

De hecho, voy teniendo la impresión de que cada trama tiene un dueño. Pensando en ello, cada trama es un contexto, es un punto de vista, es lo que un determinado ser conoce (o va conociendo) de la totalidad de la historia. De hecho, cuando hablé de tramas más arriba ya anticipé esta idea: cada trama es un punto de vista, sea del policia, del asesino, del narrador o incluso la del escritor.

Vuelvo a estos dos últimos, para mi los más difíciles de encajar. El narrador (siempre que no sea narrador en primera persona obviamente) conoce todos los hechos, es omnisciente. Pero el escritor, además de conocerlos, es quien sabe y decide como utilizarlos en la historia (y eso es la metahistoria).

Anatomía de los hechos.

Recapitulando:

  • Tengo múltiples tramas que componen una historia, y cada una corresponde a una particular visión del conjunto total de hechos que suceden, ya sea la visión parcial de un personaje, la visión global de un narrador o la visión estratégica del escritor.
  • Las tramas se componen de una secuencia lógica de hechos cuya complejidad depende del nivel de detalle de los hechos.

Toca avanzar un paso más. ¿Qué son los hechos? Pues son tan diversos, y su definición depende tanto del nivel de detalle que se quiera dar (“asesino mata a la victima” versus “asesino se levanta del sofa -> asesino coge la pistola -> asesino apunta a la victima ->…”), que solo puedo definirlos como una acción. Un par sujeto-predicado. Pero no me gusta utilizar en este ámbito esos términos, robados del otro mundo.

Un hecho es una acción. Una frase.

Tiene un agente (sujeto) que puede ser uno o múltiple. Puede ser Frodo o la flota napoleónica.

La acción es un verbo, que puede ser en activa o pasiva, en cualquier tiempo, en cualquier modo.

Y luego están los complementos, menos importantes (muchos son del mundo de la estética). Porque el objeto en realidad es un sujeto en pasiva. Un ente que interviene en la acción, en este caso recibiendo el resultado.

Si tuviera que vérmelas con un esquema lógico formalmente correcto tendría que definir cada átomo del hecho (la frase) y entrar en aplicar relaciones lógicas entre ellos. La estructura pesaría mucho más que el propio edificio. Mal asunto.

Yo creo que el compromiso entre lo que necesito y lo que cuesta pasa por definir los hechos como:

  • Una frase.
  • Vínculos de la frase con los agentes involucrados.

Además de esto, como estoy prescindiendo de mucha información al despreciar todo lo que dice la frase excepto el sujeto, cada hecho tendría al menos estas variables:

  • Tipo de hecho: Descripción, Acción, Climax, Interaccion (dialogo), etc..
  • Relevancia.

Y con esto he llegado al grano más fino, al máximo nivel de detalle que deseo. Lógicamente, ahora que tengo definidos mis átomos, tengo que volver hacia arriba. Pero ahora ya toca pasar de la idea a la ejecución.

Los hechos.

Para idear, estructurar y desarrollar una narración voy a partir de un conjunto de hechos que consisten de una frase escrita y una serie de vínculos a los agentes involucrados en ella.

Lógicamente voy necesitando también un conjunto de agentes, que pueden ser elementos o grupos de elementos. Y esos elementos pueden ser personajes (personas, animales, etc.), lugares, objetos… y todo lo que se le ocurra al escritor, porque para eso ya tengo también una tabla de tipos de elementos.

Objetivo: Me gustaría que, al escribir la frase que define un hecho, la máquina se encargara de alguna manera de detectar los personajes involucrados.

Las tramas.

Las tramas son secuencias de hechos ordenadas y jerarquizadas según un determinado punto de vista.

Bien, tendré entonces una tabla general de tramas, donde es importante señalar que elemento (o grupo de elementos) aporta su punto de vista a la trama, y para cada trama necesito desarrollar una secuencia de hechos relacionados.

Tan sencillo como coger los hechos desde su propio criadero (o crearlos sobre la marcha), añadirlos a la tabla de hechos de esa trama y establecer la jerarquía y la organización entre ellos.

  • Jerarquía: hechos globales se componen de hechos más concretos.
  • Organización: Lo más sencillo sería señalar al antecesor y al sucesor para cada hecho en la trama. Lo más bonito, indicar también por qué un hecho causa otro. Me quedo con lo sencillo.

Objetivo: A mi me gustaría estar escribiendo una escena y tener ahí al lado la secuencia de hechos que ocurren en ella, para que me sirvan como guía.

La narración.

La narración tiene su propio orden: libro, capitulo, escena. Me he acogido a este estándar como podría haber escogido otro, pero este en concreto me gusta porque sirve para obras extensas y también para organizar pequeños relatos.

Este es el orden de lectura, y es normalmente el orden en que se suele escribir.

Bien, disponer de unos buenos planos de la historia me permitirá trabajar en desorden. Porque hay días que me levanto con cuerpo de prólogo, y hay otros días que soy mas de capítulos nueve.

Objetivo: Quisiera poder comprobar como se ajusta el orden de lectura para cada trama, es decir, en que orden se presentan los hechos de una determinada trama al lector. Así podría saber si el punto de vista de cada personaje, en el orden en que se lee la historia, muestra alguna incoherencia.

La metahistoria.

Es lo que más me importa: Diseñar y Construir la estructura de una narración. Querría poder hacerlo de forma previa, de forma paralela a la escritura e incluso a posteriori, porque la metahistoria es objeto de revisión y análisis de la misma forma que el propio texto, y puede ser también un medio fundamental para corregir un borrador.

Para “escribir” la metahistoria necesito crear personajes y agruparlos, crear hechos y organizarlos, asignar tramas a determinados personajes (no necesariamente a todos, y no necesariamente tiene por qué tener asignado un personaje real => Nota: crear personajes virtuales), y después poder jerarquizarlo todo.

Objetivo: Necesito un entorno de trabajo propio para la metahistoria, donde poder trabajar sólo con conceptos, pero necesito también tener a mano la parte de la metahistoria que me interesa mientras estoy escribiendo una escena concreta.

Metahistoria es estrategia. Principios fundamentales.

  • De lo general a lo particular.
  • Divide y Vencerás: Descomponer los problemas.
  • Modularidad. Usando envases pequeños, cuando hay problemas no se pierde todo sino solo que se ha estropeado.
  • Abstracción. Trabajar primero con Conceptos (muy baratos) que después se desarrollan en Escritos (muy costosos).

Caramba, ¿dónde habré visto yo estos mismos principios? 

Parte de la metahistoria tiene que ver con aprendizaje y experiencia, con leer como yo digo “con intención”, tratando de adivinar los “porqués” del autor en cada párrafo. Aquí vuelve por sus fueros el paradigma PND, y también otras estrategias como procurar los giros en la trama en los momentos adecuados, decidir la extensión (y conveniencia) de diálogos y descripciones, y sobre todo especular con los hechos para provocar la reacción deseada en el lector. Esta es la parte de la maestría al construir una historia (que no tiene por qué ser la misma que la maestría al escribirla, aunque suelen ir de la mano), y también de establecer las reglas del juego y respetarlas… o romperlas.

Diseñar una historia es para mi como jugar una partida de ajedrez con el lector (eso no quiere decir que yo sea buen jugador, solo que me mola esta metáfora), donde la clave es anticipar los movimientos del otro para limitar sus opciones y llevar la iniciativa. Por ejemplo, a la tercera o cuarta novela de Agatha Christie ya es fácil darle jaque en treinta páginas… amigo mío, ¡no siempre gana el escritor!

La otra parte de la metahistoria es más mecánica, y tiene que ver con disponer de herramientas para poder diseñar la historia, ya sean escaletas, guiones o postit, ya sean hojas excel o notas en el móvil, o ya sean….

Objetivo: Me gustaría poder trabajar con la estructura lógica de los hechos de cada parte del sistema: según la trama, el personaje, el capitulo, ordenar por orden de lectura, tiempo real, por relevancia, poder filtrar según múltiples criterios como el tipo de hecho… que digo múltiples ¡todos los criterios!, y esto lo quiero poder tener ahí al ladito mientras escribo.

Condicionantes.

Todo esto no vale de nada si al final todo resulta más complejo. Tengo que tener bien presente mi mantra de cabecera para programar: simplificar, simplificar, simplificar. Hacerlo sencillo (de momento, hacer al menos que sea sencillo para mí).

Luego están el collar y el perro. Pero, bueno, espero tener la oportunidad de escribir lo suficiente para amortizar todo este tiempo. Además, la satisfacción de hacerlo es parte del salario. ¿Parte? ¡ES el salario!

Y la experiencia de uso. Creo que todas estas ideas me conducen a hábitos distintos, pero creo que yo necesito adquirir esos hábitos. Por ejemplo, trabajar de forma más organizada, por ejemplo ponerle coto a la improvisación que me acaba llevando a callejones sin salida. En este sentido es una cárcel deseable, y creo que merece la pena fabricarme yo mismo los barrotes. Por ejemplo, ser menos disperso sin reducir la entropía de mi imaginación.

Conclusión.

Sigo teniendo mucho trabajo por delante, pero ahora al menos tengo una guía. Puede que tenga que modificar los planes por el camino, pero de momento estas reflexiones se ajustan a lo que llevo hecho y creo que con pequeños cambios en la base de datos y algunas modificaciones podré adaptarlo y continuar.

Pero ¡hombre! ¿Qué haces? ¿Todavía estás ahí leyendo? ¡No me digas que te has tragado todo este tochazo infumable de más de dos mil palabras! ¡Mereces un premio, vaya que sí!

¡Muchas gracias y un fuerte abrazo!

 

 

2 Comentarios

  1. Pues sí, por mi parte me he leído con alegría tu estudio de narrativa que me parece muy interesante. Aunque tengo que reconocer que con este tipo de cosas me pasa como con los talleres de escritura: comprendo la utilidad de aprender secuenciaciones, estructuras drámaticas y trucos varios, pero me pregunto si todo ello no terminará asfixiando de alguna forma la creatividad y uniformizando la escritura de todos (de hecho, últimamente leo algunas novelas que me parecen siempre la misma): al fin y al cabo, como decía el genial García Márquez: “El mundo se divide entre quienes saben contar historias y los que no, de la misma forma que, en un sentido más amplio, se divide entre los que cagan bien y los que cagan mal”. Un abrazo, Israel

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    1. Me alegro, planteas el fondo de la cuestión: ¿Limita la técnica el libre albedrío? Yo creo que no, que ayuda a canalizarlo, pero todo depende de cómo se use la técnica. No tiene por qué ser un corsé.
      Por ejemplo, yo pretendo poder organizar las ideas, darles forma y estructura, y sobre eso, desarrollar el escrito. Peeero, el escrito hará que cambie la estructura. Pasará. Bien: la estructura es flexible (descomposición, abstracción, modularidad) y puede ir cambiando. De hecho, puede (y debe) ir creciendo en paralelo.
      Creo que la teoría hay que conocerla pero está en cada uno saber aplicarla (o romperla, que también). Pero incluso para romper una norma hay que conocerla: no hay vanguardia sin el paso previo académico, y lo que distingue a un genio de un loco es el conocimiento.
      ¡Filosofando! ¡Bien! Es un buen ejercicio, y te lo pago con un fuerte abrazo!!!

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