Realidad y ficción.


Ha aparecido el cuerpo de una chica secuestrada hace año y medio. El asesino está entre rejas. La noticia deja una familia destrozada, un enorme revuelo mediático y una sociedad horrorizada al comprobar una vez más la profundidad de algunos abismos de la condición humana.

Esto durará unos días; después vendrán lutos, lamentos, protestas, enredos judiciales y en unos meses todo acabará en el olvido… hasta que pasados unos cuantos años veamos a ese mismo monstruo haciendo platós, que ya se sabe que el morbo hace caja.

Hoy leo informaciones sobre este crimen en todos los sentidos. Las habituales en estos casos, la verdad. Se acostumbra uno. Últimamente los informativos son poco más que una crónica de sucesos; la realidad aflora cada día en su versión más oscura a los medios y redes hasta tal punto que ya nos satura, y se diría incluso que estamos vacunados contra la monstruosidad. Esa realidad pérfida y maloliente que nos rodea, a la que nos hacemos inmunes como medio de supervivencia moral, sobrepasa de largo a la más horrible de las ficciones y, sin embargo, la hemos asumido como cotidiana.

¿Para qué leer a Stephen King cuando tenemos los telediarios? Puede que los planteamientos sean menos elaborados, que los villanos sean menos creativos, y que los sucesos se presenten con una dosis mucho menor de suspense. Pero la maldad, la depravación y el desprecio por la vida de los demás que demuestran los villanos del mundo real reduce al ridículo la capacidad de imaginar del mejor de los creadores. Los actos horribles de estos monstruos de carne y hueso están a otro nivel, un nivel tan elevado que no está al alcance del personaje más perverso que jamás pueda nadie llegar a imaginar.

¿No tiene esto un punto de exhibicionismo? ¿No es posible que los medios estén recompensando a los monstruos por sus atrocidades con infames minutos de gloria? ¿Donde está la línea roja entre la información y el sensacionalismo? ¿No existe la posibilidad de que hacerse famoso a cualquier precio se haya convertido en un aliciente más para algunos de estos perturbados?

Es algo sobre lo que hay que reflexionar. Los caminos hacia la fama pueden ser tortuosos y retorcidos; puede incluso que haya quien escoja lo más bajo de su propia condición como medio para hacerse un sitio, aunque sea en la galería de los horrores. Puede que el morbo que parasita las redes y del que se alimentan con voracidad algunos medios se esté convirtiendo hoy en día en el papel sobre el que se están escribiendo las historias más depravadas.

No lo sé. Para mí lo importante son las víctimas. Las personas que son maltratadas, las que son objeto de abuso y asesinadas. Sus familias y su entorno. Y en último extremo la propia sociedad que en su conjunto es la que sufre los ataques de estos canallas. La información debería ponerlas en primer lugar, protegerlas, ampararlas y darles el reconocimiento que merecen. La información debería ser un medio para que la sociedad se protegiera ante sus peores elementos, para que aprendiera a defenderse de ellos o para que ayudara a detectarlos, a encerrarlos y a aislarlos de un mundo en el que no merecen estar.

Y todo lo demás, la componente mórbida de este asunto, el regodeo en los detalles escabrosos, darle cancha mediática a los villanos, ese afán por generar miedo, asco o repulsión como medio para ganar audiencia a costa del dolor ajeno, todo eso debería estar reservado para la ficción, donde los malvados, por malvados que sean, vienen de serie con un seguro obligatorio que da cobertura al lector: sencillamente no existen.

La información es para y por la sociedad. Y es la propia sociedad, a través de la información, quien debería condenar a estos seres inmundos a algo más que la privación de libertad. Debería desterrarlos de la memoria y el recuerdo, condenarlos al silencio y la oscuridad, olvidar sus vidas y sus historias, borrar de un plumazo sus biografías inútiles, silenciarlos, ignorarlos, negarles los titulares, los minutos y hasta la más insignificante mención de su nombre.

Sí, los medios no son más que nuestro propio reflejo. Nos dan lo que consumimos.  Nos nutren con lo que saben que podemos tragar. Deberíamos saber vomitar lo que nuestro estómago no acepta. Porque nuestra sociedad debería dejar a todos estos bastardos malnacidos pudrirse eternamente en el rincón oscuro, frío y solitario de sus propios remordimientos.

 

 

 

 

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3 Comments

  1. Cuando desapareció la chica, los programas matinales llenaron horas durante meses con este suceso. Desgranaron no solo la investigación, si no la vida familiar, el comportamiento de los padres, como era su relación, el ir y venir de la otra hija por intercambio de custodia… todo un espectáculo.
    De repente debieron bajar las audiencias y desaparecieron en el olvido. Nunca más se supo.
    Ni una cosa ni la otra. Termino medio por favor.
    Respecto al caso, al menos han confesado dónde está y la familia descansará un poco al fin.
    U. Saludo

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  2. Los malos de S. King no son ni la mitad de malos que los protagonistas de las principales crónicas de nuestro país. Dices que la información se basa en lo que queremos ver (yo no miro la tv, solo consumo rrss), pero te puedo asegurar que sea donde sea el medio de comunicación, la información lega a nosotros muy sesgada, por eso recomiendo contrastar siempre en diferentes medios, pues eso hace que podamos, por nosotros mismos, ver qué es real y que es manipulación.
    Mucho por decir en este sentido. Tema polémico cuanto menos.
    Saludos, Isra.

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  3. Pero muchas veces la sociedad apunta al inocente y lo castiga, y dejan al monstruo en total libertad caminando por las calles sin remordimiento alguno esperando su próxima víctima. Vivimos en una sociedad que trastorna la realidad, por defecto no creo que sea justo dejar la justicia en sus manos.

    Le gusta a 2 personas

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