Una docena de abrazos.


1. El argumento (rollo habitual, prescindible)

Soy de abrazos. Lo habréis comprobado en mis comentarios y respuestas. También en la vida real: me gusta más un roce que a una bicicleta vieja. Y esto tiene su explicación.

El abrazo es mucho más que un sencillo apretón de manos; es más cálido, más entrañable. Puede ser falso, como cualquier gesto al uso, pero el abrazo no suele mentir porque no hay necesidad de saludar con tanto aparato para disimular una traicion. A Judas le bastó con un beso, ¿no?

El abrazo para mí es más limpio y honesto que el beso. Exento de intención. Ufff, el beso y sus intereses ocultos. Se abraza al osito de niño, a la almohada cuando hay tormenta o cuando se extraña al amante, al amigo perdido y recuperado, se abraza a quien se ama, a quien se estima y a quien importa. Abrazar es acercar un poco los corazones, es entregarse desarmado y buscar cobijo, y es también fundirse en recuerdos, emociones e ilusiones compartidas.

Pero con el abrazo viene a suceder como con el coito: el que no ha sido, ya nunca será. Vendrán otros, muchos en el caso de los abrazos, pero nunca ese que dejaste pasar.

Entonces, ¿por qué guardar los abrazos? ¿Qué sentido tiene atesorarlos para que se pudran? Ya se acaba el año… ¿Cuantos abrazos no diste? ¡Hay que darles salida!

2. El proyecto (más breve, se deja leer)

Hay una forma algo peculiar de abrazarse en la blogosfera: citar a un blog en tu blog. Así, al incluir el enlace de alguien entrañable se crea un vinculo, una unión fugaz entre dos mundos, entre dos personas.

Bajo esta perspectiva es posible liquidar el remanente de abrazos de 2017 publicando (o reblogueando) una entrada como esta, donde se enlaza (y por tanto abraza) a una docena de seres queridos.

Y si esto de alguna forma se propaga, y quien recibe un abrazo como este se motiva y crea o rebloguea otra entrada como esta repartiendo otra docena de abrazos a otra docena de personas, podríamos crear una corriente de amistad entre nosotros. Sería un acto hermoso para acabar el año que, además, nos permitiría liquidar el stock de abrazos de 2017 que en otro caso se perderían en la nada. Ya lo sé, vendrán otros abrazos en el pedido de 2018 pero estos, los abrazos que no hemos dado todavía este año, se perderían sin remedio.

Edito: ¡no hace falta ser mencionado para engancharse al carro! Si te ha gustado la idea, ¡hazla volar!, publica tu docena de abrazos: ellos te lo agradecerán.

3. La ejecución (si has llegado hasta aquí, esta es la parte que tienes que reescribir al rebloguear la entrada… bueno, puedes cambiar el resto si te apetece: ¡Lo que importa son los abrazos!)

Abrazo 1: para mi amiga Elficarosa, y ella sabe por qué.

Abrazo 2: para Fran por todo el tiempo y esfuerzo que ha dedicado este año a ayudarme, y no solo con la ortografía.

Abrazo 3. Para Calauche porque nos reímos a veces de las mismas cosas, y como lloramos poco no sé si coincidiríamos también.

Abrazo 4. Para todos los compañeros y autores de Textos Solidarios que me han enseñado a ser humilde y a trabajar por los demás.

Abrazo 5. Para Lìdia Castro, mi tilde imposible, por tanto amigo perdido y recuperado, y por ser tan especial.

Abrazo 6. Para Sadire que vive tan lejos que me la encuentro todos los días por los pasillos de casa.

Abrazo 7. Para Fabio Descalzi que es el gran culpable de que yo esté aquí, y siga, y a veces de que me aguante a mí mismo.

Abrazo 8. Para Manuel Cerdá por ese motor que pasó la ITV y que ahora tira como una locomotora: ya iremos enganchando más vagones.

Abrazo 9. Para el gato de Zoe Ruiz, porque a ella no me atrevo (que ya he visto a su maromo en una foto).

Abrazo 10. Para Xabier Novella por tantas y tantas horas de martillo y cincel en un bloque de mármol para sacarle la maravilla que esconde.

Abrazo 11. Para Ana Centellas que está siempre, siempre, para todo lo que hace falta. Y siempre hace falta. Y siempre sabe estar.

Abrazo 12. Para El Peris, porque su ejemplo irá siempre conmigo.

Y todavía me queda por aquí una gran espuerta de abrazos que reservo para todos los que habéis tenido el detalle de aguantarme, de decirme lo bueno y sobre todo lo malo que es lo que importa, de alégrame el día con unas palabras o de arrancarme alguna emoción con vuestras historias. He querido redondear esto a doce por lo del número bonito y tal, pero tendría para unos cincuenta abrazos más, o cien… aparte de que tengo los codos ya como para echarme tres kilos de linimento del tío del bigote.

Daos pues por abrazados y abrazadas, sin importar que os haya nombrado o no, y sobre todo ¡Muchas gracias a todos y a todas por ser mi compañía en este mundo tan extraño!

¡Vaya un enorme abrazo! (¡Cáchis! Mañana, agujetas).

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