Crimen en la blogosfera (ii)


Siguiendo con la construcción del relato sobre el crimen en la blogosfera, de la que ya tengo una idea que puede funcionar con respecto al motus operandi del criminal, me he atrevido a esbozar un inicio. En paralelo sigo pensando en la trama sobre un esquema que empieza a sostenerse, y a aportar más elementos. Pero no he podido resistirme a tirar unas cuantas lineas inspiradas por esa niña que tenia pesadillas.

Quisiera enseñároslo. Es un ejercicio de estilo. El objetivo es generar el primer pequeño enigma, y a la vez definir el tono del relato. De momento tan solo se presenta al investigador y parte de su familia, pero lo que quiero someter a vuestros comentarios es la forma, la redacción del texto, el estilo un poco ecléctico y difuso en que se superponen descripciones, diálogos y pensamientos sin apenas solución de continuidad.

Lo publico sin revisar ni corregir, tal cual lo he escrito de tirón, así que no me tengáis en cuenta las tildes y mis otros errores habituales. Se trata tan solo de la experiencia de lectura que os proporcione este estilo… ¿Qué os parece?

La música chillout del despertador se cruzó en las escaleras con el olor a café. La caricia del agua caliente en la espalda se disolvió entre los recuerdos empujada por el martilleo incesante de las noticias al llegar a la cocina.

¿Menos veinte ya? Saca la leche del microondas. Unta las tostadas. Asegúrate de que lleven el desayuno en la mochila. ¿A qué hora has dicho, Patri? No, no voy a poder. Tal vez pueda ir a recogerte después de la consulta.

—Termínate la leche, Samu. Venga, que vamos a llegar tarde. Pero, ¿es que todavía llevas las zapatillas?
—Ángel, Sarita ha vuelto a tener pesadillas. Tienes que dejar de hacer eso.

¿Qué podrá ser? Cinturones. Asientos. Todos los días igual. Mochilas. Móvil. Cartera. Está todo.

—Ya está verde, papá.

—Ya voy, Sara.

Tendría que contarle cuentos como hace todo el mundo. Pero es ella la que insiste. Patricia no lo entiende. La culpa es de todas esas novelas. Yo sólo le hablo de mi trabajo. Todos los padres lo hacen, ¿no?
—Papá, es el ventolín.
—¿Qué dices?
—Que estás pensando que se te olvida algo, como todas las mañanas, y no te he visto meter el ventolín en la mochila de Samu.
—¡Lo llevo aquí, metomentodo! -chilló Samu desde su sillita

Lo que faltaba: ¡un atasco! Joder, claro, eso era. Ayer ya estaban de obras ¡Tendría que haberme salido por la avenida!

—Papi, ¿tienes el juicio hoy?
—No, se ha suspendido, hija.
—Y del suicidio, ¿sabes algo ya?
—Todavía nada, pero hoy nos dan el resultado de la autopsia.
—Verás como yo llevo razón.
—¿Razón? ¿En qué, hija?
—En lo que te dije anoche, papá. Ese hombre no se ha suicidado. Nadie querría morir así, con tanto sufrimiento.

Con el café de media mañana llegó el mail del anatómico forense con los resultados de la autopsia. A falta de los resultados de anatomía patológica, la conclusión parecía clara: envenenamiento por ácido cianhídrico.

Adiós al caso. Un suicidio. Un puñetero suicidio, y de lo mas tópico además. Cianuro. Un clásico, vaya, ¡solo falta la consabida carta de despedida! Será cuestión de buscarla. Seguro que la ha dejado en el ordenador. O la ha enviado por mail. Tengo que mirar ese ordenador. Y tengo que ir a ese piso a echar otro vistazo.

A Ángel le gustaba dejar bien cerrados los expedientes. Tal vez lo tuvieran en cuenta. Tal vez no, pero él lo hacía de igual manera. Tal vez por eso no le asignaban casos importantes. Tal vez seguía siendo subinspector porque el departamento cerraba muchos casos insignificantes. Tal vez era que las medallas reconocían lo excepcional mientras que lo corriente pagaba los sueldos.

—¿Como ha ido la consulta, Patri?
—No muy bien. Menos mal que has venido.
—Me venía de paso. Tengo que volver al piso del suicida de ayer, ya sabes. Pero cuéntame…
—Confirmado. Bronquitis asmática. Nada de alergias.
—¿Crónica?
—Eso depende. Puede desaparecer con la pubertad, o ya para toda la vida. De momento seguimos con el mismo tratamiento.
—Joder, ¡Nos vendría de perlas ese traslado!
—O no, Angel. Ya veremos. Oye, déjame en la uni si puedes, necesito comprar unos apuntes.

Era el único piso del edificio que en vez de una corona de acebo o una guirnalda con bolas relucientes tenía en su puerta un precinto de la Policía.

Esto está tal y como lo dejamos ayer. El cianuro tendría que estar por alguna parte. Almendras amargas, vaya, ¿a qué olerán las almendras amargas? Nada en el botiquín. Ni el cuarto de baño. Lo típico en la cocina: basura, restos de comida, platos sin fregar, desorden. Casi nada en el frigorífico. Típico de un separado. Los solterones se vuelven gourmets y los separados clientes del MacDonalds. Ni rastro del cianuro. Y tiene que estar. Tiene que haber un bote de algo en alguna parte. Porque eso no lo venden en pastillas, no… “Suicidina, descanso eterno sin contraindicaciones ni efectos secundarios”. Nada, los de la judicial habrán mirado a fondo, y si ellos no han encontrado nada… Veamos ese ordenador.

Iniciales. Matrícula del coche. Nada. Segundo apellido. Primero y segundo. A ver con “JaimMol”. Fecha de nacimiento. Al revés, tampoco. ¿Y si la tiene apuntada? Nada por aquí. Ni en estos cajones. Si vivía solo, ¿por qué desconfiar tanto? ¡Tiene que tener la clave por algún sitio! Espera, a ver… ¿No estará debajo del teclado? No tiene mucha lógica, pero… ¡Aquí está! Listo: Día, mes, iniciales.

No hay nada en documentos recientes. Ni en la papelera de reciclaje. Ni en correos enviados. Ni en los borrados. Pues nada, nada, ¡a leerle la mente a este fulano! Veamos el historial del navegador. Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? Nada de redes. Espera, esto es lo que usa Patri, ¿no? WordPress. Coño ¡nuestro amigo era escritor!

—Patri, necesito que me eches una mano con esto. Sí, si, todo bien. Mira, tengo aquí abierto el wordpress del suicida. Si. Si. Ajá. ¿Cómo puedo sacarme una copia de esto? Ah, perfecto, tan solo el login y la password. Ok. Si. Ok, muchas gracias. No, no creo que llegue tarde. Otro para ti.

Los ordenadores son los diarios del nuevo milenio. Ya no hace falta anotar pasiones con cuidada caligrafía, ni rimar emociones al borde del ripio, ni dejar por escrito lo cotidiano o lo excepcional para alimentar la añoranza y la melancolía de mañana. Las máquinas espían nuestras vidas y guardan nuestro rastro en forma de gélidos ceros y unos. Ya no hay hermano curioso ni novio despechado que viole una delicada cerradura y se sumerja en intimidades ajenas. Hoy solo queda la oscura matemática de recomponer esa intimidad digital que nos hemos ido dejando robar con cada llamada, cada correo y cada mensaje.

Los ceros y unos de Jaime Molina viajaron en el maletero del coche de Ángel con destino a la judicial.

-Enrique, soy Schwartz de homicidios. Es-bartz. Como quieras, Suárez, ¿que más da? Mira, ya la autopsia. Envenenamiento. Vaya que sí, ¡y con cianuro! ¿Vosotros no encontrasteis nada de eso, verdad? Lo suponía. ¿Como que qué cianuro? Pues… cianuro. Ah, no lo sabía, espera… ácido cianhídrico. Tío, no soy químico, ¿Sabes? Para eso estáis vosotros los de la judicial ¿no? Ya. Ya. Entiendo. Pues si en formato comercial solo se vende el cianuro potásico y el sódico, ¿entonces de donde ha sacado ese tipo el cianuro de Hidrógeno?

A ver qué dice la wikipedia…. Así que se obtiene de las semillas de manzana. Joder, en el piso había basura y restos de comida, pero de haberlo sabido…. Tendré que volver o…

-Enrique. Soy yo otra vez si. Schwartz. ¡Suárez, joder! ¡Déjate de coñas!  ¿Podrías mandarme las fotos del piso? Ah, que están en la intranet… ¿tengo acceso? Ok, muchas gracias, ¡Henry!

Ahí están. Joder, sí, ahí están los restos de las manzanas. Y parece que han sacado las jodidas semillas. Maldita sea, ¿quien querría fabricarse un veneno machacando semillas de manzana para agonizar de mala manera sin saber siquiera si sería definitivo o no? Demasiado rebuscado. Sarita, hija mía, ¿a que vas a llevar razón?

Leer el capítulo siguiente.

 

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8 Comments

  1. Diferente, en ocasiones confuso. Me gusta. Solo una cosa, es muy complicado mantener este narrador (lo digo por experiencia, a mi me encanta) porque igual necesitas explicar algo al lector que no quieres que el protagonista sepa. Si es un relato corto estupendo, más de 10000 palabras empieza a complicarse.
    A la espera de más.
    Besacos!

    Le gusta a 1 persona

    1. Por una parte lo veo intenso y directo, por otra como dices confuso. Sobre todo con los tiempos verbales, tengo que revisarlos. Además, un buen verbo vale por diez adjetivos, y eso merece especial atención.
      Creo que tengo que pulirlo, pero voy a tratar de seguir con esa voz tan compleja de tratar y resolver el tema de las descripciones, para que encajen bien sin perder ese toque. Porque nadie piensa “Patri es alta, morena, bien formada y con ojos marengo tirando a ceniza”, y alguien tiene que decirle al lector eso (o algo más elaborado) para que sepa con quien se las entiende.
      Pronto habrá más… llevo toda la mañana rumiando la continuación. Y ya tengo claro como enganchar la trama; me falta el villano, del que solo hay pinceladas. Partiendo del motivo para matar estoy imaginando al autor(a). Ingeniería inversa; del resultado a la causa. Una cosa veo clara: es un(a) entrañable psicópata.
      Y su cara la he encontrado por el método Stanislavski: estaba por aquí, en un plato que se ha ido enfriando ultimamente…

      Me gusta

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