Ojúmuamua.


Visto y no visto. La tan esperada nave espacial Ojúmuamua la he hecho a la tierra un mister Marshall del carajo, y ha pasado de largo sin parar siquiera a echar una meadita en el cinturón de asteriodes.

Toneladas de friquis se quedan una vez más sin poder mostrarle la palma de la mano rollo doctor Spok a una nueva nave alienígena que nos ignora olímpicamente. Los científicos están aún mas cabreados, y tal vez por eso siguen en su rollo de siempre, lo de decir que se trataba en realidad de un asteroide, aunque ya todo el mundo sabe que solo dicen eso para evitar el ridículo, mientras vuelven a empaquetar las pancartas de bienvenida escritas en Klingon y le quitan a sus móviles el tono de llamada con las notas esas del trompisón de Encuentros en la Tercera Fase.

El caso es que los extraterrestres han vuelto a pasar de nosotros. Y yo estoy un poco hasta el gorro de escuchar teorías absurdas sobre este continuado desprecio, máxime cuando yo, un modesto astrónomo aficionado que contempla el cielo nocturno con un telescopio fabricado con canutos de papel higiénico y los cristales de las gafas culo botella de la abuela (que todavía las anda buscando la pobre…), por extraño que os parezca, estoy en posesión de la verdad. Poned mucha atención, que os váis a caer de culo: Los aliens no paran aquí porque la Tierra no esta en la ruta de su Imserso.

Y no te rías que tengo pruebas.

El otro día andaba yo atareado observando el punto de mayor acercamiento de la nave cuando me dí cuenta de que se desprendía algo de ella. Y no se dieron la vuelta para recogerlo, que va, siguieron y punto. Entonces dije para mi lo que habría deducido cualquier científico experimentado: “coño, esos marranos están tirando la basura”.

Solo tuve que calcular la trayectoria de caída del objeto atraído por la gravedad de la tierra y subirme a mi Seat León para seguir esa línea y poder recogerlo. Iba asistido por mi Encarna que, sacando la cabeza por la ventanilla, no les perdía ojo gracias a los prismáticos que le compramos al nene para la fiesta de fin de curso, cuando le tocó disfrazarse de Peter Pan pero no encontramos otra cosa en el mercadillo. Las bermudas de la hermana, la camiseta del pijama, un gorro de paja y los prismáticos colgando del cuello: De explorador y punto.

Seguimos al objeto en su caida por una carretera y más tarde por un carril, donde tuve la precaución de apagar las luces del coche por el buen fin de la misión: aquello estaba lleno de parejitas haciendo nacañaca dentro del coche y ya se sabe lo que les jode que les pongas las largas (Yo no he vuelto a hacerlo desde la última vez, ¡Cómo las gasta el novio la vecina, oye…!).

Continuamos entre olivos y matojos hasta que se terminó el carril y entonces empezó a llover un poco, momento en que me la Encarna me hizo bajarme y salió a escape porque se acordó de que tenía ropa tendida. Se fue llevándose el coche, no sin antes comprometerse a volver a por mi más tarde, y yo continué observando la caída de los objetos hasta que vi como se estrellaban a lo lejos, dentro de en un cercado lleno de cochinos.

¡Menuda situación! Salté la valla y me puse a gritar “¡Abrid paso en nombre de la ciencia!”, pero no me hicieron ni caso los muy cerdos y tuve que esquivarlos como pude hasta que llegué a lo que no podía ser más que una bolsa de basura espacial: Como las de aquí, ¿sabes?, pero completamente lisa y gris, sin ningún signo ni dibujo. Joder, eso solo podía hacerlo una civilización avanzada, porque aquí todo el mundo tira la basura en las bolsas del carrefour.

En esto volvió la Encarna y cargado con la bolsa me dispuse a tirar para casa echando leches porque los cerdos ya se habían olido los desperdicios y amenazaban con hacerse fuertes delante de la valla para quitarme mi preciosa bolsa alienígena. Recordé entonces un capítulo de Frank de la Jungla en el que logra escaparse de unos cocodrilos diciendo que el trabajaba en Lacoste, y grite a todo lo que daba “Dejarme paso que yo trabajo en Navidul… ¿A que llamo a San Martín”,  con lo que logré evadirlos y hacerme hueco corriendo por el fango para salir pitando. Me dejé un zapato clavao en el barro, el otro le he puesto en el Wallapop y las alfombrillas del coche esta para tirarlas, pero después de todo mereció la pena: tengo en mi poder la primera prueba tangible de la existencia de vida en el espacio. Puede que sea una basura. Puede. Pero es basura espacial. Y mola.

Al día siguiente me dispuse a analizar el contenido de la bolsa, que no voy a describir en detalle hasta que no tenga bien asegurado el premio Nobel, pero os puedo adelantar que se trataba, como ya he dicho, de una nave del Imserso alien. Vamos, en cuanto abrí la bolsa y vi dos botes vacíos de Corega, una dentadura postiza y unos cuantos botes de medicinas vacíos, me dije “Ahí na más que iban abueletes, fijo”.

Si no fuera por lo del Nobel os podría contar mucho más sobre la vida y costumbres de los alienígenas. Por ejemplo, que les gusta el fútbol. Increíble, ¿verdad? Es posible que lo hayan visto por los partidos que emitimos por vía satélite, que les haya llegado la señal, lo hayan aprendido y se haya puesto de moda en su planeta. Pero, claro, está la velocidad de la luz y eso… Yo he hecho unos cálculos como hicieron en la película Contact, el mensaje aquel que tardaba un puñao en llegar a Vega y volver y por eso la rubia dedujo que el Mateo Mataconejos era un mal bicho y le tiró la brújula a la cara y… vaya, que me pierdo. Es que me mola el cine, pero tela. Decía que hice mis propios cálculos,  pero con la calculadora del niño, ¿eh?, que tiene logaritmos y esas cosas (no sabemos a quién se la habrá robado el jodío), y desde luego de Vega no pueden ser. Ni tampoco de más lejos de uno o dos años luz, porque en el marca que encontré en la basura sale Neymar con la camiseta del PSG, y eso no puede tener más de un año.

Comer, comen como nosotros. Tienen que tener una ecología muy parecida a la nuestra, desde luego, porque analizando los restos se ve que comen plátanos, naranjas e incluso que saben hacer croquetas de bacalao (¡si, joder, las he probado pero solo por el bien de la ciencia!). Y la industria no debe ser tampoco muy distinta, por lo que he ido viendo en los restos. Hasta tienen una fábrica de foie gras como las nuestras, y casualmente también se llama Pamplonica. Yo creo que existe algún paralelismo, o que el principio antrópico ese es mucho más complejo de lo que dicen los libros y los aliens no solo son idénticos a los humanos, sino que también le ponen los mismos nombres a los periódicos y las latas de foie gras. Pero conste que también había latas y envases con nombres muy, muy raros; le hecho una lista con ellos a mi Encarna para que se acerque al Lidl a comprobarla, que ya no descarto nada, pero para mí que una especie de champiñones que se llaman algo así como “boletus” o un arroz que se llama “basmati” no pueden ser de este mundo.

Y desde luego he sacado muchas otras deducciones sobre las costumbres alien. Por ejemplo, que son muy tacaños: Fijaos que había ¡un trozo de papel higiénico usado por las dos caras! Que ya hay que ser del puño, ¿no? O la cantidad de lotería que compran (razón de más para pensar que son del Imserso, fijo).

Y desde luego los aliens estos no son nada solidarios, porque todas las botellas de plástico que encontré llevaban los tapones puestos, cuando aquí en el pueblo los recogemos todos para reunir dinero para los estudios del niño de la Engracia, que parece que desde que lleva gafas va sacando mejores notas. Hay que tener cuidado con estos aliens, que si no son capaces ni de guardar los tapones de plástico, ¡imagínate lo que pueden hacer con un buen cañón de protones!

Y no digo nada más. Me guardo los mejores descubrimientos para lo del Nobel, sobre todo los de anatomía (¡había una revista guarra con las aliens en bolas haciendo de tooodoooo!) y los de cultura general, de la que sí os digo que están como nosotros o peor, lo que deduzco de los cuatro periódicos que venían en la bolsa y que tenían los crucigramas sin hacer. Es lo que tiene el método científico: observas un hecho concreto, preguntas en internet y después sacas las conclusiones. Vamos, así es como hace el niño la tarea y de momento va aprobando.

En definitiva, que esto es lo que hay: la tierra está en una ruta del Imserso alienígena pero las naves no hacen parada. Y ya sabéis como funciona esto: yo creo que las Naciones Unidas tendría que coger todos los radiotelescopios del mundo y enviar un mensaje dirigido muy claramente a las agencias de viajes extraterrestres en el que se les prometa una buena comisión por todo lo que consuman los viejos en nuestro planeta.

Yo ya les he enviado un mensaje explicándole el temita y espero que me contesten cualquier día de estos. Espero, porque igual los capullos estos mandan el mensaje por su cuenta y ni siquiera me consultan ni me dicen nada, que uno ya ha visto de todo. Sería una putada para lo del Nobel, la verdad, pero bueno, aquí tengo la bolsa bien guardada en el trastero por si la cosa se pone fea y hay que demostrar quién fue el descubridor de los aliens.

Y solo queda la gran pregunta: ¿Tendrá la ciencia algún día la posibilidad de contactar con inteligencias extraterrestres en nuestro mundo? ¿Qué te parece la preguntica? Es buena, ¿eh? Me la ha escrito el niño para el final del discurso de la entrega del nobel. Y la respuesta es mía, pero también es de cojones, ya veras, ya verás…:

“Que digo yo que como no pinchen una rueda, estamos apañaos”.

 

 

4 Comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s