Mi submarino.


El niño que fui ha dejado una flor debajo de la cama.

El Destrio

Yo fui un niño afortunado porque tenía mi propio submarino. Me encantaba gobernarlo, recorrer los mares con él y entablar batallas navales, soltar torpedos por doquier y hasta esquivar las cargas de profundidad de los destructores del enemigo.

Lo encontré una de esas veces (al día) en que me castigaban encerrado en mi cuarto. Allí estaba, esperándome, pidiéndome a gritos que abriera la escotilla y me pusiera a los mandos del periscopio. Joder, aquello me gustó tanto que desde entonces empecé a desear que me volvieran a castigar. Y si he de ser sincero, creo que aquella nave podría justificar muchas de mis travesuras. Ardua tarea.

Os preguntaréis como puede ser esto, ¿verdad? ¿Quien tiene un submarino en su habitación? Pues pensad en un lugar oscuro y estrecho, casi claustrofóbico, profundo, recogido, silencioso, donde cuesta hasta respirar y no te puedes mover apenas, un sitio que te obliga a permanecer…

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