Inventar.


Hay días, como hoy, en los que uno tiene la necesidad de hablar de sí mismo. Es difícil ser objetivo en estos casos, tal vez porque nunca se sabe si este estado de ánimo te hace ser objetivo o si, por el contrario, te impide serlo.

En los cincuenta y dos años que llevo en este mundo he aprendido a conocerme un poco. Una de mis cualidades (dejemos de lado los defectos, ¿vale?) es la capacidad para ser mediocre en todo lo que me proponga. Escribir es un ejemplo que ya conocéis bien, pero tengo muchos más. En todos estos años me he podido demostrar a mí mismo en múltiples ocasiones que soy un caso típico de aquello de “aprendiz de todo, maestro de nada”.

Esto tiene su punto de iniciativa, de lanzarse al vacío arrastrado por una idea y caminar los primeros pasos con solvencia e ilusión. También tiene un componente de inconstancia, de no saber aportar la perseverancia y la entrega necesarias para continuar el camino y alcanzar los objetivos deseados. Y desde luego tiene también una parte de sobrevalorar las propias capacidades, de creerse capaz de algo cuando lo único que se tiene en realidad es las ganas de serlo.

Sería prolijo hablar de todos mis intentos, de las oportunidades en que he logrado ser mediocre en algo. Os volvería locos si contara todas mis pequeñas locuras. La cuestión es otra: ¿Cuál es el fondo? ¿Qué hay de eso que llaman vocación, de esa actividad para la que se supone que uno tiene un buen adn? ¿Qué es lo que en realidad me gustaría ser?

Pues eso lo tengo claro desde que tengo uso de razón: yo de mayor quiero ser inventor.

Sí, inventor. Si estás pensando en el tópico, entonces has acertado. El inventor, ese tipo solitario y excéntrico rodeado de aparatos extraños y cuadernos con garabatos que se entrega con infinita dedicación a intentar hacer realidad maravillas y sueños imposibles. Qué tontería, ¿verdad? Pues así de pueril, así de insostenible y así de estúpido.

Para inventar hacen falta muchas cosas. Una mente especial que, pese a lo que dijeran aquellos tests, yo no tengo. Una capacidad de trabajo que, pese a que como buen autónomo no trabajo más horas porque los días tienen solo veinticuatro, tampoco poseo. Una fe en uno mismo que pueda con todos los desalientos de la que, a pesar de mi optimismo incombustible, tampoco dispongo. Una formación especializada que nunca me he podido permitir, en gran parte a causa de mi propia inconstancia. Y una máquina interior de generar ideas que funcione continuamente a pleno rendimiento, cuando la mía es tan delicadita que solo da flores como esos cactus, de noche, y una vez al año.

Pero, a pesar de todas mis carencias, creo que tengo esa luz interior, ese deseo, esa inquietud. Una curiosidad inagotable. Un continuo ¿por qué? Un eterno escepticismo ante todo lo que es porque siempre ha sido así, señal inequívoca de que eso es mejorable.

Mis sueños no son de este mundo, sino de la oficina de patentes. ¡Ah, cuánto daría yo por poder enmarcar una! Y el caso es que tengo algunas buenas ideas. Muchas, diría. Cuadernos llenos de esquemas, fórmulas, explicaciones, procedimientos…

Hoy estoy de nuevo poseído por una de ellas. Me tiene atrapado. No me deja dormir, ni casi pensar siquiera. De hecho, creo que acudo a ella como un refugio frente a todo lo que me rodea. Y, como siempre que me pasa esto, estoy convencido de que esta vez es la buena.

Pero, como me ocurre cada vez que me convenzo de eso mismo, dentro de poco acabaré descubriendo el gran error que ahora se me oculta, ese hecho incontrovertible que convierte una locura en una verdadera estupidez. Y entonces, como siempre, volveré a aparcar en el cajón de los sueños rotos un cuaderno más, y seguiré en mis cosas, las que dan de comer, hasta que llegue otra idea y me entregue a ella con pasión.

Este es el bucle en el que vivo. En el fondo no se está mal aquí. Cada nuevo intento tiene algo de satisfacción, por mucho que después se frustre: el mero hecho de tener ideas, aún disparatadas, ya tiene algún valor. Pero en días como hoy me pregunto donde está el resorte o cuál es la palanca o donde está escondido el botón de este oscuro mecanismo, el punto sin retorno que hace que al final nada funcione.

¿No será que la incoherencia está dentro de mí y no en esos cuadernos? ¿No será que el fallo es no insistir ante cada nuevo imposible? ¿O acaso el gran error es intentarlo siquiera? En realidad no lo sé. En días como hoy pienso en estos asuntos, me esfuerzo buscando respuestas pero soy tan mediocre que al final solo genero más preguntas. Es curioso: soy curioso hasta con mi propia curiosidad.

Y lo cierto es que no se por qué.

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21 Comments

  1. Yo creo que no son todas esas cuestiones, no sé de qué trata tu sueño pero el asunto es, entre menos lo pienses y lo hagas, más rápido se materializa, ya que debes concéntrate en sentir y no en pensar.
    Sentir es otra forma de pensar y crear

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  2. ¿Tú, mediocre al escribir? Madre mía… entonces acá hay un manojo de mediocres comenzando por mí misma. Creo que el tema está en la pasión, ¿verdad?
    Y como dijo Edison sobre su famoso invento por el cual tanto lo conocemos: «no fueron mil intentos fallidos; fue un invento de mil pasos». Si hoy tenemos luz gracias a este hombre, es porque falló unas 999 veces para que la número 1000 fuera una bombilla incandescente de alta resistencia. ¿Por qué tú no harías algo que te/nos modifique? 😉
    Y en última instancia, si llega la muerte, que nos agarre inspirados, haciendo e intentando, qué joder! jaja.
    Hermoso escrito, hermosa reflexión, hermoso leerte siempre.

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    1. Muchas gracias Poli! ¡Si yo soy el primero que deseo acertar en algo! Porque todas y cada una de las cosas que se me ocurren implican que alguien va a estar mejor, a vivir mejor o a sentirse mejor. Y eso, en el fondo de todo lo que pienso y soy, es La Luz que me anima: Ayudar a los demás.
      Entre otras cosas, porque sé que es la mejor forma de ayudarme a mí mismo. Y eso completa el círculo: sentirse bien haciendo algo, esa algo ayuda a alguien, yo me siento bien por hacerlo posible.
      Un abrazo!!!

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  3. Quiero pensar que todos tenemos algo especial, pero unos lo aprovechan hasta la saciedad y otros ni lo rozan por miedo a fracasar. Fíjate, no creo que sea pereza, ni llegar a un punto muerto para volver a empezar. En muchos casos es el miedo a salir de la zona de confort. No sé, 😂 realmente creo que me lié
    Un saludo

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    1. Estoy contigo, incluso en lo de liarte. Son muy complejos estos terrenos de lo que se quiere y lo que se puede hacer. Los factores externos pesan mucho: tener oportunidades, el peso de la opinión de los demás, disponer de tiempo y recursos…
      Por otra parte, está el yo: tener confianza en uno mismo, tener perseverancia y capacidad de sufrimiento, y sobre todo conocerse, saber las propias capacidades y los propios límites.
      Pero ante todo está el impulso, las ganas, la ilusión: ese es el combustible de cualquier proyecto. Hay que mimarlo, protegerlo y alimentarlo continuamente. Yo creo que esta es la clave, la que nos puede hacer superar todas las barreras y vencer cualquier obstáculo. Creer en uno mismo, creer en una idea y ¡a empujar!
      Muchas gracias, un abrazo!!

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  4. Eingssss vamos a ver, querido Israel….
    Tienes hijos, ¿verdad? Entonces sabrás la teoría esa de no repetirles constantemente “muy mal”, “eres malo”, porque al final acabarán ellos mismos creyéndose que no pueden ser otra cosa que “malos”.
    Pues aplícate el cuento, bonico, que al final te vas a creer que eres mediocre o ramplón y de eso no tienes nada.
    Besacos, genio!

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    1. Hoy he oído a Rosa Montero (Enhirabuena si te paseas por estos suburbios!!) decir que el novelista tiene un agujero lleno de inseguridades (o algo parecido🤔).
      ¿Quien no las tiene? A ver, ¡que levante una patita! Pues eso.

      Y como iba diciendo…
      ¡Paparruchas! ¡Por ahí no voy a ninguna parte! Mejor te cuento el primer cuento que invento mi hija:
      Había una vez…
      Un…
      Perro…
      Que…
      ¡Se cayó por el water!
      Ay esos genes…😂😂😂

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  5. Mucho ánimo y para adelante con todo lo que te propongas. Seguro que nos solucionas la vida un día u otro. Eso por un lado.
    Por otro, hacía mucho tiempo que no leía tanta tontería junta en un mismo soporte. ¿Tú, mediocre? Mira, te voy a decir una cosa: con escritos tuyos me he (menos mal que no literalmente) muerto de risa, con cosas que has escrito tú me he emocionado y me he cabreado. Eso, perdona que te diga, no es mediocridad. La mediocridad es lo más terrorífico que existe, a veces, es casi como un imán del que parece que no puedes escapar. Pero si piensas que eres mediocre, es que no lo eres. Esto funciona como la locura. Y te lo dice alguien a quien la mediocridad le obsesiona y le tortura por las noches.

    Hale, buena tarde.

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    1. Entonces lo dejamos en ramplón!😂😂
      Creerse uno mismo mejor de lo que es en realidad lleva a tales angustias que yo pienso que es más sano saberse ramplón y agradecer cada mejora, por pequeña que sea. Dicen que para levantarse hay que caerse antes, pero nadie dice de qué alturas hay que caer. Y yo tengo vértigo!!!😂😂

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  6. Querido Isra, efectivamente eres como esa flor: “la reina de la noche” exótico, raro, tan especial que la gente espera todo un año para verla, y tú un día, nos sorprenderás con tu gran invento, porque tienes constancia, deseos y ganas.
    escribes genial y sabes que disfrutamos leyéndote, siempre con proyectos eres una persona muy especial, tú nunca podrías ser mediocre.
    Abrazos de tu fan María.

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    1. ¡Que no está tan mal ser mediocre! En este mundo solo destaca uno entre un millón, y eso es injusto porque entre ese millón de personas también hay mucho talento, y si lo sumas hay muchísimo más talento que el que pueda reunir hasta el mayor de los genios. El oro es caro porque hay poco, no por sus propias cualidades: hay mejores elementos. A mi me molan más el Sodio o el Potasio: si el oro conduce la electricidad, el sodio y el potasio transmiten pensamientos. Como tus poesías, compañera.
      Muchas gracias por tus palabras! Un abrazo!

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    1. Muchas gracias Patricia, ya quisiera yo superarme cada día! Bastante tengo con superar cada día, sobre todo a final de mes! Ojalá sea cierta esa visión tuya y algún día consiga hacer algo digno. De momento, a seguir intentando!
      Un abrazo!

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