Yo soy tóxico, ¿y qué?


¡Aléjate de la gente tóxica! ¡Huye de ellos! ¡Échalos de tu vida! ¡Pídele los planos a Trump y hazte un buen muro contra ellos!

Por lo visto ese es el mensaje: hay que rodearse de hipócritas que te rían las gracias y de gilipollas que te toquen las palmas. Que son, precisamente, los primeros que huirán de ti cuando tengas problemas, porque en ese mismo momento te habrás vuelto tóxico para ellos.

Así que para los gurús del bienestar espiritual la felicidad consiste en construirte un paraíso idílico repleto de gente positiva. Da igual que las paredes sean de cartón piedra y que los amigos cobren por horas, o por copas en el mejor de los casos. Y por supuesto nada de gente tóxica en el rebaño, que esos solo dan leche cuando lo ideal es ordeñar a la gente positiva porque esos están tocados por la gracia y les sale un Puleva por cada ubre.

Pues bien, yo soy tóxico, y a mucha honra. Prefiero un disgusto en el momento que toda una vida de verdades a medias. Me atraen los problemas de los demás, cada mañana me los echo a la espalda junto a los míos propios y me pruebo a ver si tengo cojones de poder con todo. ¿Quien necesita un gimnasio teniendo una buena mochila de problemas?

Si me tomo una caña es porque tengo el euro en el bolsillo, no porque haya un viva la vida al lado en la barra, que a esos y sus invitaciones los conozco de sobra y al final las paga uno sea en efectivo o en favores.

Soy tan tóxico que cuando me tocan el forro suelto más verdades que un espejo, cuando lo fácil sería poner cara de tonto, contar un chiste y pedir otra.

Tan tóxico que prefiero una mano con callos o una mejilla con rastros de sal a Alícia, el conejo, la reina de corazones y todo el pais de las maravillas al completo vestido de Prada.

Tan tóxico que una vez me preguntó un coach qué era lo mejor que se me podía ocurrir para ahorrarle costes a la empresa y le respondí que despedirle a él. Y acerté, aunque a mí me despidieron primero: quebraron siguiendo sus recetas.

Y tan tóxico en definitiva que voy a más entierros que fiestas y a más hospitales que pubs, porque yo procuro estar donde se me necesita, y palmeros los hay a patadas en LinkedIn.

¿Será por eso que los antitóxicos nunca borran mi numero de su agenda? Porque en esta vida todo sube y todo baja. Y cuando las cosas se rompen de verdad, ahí estamos los tóxicos con dos cojones para arreglarlas.

No todo consiste en vivir mejor: importa más dormir tranquilo.

14 Comentarios

  1. Israel me pusiste a pensar si seré o no toxica.
    Luego de meditarlo, me di cuenta que lo peor es ser tóxica para uno mismo.
    Creo que he pasado muchas veces por eso; en vez de soltar las cosas que me molesta, las he guardado haciéndome daño a mí mismo. No creo que haya algo más tóxico que eso.
    Aparte de eso, yo no te considero tóxico, es más tú aportas y animas mucho, para mí es un gusto haberte encontrado. Ya, eso.
    Saludos y abrazo.

    Le gusta a 2 personas

    1. Espero no ser así. Pero el concepto en sí es peligroso: la gente lo usa a su criterio, y convierte en “tóxico” a quien no le aporta nada, o a aquellos de los que no puede sacar nada. La gente está extendiendo la etiquetita a cualquiera que tiene problemas o que no está “al nivel” de la concurrencia (nivel económico, intelectual, emocional o de golfería)
      Así está el patio. Yo soy de la opinión de Groucho en cuanto pertenecer a ciertas “élites”, pero me jode que ahora se diga “tóxico” como eufemismo de triste, pelmazo, tieso, amargado y demás. Proselitismo, y punto.

      Le gusta a 3 personas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s