El cazador.


Vio caer a su presa desde el puesto. La vio debatirse en el suelo sangrando por el costado. Ya no se levantaría, quizás una esquirla en el corazón, puede que metralla en una arteria.

Esperó, paciente, inmóvil, pendiente a la llegada de la muerte como solo sabe hacerlo un cazador. El blanco firme en la mirilla y el dedo acariciando el gatillo por si tenía que darle el tiro de gracia.

Espero hasta que expiró. Sonrió satisfecho y cargó de nuevo. Oteó el horizonte en busca de otra presa. Ya aparecería alguna.

Miró su reloj. Era pronto aún, tenía tiempo para disparar uno o dos tuits más.

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