52 y subiendo.


Hoy he escalado otro peldaño. Sin ruido, porque había cosas más importantes que celebrar. Aparte de que me gusta pasar desapercibido, y mis fiestas son de otro reino.

No me pesa la cifra, al contrario, es una maravilla tener la fortuna de contar hasta cincuenta y dos. Doy gracias por cada día, por cada instante que he tenido el privilegio de existir. Tengo un tesoro de memorias y recuerdos que no para de crecer y cuento con un remanente de cariño de quienes me rodean que vale por todas las canas y todas las arrugas. Por todos los sinsabores y las tristezas, porque incluso estas he tenido la suerte de vivirlas, de estar allí y sentir, de hacer lo que podía o de desear poder con lo imposible.

¿Por qué contaremos la vida por años, cuando en realidad vale tanto como lo que hiciste con ella? La edad es una quimera. El tiempo es relativo. El tiempo humano, no solo el de Einstein. Un instante puede valer por toda una vida, y en cambio hay vidas llenas de instantes vacíos.

El tiempo, la vida, cumplir, pensar… ¡Que suerte seguir aquí para contarlo!

¡Que más da cuantas velas, si lo importante es estar ahí para soplar!

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