Belvedere.


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-¡He dicho que no! Y ahora puedes retirarte. – dijo el rey Obtuso III.

La pretensión de la reina le resultaba inaudita. Y su insistencia exasperante. ¿Qué habrían podido ver todos en ese don nadie? Nunca se había visto en Logicalia que un plebeyo irreverente pretendiera cortejar a una princesa. ¿Cómo iba a entregar la mano de su hija a un malhadado geómetra, un loco idiota que había tenido la osadía de afirmar que dos líneas paralelas podían tocarse? ¡Menudo bergante! Le dejaría encerrado hasta que se retractara de semejante blasfemia y jamás, bajo ningún concepto, le permitiría acercarse siquiera a su querida Homotecia.

La dulce Bisectriz conocía bien el carácter de su esposo. Esa obstinación con que se aferraba a la sencillez de las reglas solo demostraba su propia inseguridad, su necesidad de un plano firme sobre el que cimentar toda su ordenada existencia. En el fondo Obtuso era una buena persona, pero era muy obcecado. Sabía que no lograrían convencerle con argumentos; tenían que abordar el problema desde una perspectiva diferente. Tal vez el plan podía funcionar. Mientras contemplaba el sereno paisaje sus pensamientos estaban con Isósceles. Ahora todo dependía de él. Un rumor de voces lejanas le llegó desde el piso inferior.

-¡Está aquí arriba, Ortocentro!

-Entonces será mejor que suba.

-Esta muy ensimismada. Tal vez no sea momento de molestarla.

-Es importante, Hemisferio. ¡Aparta! ¡Tengo que hablar con la reina!

La princesa Homotecia no estaba dispuesta a dar su brazo a torcer. Pese a los consejos de su tutor se disponía a enfrentarse con su padre. Si no podía aspirar a su felicidad, al menos tenía que conseguir la libertad para su amado Convexo. El apenado Romboide insistía en sus cuitas y le sugería el camino de la paciencia. Le recordaba que a veces la linea recta no es la distancia más corta entre dos puntos. Tenía que esperar a ver como resultaba el plan que había urdido su madre. Pero Homotecía estaba decidida, iba a plantar cara a su padre de una vez por todas cuando reparó en unos susurros cercanos.

-Ah, por fin apareces… ¡Lo tengo! -dijo Isósceles en voz baja.

-¿Es cierto? ¿Lo tienes? ¡Dime que es cierto! -le respondió Convexo tras las rejas.

-¡Es cierto, amigo! Puede que el rey viva atrapado en su dimensión, pero esto… ¡Esto no podrá rebatirlo!

-¡Pues ve raudo a mostrárselo a Obtuso! ¡Cederá! ¡Sí, tendrá que ceder!

-Tranquilo, amigo, sigamos con el plan. ¡Ya he mandado aviso a la reina Bisectriz!

 

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13 Comments

    1. Es parte fundamental de la obra de Escher; hay matemática en el arte, por ejemplo en la música de Bach. Y hay poesía en las matemáticas, hay belleza en los números y sus relaciones, y en las formas…
      La matemática tiene mucho que ver con el libro que pienso escribir, aunque el tema sea buen distinto. A mí me encantan, a nivel aficionadillo y con muchas muchas carencias.

      Le gusta a 1 persona

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