Gilda

Gilda atraía a los hombres. Tal vez su encanto residía en la sinuosa belleza de sus curvas, o en la cadencia hipnótica con que las movía, o puede que en el eterno negro que destacaba sus líneas y le otorgaba esa peculiar belleza animal.

Pero, aunque algunos pensaran lo contrario, ella era quien los manejaba, quien los traía y llevaba a su antojo, la que los maltrataba en esperas de minutos interminables para aparecer en la distancia recreándose en sus silbidos. Era ella la que quemaba sus ansias y liberaba en humos el fuego de su interior. Se movía, andaba, paraba como y cuando quería, y los atrapaba en una vaporosa falda de gasa, siempre Gilda, con su presencia exótica, lujuriosa e inalcanzable.

Gilda no estaba mucho tiempo en el mismo sitio, consciente de que pararse es una pequeña muerte. Ella, siempre seductora, de negro siempre, había nacido para moverse y solo era feliz cuando desplegaba la gracia natural del vaivén de sus caderas, el contoneo hechicero de su cuerpo robusto y estilizado, parando el tiempo en las miradas de quienes pagaban solo por estar con ella, en ella, donde ella estaba.

Gilda, hoy olvidada, trocado su negro impoluto por la herrumbre, ajada de quietud y abandono, vive ajena a ambiciones de coleccionista y fotos de turista despistado, sumida en los recuerdos de aquel tiempo cuando levantaba tantas pasiones a su paso. Porque Gilda era, según quienes vivieron aquellos años de raíles y vapores, la locomotora más hermosa de entre todas las que hubo por aquellas tierras.

gilda

Aquí os dejo una foto actual de una de esas hermosas máquinas, hoy abandonada y expuesta a la lástima de los turistas que visitan mi tierra. En Riotinto tuvimos un gran parque ferroviario; estas máquinas transportaban el mineral al puerto de Huelva, y también a los trabajadores desde sus pueblos a los centros de trabajo. Aquí vinieron algunas de las gigantescas excavadoras de vapor que abrieron el Canal de Panamá. Las vías llegaban hasta el interior de la mina; aún hoy se conservan cantidad de puentes y túneles, testigos de la actividad del hombre en el corazón de la tierra.

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7 Comments

  1. Qué gran relato Israel, no imaginé que podrías estar describiendo a una locomotora que tanto aportó y hoy se ha convertido en parte de la historia.
    Te comento que aquí en Ecuador, mi País, se logró recuperar la ruta del tren y se restauró una locomotora que ahora es uno de los principales destinos turísticos tanto para los locales como para los extranjeros. Es maravilloso viajar en sus vagones y recorrer la historia mientras cruzas el País.
    Ojalá alguien lograra invertir en Gilda en un proyecto similar y rescatar ese valiosos patrimonio. Un gusto leerte.
    Saludos y un abrazo.
    Patricia.

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  2. Que pena ver el tren así, dejado…
    Pero por un momento pensé que hablabas de la sensual Gilda. También me chirria un poco eso de “robusta” .
    Por un momento me has dejado ese punto melancólico de algunas novelas de Stephen king.
    Abrazo.

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    1. Cuerpo robusto y estilizado, casi un oximoron, yo creo que a esta altura del texto ya se adivina que Gilda es de acero, ¿no?
      Da mucha pena verlas en ese estado; yo las recuerdo de pequeño, cuando todavía funcionaban. Mi padre nos llevaba a verlas, era impresionante verlas en cochera.
      La de la foto, la 201, la han restaurado y está ahora en una rotonda a la entrada del pueblo. Y hay otra que han puesto en uso y creo que la sacan los domingos para hacer una ruta turística por las minas (el resto de días sacan una diésel, que no es lo mismo…)
      Son parte de la larga historia de las minas, que data de los fenicios…

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  3. Me ha encantado la forma en que lo has narrado. En ningún momento he imaginado que estarías habalando de una locomotora. Es más, lincluso he llegado a pensar en la voluptuosa forma de contonearse, a pesar de resultarme incoherente el adjetivo “robusta”.

    Es lamentable que el ferrocarril haya quedado relegado a un segundo plano en cuestión de trasporte de mercancias.

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    1. Es una historia real, a este tipo de locomotora las llamaban Gilda, como aquel personaje de Margarita Cansino, por sus formas y su elegante diseño, eran una preciosidad. Mi padre empezó a trabajar con trece años en una de estas.

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