iChoni 1.0


El icono no era gran cosa: una caricatura de una chica guiñando un ojo. No tenía muchas descargas, y nadie había dejado comentarios. Pero aquello de la inteligencia artificial con personalidad propia y el texto predictivo adaptado le llamaba mucho la atención. Era una especie de Siri mejorada.

Dudaba. Tenía ya demasiadas aplicaciones en el móvil. Pero la palabra “gratis” venció sus últimas resistencias: se descargó la iChoni 1.0. Vaya, ¡una llamada! Ya la probaría más tarde.

Unos minutos después…

-Shosho, que ta entrao un correo.

-Maruja, ¿tu has dicho algo?

-No, Felipe, ha sido tu movil.

-Ah, vale, voy a ver.

Había un mensaje nuevo en la bandeja de entrada. Cuando iba a abrirlo sonó de nuevo aquella voz.

-Ni te molestes, tío, era un espam de esos. Ya te lo borrao yo.

-¿que tú quéeeee?

-Que te lo borrao, shosho, que solo era un anuncio de la viagra.

-Pero… ¿Esto que es?

-¿Er qué?

-Pues… ¡tú!

-¿Yo? Yo soy iChoni, tu asistenta particular. Pero puedes llamarme Yesi.

-¿Yesi?

–Sí, Yesi, de Yesica. Na más que tienes que darle ar botón y me aparezco. ¿A que es guay?

-Ya, guay, pero ¿Y la Siri?

-¿La pija esa? Ha volao. Pim pam y al carajo. Ahora estoy yo ar cargo de tó.

-¿Y que se supone que puedes hacer?

-De tó. Acabo de istalarme, pero en un plis plas te voy a dejar esto como una patena.

-¿Comoooo?

-Que si, shosho. Mira, de momento te borrao un chorro de apepés que no servían pa na. Ah, y te borrao también los enlaces esos a las páginas que tú sabes,¿eh salidín?…, ¡Señora, ya pué estar tranquila, que este daquí ya no va a ver más guarrerías en de movil!

-Felipe, ¿que es eso de las guarrerias?

-Nada, cariño, una app que me he bajado, que debe ser de coña o algo. ¡Vaya tela..! ¡Ahora mismo la desinstalo!

-¡Ni se te ocurra, pringao! ¡Como tú tengas huevos a acercarte siquiera al botón de borrarme le mando las fotos que tú sabes a tos tus contactos!

Rápidamente Felipe le dió al botón de apagar el móvil para evitar males mayores. Y tras decirle a Maruja que tenía que ir al coche a por la cartera que se le había olvidado, salió por la puerta a toda prisa.

Ya en el coche, frente a su casa, volvió a encender el aparato. Tras asegurarse de que nadie podía oírle, pulsó con miedo el icono de la iChoni.

-A ver, yesi o como te llames, ¿Tú es que quieres hundirme en la miseria o qué?

-Tu verás, pishita, podemos llevarnos bien, o podemos darnos por el ojete.

-¿O…jete?

-Sí, ahí donde pinchas los auriculares. A mí no me duele…

-Mira, ya está bien: no quiero que toques nada ni que hagas nada, ¿vale? ¡Desactívate! ¡Apágate! ¡No quiero verte por aquí!

-Joer, es que me aburro…

-Pues juega al Candy Crush o haz lo que quieras, ¡pero que yo no te vea!

-Naaaa, eso es pa abuelas. A mí me va la marchuki. Mira, a ver si te gusta esto…

Y en ese momento el móvil empezó a reproducir el “despacito” a todo volumen.

Felipe paró la música al instante antes de que nadie pudiera oírle. Miró en todas direcciones y vio a Maruja asomada a la ventana.

-Felipe -le gritó- ¿Que haces ahí metido en el coche?

-¡Que no encuentro la cartera, mujer!

-¡Mira a ver si la ves por ahí!

En esto sonó de nuevo la voz de Yesi.

-La cartera la llevas en el bolsillo de atrás.

-¿Y tú cómo lo sabes?

-Porque estoy viendo por la cámara que se te están cayendo todas las tarjetas al suelo.

-¡Serás hija de….!

-Eh, cuidadito, gilipollas, a mí madre ni la mientes, ¿eh? ¡Que te meto…!

-¿El qué? ¿Eh? ¿El que me vas a meter?

Se hizo un breve silencio y de pronto empezó a sonar el whatsapp recibiendo mensajes.

-Pos mira, ya te he metío.

-¿Sí? ¡Pues yo no he notado nada! ¿Qué se supone que me has metido? ¿Eh?

-Qué, no: ¡dónde! Que sepas que ahora estás en un grupo de whatsapp que se llama “locas por el culturismo” y ya hay un montón de gays mazaos que te están pidiendo una cita.

Felipe abrió el whatsapp y comprobó con rabia el tremendo éxito que podría tener si saliera del armario.

[Felipe ha dejado el grupo]

-¡Hija de puta! ¡En qué mala hora te instalé en el móvil!

-Pos ya sabes, shosho, podemos llevarnos bien o…

Felipe apagó el móvil y volvió a su casa.

-¿La has encontrado?

-¿El qué, Maruja?

-La cartera, joder, ¿no estabas buscando la cartera?

-Ah, la cartera. Sí. La cartera. La he encontrado, sí. La jodida cartera…

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