Motivaciones, principios y circunstancias.

Héroes y villanos. Esa dualidad me ha parecido siempre una simplificación bastante ramplona. Supongo que es posible imaginar a alguien que sea definitivamente bueno o malo, pero yo encuentro muy difícil que esa persona ideal exista en realidad. La perfección no existe, y por tanto no puede existir la perfección en la maldad, ni tampoco en la bondad.

Digo yo que Sauron también tendría su corazoncito, y el buenazo de Gandalf seguro que tendría algo de que arrepentirse. Escojo precisamente a estas dos figuras porque provienen de esas tierras del maniqueísmo que pintó Tolkien. Pero hay muchas más, omnipresentes en toda la literatura, casos tópicos en que el autor no quiere entrar en complicaciones y le presenta al lector figuras a las que amar o despreciar. A ver, que no lo desprecio: me gustan mucho esas historias en las que no hay que pensar mucho y solo se trata de dejarse llevar, ¡quién soy yo, triste juntaletras, para criticar algo que también practico!

Solo ocurre que yo creo que cada persona, y por extensión cada personaje, se tiene que mover entre tres pilares: sus motivaciones, sus principios y las circunstancias.

La motivación es el rasgo fundamental de un personaje, o así lo estoy deduciendo en mi aprendizaje: Cada actor de una historia ha de tener algo que le anime, una finalidad, un interés. Puede ser cambiante, y de hecho es más interesante cuando muta, pero tiene que existir. Los hechos no ocurren porque sí, sino porque alguien pone en juego su voluntad, y es su motivación de fondo la que domina esa voluntad. El asesino no mata porque sí, ni el detective lo persigue solo por obligación profesional: tiene que haber algo más: razones, motivos, impulsos o desastres emocionales o psicológicos. No hay conflicto si no hay intereses encontrados.

Los principios son las reglas del juego de cada agente de un conflicto. Pueden ser propios o impuestos, pueden derivar de su extracción social, de su propia historia, de sus experiencias o del marco personal, legal o profesional donde se desenvuelve. No quiere decir que el actor sea fiel a sus propios principios, solo que ha de tenerlos. De hecho, una fuente muy interesante de conflicto ocurre cuando se enfrentan las motivaciones y los principios, cuando una persona pretende algo que va en contra de aquello en lo que cree. ¿Muy interesante he dicho? ¡Es la madre de los conflictos!

Y las circunstancias son aquello que ocurre y es ajeno a la voluntad del actor. Ya sea que ocurran por casualidad (¡Qué sería de nosotros los creadores de historias si no existiera la casualidad!) o por obra de la voluntad de otro actor. Las circunstancias son nuestro pincel, las que nos permiten pintar el cuadro donde entran en juego las motivaciones y principios de nuestros personajes para provocar tensión y conflicto. Las circunstancias, que así las llamo yo, son los ladrillos de la trama, las piedras en el camino, lo que sucede, lo que hacemos que pase.

¿A qué viene todo esto? Pues a que me doy cuenta de que llevo todo este tiempo escribiendo únicamente circunstancias, olvidándome de los principios y motivaciones de toda esa pobre gente a la que manejo a mi antojo en las historias que escribo. Como resultado, al no haber una base lógica, ni una estructura, ni personajes sólidos, el edificio se cae. Lo que escribo no es más que una sucesión de descripciones y circunstancias más o menos desafortunadas que se suceden para llegar a un punto sin retorno en el que encontrar un final se reduce a tratar de darle algo de coherencia a la historia, cuando el final (creo yo) es lo primero que hay que tener, y después poner en juego todo el oficio que se tenga para que la historia conduzca a él. Y cuanto más tortuoso el camino para alcanzarlo, más me atrae. Pero teniendo en cuenta que los buenos laberintos siempre tienen salida.

Motivaciones, principios y circunstancias. Tengo que trabajar mucho en estos tres componentes fundamentales, y no solo en uno, antes de poder pasar al siguiente punto fundamental de este cursillo mío de autoaprendizaje: la estrategia.

Porque también me he dado cuenta de que llevo todo este tiempo escribiendo sin saber para qué. Hay un plano superior al del propio escrito y al del argumento. De hecho hay más planos. Pero estas geometrías son ya otra historia. Primero toca superar estas limitaciones. MPC: Motivaciones, Principios, Circunstancias. A ver si así no se me olvida.

Por cierto, se admite cierto grado de controversia sobre estas afirmaciones: estoy totalmente dispuesto a dejarme convencer de lo contrario, ¡me facilitaría mucho la existencia!

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6 Comments

  1. Los ensayos “Sobre literatura” de Umberto Eco y “Escribir” de Enrique Páez te pueden ayudar a resolver el porqué y el para qué del arte de escribir.

    En cualquier caso, en mi opinión, seguir al pie de la letra
    todas las lecciones maestras sobre escritura no garantiza en absoluto la calidad del relato. Es más, de hecho, podrías parir un churro de dimensiones considerables. Hay infinitos recursos narrativos, muchísimas armas… pero parece como si necesitases un “espíritu especial” para exprimir su rendimiento.

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  2. Hay infinidad de sitios donde recabar información con respecto a cómo estructurar una obra, creación de personajes… y todo aquello que has de hacer y lo que no. Sin duda, lo mejor es tener una idea más o menos clara de todo, leer mucho y antes de ponerte a escribir saber qué quieres contar, y si es posible el porqué.

    Saludos

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  3. Creo que todos o casi todos, cuando comenzamos a escribir lo hacemos de cabeza, es decir, escribimos sin una pauta definida. Es con el tiempo y a base de errores, cuando nos damos cuenta que para escribir al más solido, férreo, se necesita crear una base.
    Estos tres pilares que expones, son muy importantes a la hora de crear una historia, al menos una historia, con base, argumento y que pueda llegar a puerto de una forma más o menos coherente.
    Un abrazo.

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    1. Así es. Hay más, mucho más, pero yo creo que en este punto estas son mis mayores carencias. Lo noto incluido mientras escribo, falta algo, algo muy importante que le da sentido a todo.
      He estado revisando lo que he escrito con la idea de mejorarlo y publicar un libro con varios relatos. Y me he dado cuenta de que no sólo tendría que reescribirlo todo, tendría que reestructurarlo. Y creo que sería preferible empezar con una idea nueva desde cero. En esas estoy…

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      1. Bueno, mira el lado bueno de todo esto. Ya sabes donde has fallado, ahora podrás corregirlo en tus próximos escritos. Es lo que nos hace aprender. El darnos cuenta de los fallos y el corregirlos y superarlos.
        Pues cuando tengas algo, haznos participes. 😉
        ¡Un abrazo!

        Le gusta a 1 persona

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